Tiempo de reflexión

Cada elección tiene su anverso, es decir, una renuncia, por lo que no hay diferencia entre el acto de elegir y el acto de renunciar. Italo Calvino.

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Las elecciones son difíciles, tanto que a veces preferiríamos que algo o alguien decidiera por nosotros, pero llevamos demasiado tiempo siendo valientes, comportándonos como adultos como para ceder ahora…
Todos los que hemos hecho el MIR y los que lo harán, buscan precisamente eso, la oportunidad de elegir. Y suena maravilloso tenerla, hasta que por fin estás en esta tesitura… Y elegir cuesta y se hace cuesta.

Siempre que tomas un camino estás renunciando transitar otro, pero si decides recorrerlos todos acabas por no recorrer ninguno y así estamos, paralizados en el punto en que tantas opciones se abren, sin saber qué hacer o cómo hacerlo, porque todos teníamos claro lo que queríamos hasta que dejamos de estar tan claros.

Dentro de poco muchos de nosotros tendremos que tomar una decisión que marcará 4 o 5 años de nuestras vidas y la formación que recibamos, muchos de los amigos que nos llevaremos y, en cierto sentido, la persona en que nos vamos a transformar. Alcanzar el equilibrio entre desarrollo personal, hospital, ciudad, familia e ingresos es una tarea titánica, y en muchos de los caso no llegaremos jamás.
Una decisión es siempre un salto al vacío porque es verdad que no hay garantías de que salga bien, pero siempre será una oportunidad para aprender.

Elegir plaza y hospital, o un servicio en definitiva, puede ser difícil por dos razones: porque tengas un número tan ajustado que apenas puedas escoger, o bien porque tengas un número que te permita elegir casi cualquier cosa. En ambos casos el quebradero de cabeza está bien servido, y en algunos también el quebradero de corazón.
Nunca he sabido bien si es mejor elegir con el consciente o dejarse guiar por el inconsciente. Dicen que lo más sabio es escuchar lo que tu cuerpo te dice; pero qué haces cuando tu cuerpo habla un idioma que no comprendes…

En preguntar, saber, conocerte y organizarte están las claves de decidir de un modo más sabio. Por ello no te quedes con ninguna duda, pregunta, llama por teléfono, aporrea puertas, consulta en internet y haz lo que sea preciso para que, dado el momento, estés tan seguro de ti que pese a decidir un servicio, no te pese renunciar a todos los demás. Y cuando digo esto no pienses, querido lector, que soy un referente en ideas claras, probablemente esté tan confuso como tú en este momento.

Qué elegiremos, dónde nos iremos y con quién estaremos es algo que no podemos garantizar; pero sí podemos ocuparnos, al menos, de tener la sensación de estar tomando una buena decisión, una decisión formada e informada…
Porque al cabo poco importa donde acabes, serás y seremos felices donde escojamos, porque escoger es algo que solo hacen los valientes.

Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en el que el hombre sabe para siempre quién es. Jorge Luis Borges.

Dr. Neurona.

Después de todo

Mira como una sola vela puede desafiar, y a la vez definir, la oscuridad. Ana Frank.

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Ahora que todo ha pasado, ahora que hemos cruzado la línea de meta toca pararse a reflexionar.

Hace ya algo más de tres semanas que hemos hecho el MIR, durante este tiempo he tratado de evitar pensar sobre todo esto, de hecho hasta siento cierto rechazo a mirar la plantilla y el cuadernillo de examen. No es porque haya obtenido un mal resultado, de hecho soy de los pocos privilegiados a los que este examen les ha dado lo que realmente querían… Es más por la necesidad de desconectar de una situación bastante larga y bastante costosa a nivel emocional y personal.

Ahora que todo ha pasado pudiera parecer que la situación más difícil ya la hemos vivido; pero no es así. Lo más difícil es esperar a un resultado, lo más difícil es ver cómo el esfuerzo de muchos amigos no ha sido recompensado con un resultado justo, lo más difícil es a veces perdonar tus propios errores.

El MIR ha sido un periodo de prueba personal, y me gusta tomármelo como una puesta a punto en la que debes demostrar tu valía antes de agarrar ese trozo de futuro que te mereces. He aprendido mucho durante estos meses, de medicina, de cirugía, de estadística, de mis amigos, de las personas que tengo alrededor; pero sobre todo he aprendido más de mí mismo. Este tipo de reto te llevan a descubrir dónde no están tus límites, de lo que eres capaz.

Ahora que todo ha pasado me siento alegre, me siento orgulloso, pero también me siento triste. El MIR me ha enseñado que es posible ganar y perder al mismo tiempo; que es posible sentir felicidad y decepción en una mezcla difícilmente explicable. Este examen me ha hecho aprender que en muchas ocasiones poner voluntad y empeño no es suficiente, que el azar también es importante; pero que la fe en ti mismo es un elemento crucial para alcanzar el éxito; que cuando confías en ti y estás seguro de tener una posición ganadora la magia ocurre y alcanzas tu lugar… Este examen me ayuda y daña a partes iguales.

Ahora que todo ha pasado es momento de esperar, de aprender una nueva lección; la paciencia. Ahora es momento de aceptar lo que es y tener fe en lo que será. Ahora que todo ha pasado es hora de agradecernos a nosotros mismos nuestra actitud y fortaleza, de sentirnos orgullosos y darnos un merecido disfrute.

Qué maravilloso es que nadie necesite esperar ni un solo momento antes de empezar a mejorar el mundo. Ana Frank.

Dr. Neurona.

Lo que es tuyo

Algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora. Walt Whitman.

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Hay días en los que tengo sentimientos encontrados. En más ocasiones de las que me gustaría reconocer me he descubierto deseando que el tiempo pase rápido, que lleguen las “vacaciones” en la academia, que sea febrero y todo esto haya pasado… En cuanto soy consciente de este error tan humano, pero tan enorme tengo que parar y volver a conectar con mi presente.

No hay nada más valioso que el tiempo, al cabo es lo único que tenemos, lo único que es nuestro y nos pertenece. El tiempo es de lo que se compone nuestra vida, y lo cierto es que nunca sabemos de cuánto disponemos. Tenemos la infantil tendencia de suponer que vamos a vivir muchos años, pero lo cierto es que en cualquier momento todo puede acabar. Recuerdo que desde que era pequeño me daba bastante ansiedad pensar que perdía el tiempo, esperar colas tremendas, trámites… Siempre tuve esa necesidad de agarrar cada día y exprimirlo ya sea haciendo algo útil o algo placentero.

Ahora las cosas han cambiado, y si bien es cierto que cada día hacemos algo útil, pocos de esos días podemos dedicarlos al hedonismo. Esa es una de las causas de desee en ocasiones que todo pase, que pase rápido, para poder tener más tiempo para disfrutar.

Dándole vueltas a todo esto llegué al punto en el que confundí estudiar al MIR con no disfrutar. Aparentemente tenía toda la razón del mundo, quién calificaría de disfrutar a estar retándote constantemente y memorizando una amalgama incuantificable de datos… Pero sí que estaba equivocado.

Nuestro pasado solo es nuestro punto de partida y en nada condiciona lo que hacemos con nuestro presente si sabemos encajarlo de esta manera. Nuestro futuro es solo una posibilidad. Lo único que somos es nuestro presente. Nuestro aquí, nuestro ahora. Este momento.

Cuando empecé a ver que en cada momento en el que estaba presente hacía con pasión y con empeño lo que estaba haciendo apareció una sensación de satisfacción muy grande. Podría calificarla de disfrute. Me di cuenta de todo lo que soy capaz de hacer, y lo mejor, sin sentir malestar. Obviamente soy humano, y tengo momentos de desesperación, pero como decía, trato de reconectar con mi presente y tomar las riendas y la responsabilidad de mis decisiones. Soy yo quien me ha traído hasta aquí, yo decidí que quería ser médico, que quería hacer el MIR y que quiero estar sentado en este momento reflexionando en voz alta… En virtud de esta circunstancia, si se supone que yo quise esto, por qué no he de quererlo ahora.

Vivimos en una sociedad que valora el disfrute por encima de la felicidad, el placer por encima de la satisfacción de estar operando conforme a nuestros valores, ambiciones, y sobre todo por encima del coraje y el esfuerzo de vivir nuestro sueño. Pero realmente nada que se consiga sin esfuerzo será alguna vez valioso, porque damos valor a aquello que no podemos comprar, damos valor a aquello por lo derramamos sudor, damos valor a aquello en lo que invertimos tiempo…

El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto. Charles Chaplin.

Y sí, esto, TU SUEÑO te esta costando muchas cosas, pero al cabo te esta costando lo único que posees que es tu tiempo, y si pese a ello te sigue mereciendo la pena invertir tanto cada día es porque no lo estás pasando tan mal como crees…

La Dra. Klüber-Ross, quien pasó la mayor parte de su vida junto a pacientes en estado terminal, comenta en uno de sus libros que al final de la vida sus pacientes de lo único que se arrepentían era de las cosas que no había hecho, de las decisiones que no habían tomado y de los “te quiero” que no había dicho. No de las cosas que sí habían hecho. Por ello, aunque cueste, aunque a veces duela, porque duele, aunque te sientas solo, incomprendido, derrotado… SIGUE, como un valiente, como lo que eres… Como una persona con la locura que exige meterse en esto y el coraje suficiente para sacarlo adelante. Porque al final, si llegas a arrepentirte de algo, será de no haber invertido tu tiempo en lo que para ti era importante.

Levemos anclas que el cielo nos espera.

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Dr. Neurona.

Ajustando las velas

La vida es maravillosa si no se le tiene miedo. Charles Chaplin.

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Llevo semanas tratando de evitar sentarme a escribir en este blog. Las razones son muchas, un poco de miedo escénico, porque mi vida se ha vuelto cada vez más monótona y rutinaria y ¿a quién pudiera interesarle lo que pasa por la cabeza de uno de tantos que nos enfrentamos al MIR? y por otra parte el ritmo frenético en el que se concatenan las asignaturas, clases y simulacros en la academia, que cuando te dejan algo de tiempo libre lo que te pide el cuerpo es más aire para coger impulso. Pero de hace unos días a esta parte se ha hecho innegociable el hecho de escribir, me explico.

He leído comentarios, textos y blogs en internet de personas como nosotros que están preparando el MIR y el dato común a todas es la definición de la preparación como un parón en su ritmo de vida. Es muy cierto que cuando decides que tu vida está al servicio de los demás en una profesión como esta tienes que bajarte de tu vida en varias ocasiones y tener la suficiente entereza como para saber posponer la recompensa a largo plazo. Esto me lleva al asunto de la recompensa… La única, genuina y verdadera motivación que todos los que estamos aquí tenemos es ayuda, y ya está. Sinceramente me niego a creer que haya muchas personas dispuestas a sacrificar tanto por un mero puesto de trabajo, hay muchas profesiones a las que dedicarse con mucho menos esfuerzo personal, emocional y económico. Pero si prestamos atención, nos conformamos con tan poco que nuestra mayor ilusión tras pasar más de 7 meses sentados de 8 a 10 horas al día estudiando es poder elegir una plaza de una especialidad que nos gusta para seguir estudiando… Sin duda debe haber mucha vocación, ilusión y ganas de ayudar para todo esto, más aún cuando hay personas que deciden repetir para elegir lo suyo.

En otro orden de cosas estaba pensando también en lo del parón, en el asunto de bajarte de tu vida, de dejar de vivir durante este tiempo, y creo que no me identifico en absoluto con esta definición. Yo no he dejado de vivir por estudiar para el MIR, simplemente he ajustado mi vida a otra actividad. Si vivimos el cambio de situación con resistencia posiblemente estemos siempre pensando en lo que nos estamos perdiendo por estar estudiando, pero raras veces nos paramos a pensar en lo que estamos ganando.

Para mí, empezar este viaje ha supuesto muchos cambios, pero creo que todos ellos han sido positivos. Cada mañana me pregunto a mí mismo si lo que voy a hacer hoy me acerca más a donde quiero estar, y sin duda la respuesta es siempre afirmativa, ergo ¿por qué no he de alegrarme? Me siento una persona tremendamente afortunada por la oportunidad que me da la vida de profundizar en el conocimiento del sufrimiento humano, de la fisiología y la patología del organismo y que, después de un tiempo, deberé y sabré aplicar para tratar a mis futuros pacientes, para ser resolutivo y AYUDAR, que es al cabo mi propósito.

Me siento afortunado porque el MIR no ha hecho que pare mi vida, solo me ha obligado a cambiar la dirección de las velas para dirigirme con el viento. No he dejado de salir, no he dejado de recompensarme por cada trabajo bien hecho, por cada tema terminado, cada respuesta acertada en un simulacro… No he dejado de disfrutar con mi familia y con mis amigos. Claro que ahora tengo menos tiempo para eso, pero ese tiempo es, si cabe, más delicioso.

Me he preguntado muchas veces qué es ser un buen médico en este tiempo, porque hay situaciones en las que, indiscutiblemente te sientes insuficiente. Hay personas que consideran que ser buen médico es tener muchos conocimientos y saber tratar la patología, otras que consideran que ser buen médico es saber acompañar y empalizar con el paciente… Y no cabe duda que todo ello es extremadamente importante, y son características inherentes a la profesión médica… Pero para mí, el buen médico es aquel que es útil, porque esto ya no tiene nada que ver con uno mismo y sus cualidades, esto tiene TODO que ver con esa persona que se sienta delante de ti pidiendo ayuda, y la única forma de dársela es aplicando lo que somos y lo que tenemos de la mejor forma que podemos y con la mejor de las intenciones. Y es eso… Precisamente eso lo que creo que tenemos, todos los que estamos así, en esta situación de parada paradógicamente tan dinámica que hace que la suma de los días en esta travesía, se convierta en nuestro próximo destino.

Excelente semana a todos.

Dr. Neurona.

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Te lo cuento mientras despegamos…

“No sabrás todo lo que valgo hasta que no pueda ser junto a ti, todo lo que soy…” (Gregorio Marañón)

 

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Saliente de guardia, esos días que saben a una mezcla de vacaciones y domingo, donde todo se permite y la libertad sabe mejor… Ver a otros compañeros mientra entran y tú te quitas el sucio pijama que llevaste toda la noche sin dormir. Y entonces el cansancio pesa, sentarse en el banco del vestuario no es una buena opción: presientes que corres alto riesgo de caer en los brazos de Morfeo y no llegar a casa para meterte entre tus sábanas blancas. Y es en ese momento, cuando todo acaba y a la vez el día empieza (cargando a tu espalda los casos clínicos de las últimas 24 horas) el mejor momento para reflexionar… La vida en el hospital comienza, con un bullicio y trasiego de gente, puertas que se abren y se cierran acompañadas de una voz que dice “¡Carpetilla!”, con la que anunciar la llegada de un paciente, en mi caso de una paciente.

Caes en la cuenta de la cantidad de dificultades que te encuentras como R1, un pequeño ser en una puerta de urgencia y un paritorio que hace lo que puede con los conocimientos que posee, con su aún timidez para no pedir en exceso, no preguntar de más, ni de menos, haciendo caso a esa regla no escrita de la medicina: primum non nocere.

La cabeza va a mil a diario, intentando captar y aprender de cada gesto realizado así como del resto del equipo. Y a veces, te sientes desbordada, sobrecargada por la situación, la presión de intentar dar más, estudiar, practicar y no alcanzar, todo ello sumado a momentos donde tus superiores exigen un poco más, poniéndote a prueba, como si cada día fuera un reto a solventar en un campo de batalla. Entonces, cuando nadie te ve, lloras… De impotencia, de rabia, de autoexigencia. Caes en la cuenta de lo que significa ser R1, quizás el año más importante y a la vez más duro de la formación como especialista.

Sin embargo, y como si de una balanza se tratase, todo en la vida tiene su Yin y su Yang para mantener  el equilibrio y en mi caso, un balance muy positivo a pesar de algunos malos momentos. En solo un mes, además de todo el manejo en la rotación pertinente y el aprendizaje adquirido, sobre todo he aprendido lo que es el trato al paciente y que la calidez con la que tratas a las pacientes en un estado tan vulnerable como es un parto, tiene repercusiones muy positivas si te lo propones.

Cuida el lenguaje y el tono, mantente cercana y entiende sus miedos… Establecer esa conexión especial en una dilatación entre madre, pareja, matrona y ginecóloga es indescriptible, más aún si el factor temporal determina que el nacimiento ocurra durante la madrugada, cuando a todos (como personas que somos), nos pesa el sueño a ratos y tratamos de combatirlo bajo dosis de café recién hecho. Agarrar una mano, una caricia, una mirada sobre una mascarilla, una voz de ánimo, son gestos comunes en tu trabajo si eres capaz de entrar en ese aura que rodea la llegada de una nueva vida, sin dejar de lado tus conocimentos y las decisiones consensuadas con el resto del equipo cuando surge algún momento de tensión.

Y el momento más gratificante aparece con la llegada de una pequeña vida al mundo, cuando esa pareja asustadiza y deseosa de conocer a su hijo te agradece tu trabajo y cuidado (e incluso se ha dado el caso de dejar algún obsequio a posteriori en paritorio). O pacientes que piden por favor, que seas quien entres con ellas a quirófano y estés en esa cirugía, dándote la mano y con ello, su vida… En ese momento no cabes en ti por las puertas, paras en la vorágine en la que te sueles encontrar y sirve para hacer autocrítica y dejar de torturarte por lo que no sabes: a la vista está que hay cosas que sí haces bien y la gente lo ve, que también es importante.

El día a día es un reto por sobrevivir velando a la vez de los demás, con casos de lo más variopinto y de distinta gravedad. Es un contacto con personal de distintos caracteres, con distinta visión y a fin de cuentas, de los que aprender y en quien apoyarte. Hay momentos de horror y otros de ternura infinita… Pero como me gusta decir: “calma, una cosa vendrá detrás de la otra”, y así, pasito a pasito, ir haciendo marcha.

No pretendas vivir en una perfección absoluta, porque elijas la especialidad que elijas, habrá momentos de todo; lo importante es que en tu fuero interno seas capaz de establecer un equilibrio, como los aviones cuando despegan y toman la altura adecuada, sin perder presión. No te dejes acobardar por las turbulencias, son parte del vuelo hasta llegar al destino y donde las recordarás como anécdotas de uno de los viajes más importantes de tu vida. Sigue volando, el destino puede ser maravilloso. Disfruta del viaje y de los pasajeros, emite la luz que te caracteriza y deja una buena estela para que cuando miren al cielo sean capaces de ver tu perfecta trayectoria.

Y a estas alturas del partido, el secreto es hacer planes sin tener la certeza de que vayan a cumplirse, pero planteados con una esperanza con la que si quieres, puedes, y luchar con determinación por algo es lo que le da sentido a todo.

Hasta la próxima, nos vemos pronto…

Dra. Progesterona.

Lo que no ves…

“La mayoría de los días del año no tienen nada de especial, comienzan y acaban sin dejarnos recuerdos perdurables en la memoria; la mayoría de los días no tienen ningún impacto sobre el transcurso de una vida”.

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Un día, esa sucesión de 24 horas que avanzan imparables para enseñarte cosas desconocidas hasta entonces, esa infinidad de minutos en los que captar cada detalle y gesto a tu alrededor… Apenas hace una semana que comenzó la verdadera locura que elegí aquel 22 de abril de 2016, motivada por las ganas de encontrarme donde estoy. Una semana de resistencia, de adaptación, de subsistencia, de sentirte en terreno pantanoso con arenas movedizas en más de un momento y sobre todo, de conocer a mucha gente, cada quién con sus manías, penas y alegrías.

Una semana donde el ritmo frenético del aprendizaje, del querer abarcar y avanzar ha hecho a ratos aparcar mi esencia, pero no abandonarla: jamás. Ese sentimiento eléctrico de adrenalina ante momentos de tensión, de novedad, de aprender a hacer; ese sabor de las primeras guardias intentando no dormirte,  de retomar el estudio, pero esta vez aplicado a tus pacientes… También y por qué no decirlo, el miedo a no hacerlo bien, a no saber sobrellevar la situación, desesperación ante la burocracia hospitalaria para llevar el “primum non nocere” por bandera, pensando que al igual que las muñecas rusas, no tienes en juego a una persona, sino dos.

Nadie dijo que los comienzos serían fáciles y cada día me recuerdo que los grandes finales requieren grandes riesgos, pero a pesar de todo, ese sexto sentido ha estado presente bajo la nebulosa de inseguridad ante lo nuevo y desconocido. Porque es gratificante e increíblemente maravilloso que se te erice la piel a las 4 de la madrugada al traer una vida al mundo. En esos momentos en los que los párpados te pesan y las piernas más aún y a sabiendas de que te quedan horas para terminar el turno, es entonces cuando aparentemente sin apreciarlo, esa sensación vuelve mientras acompañas a una mujer en uno de los momentos más impactantes de su vida y donde conocer a una nueva personita.

Me encanta saber que cada día de trabajo, tengo la suerte de conocer a alguien nuevo, alguien que viene al mundo y estoy (con mis manos aún torpes) junto al resto de un equipo para recibirlo, velando de que todo vaya bien. Una técnica quirúrgica se aprende, la felicidad  y la plenitud en ese momento, deben venir de serie… Entonces te da igual que sean las 4 de la mañana, esbozas una sonrisa y dices “enhorabuena”, terminas tu trabajo y sales por el pasillo, donde a esas horas nadie te ve, donde a esas horas nadie puede apreciar tu sonrisa, pero sí tus ojeras visibles tras 20 horas sin dormir, a pesar de ser de las que piensa que también se puede sonreír con la mirada.

Y no todo son recibimientos al nuevo mundo, hay urgencias, hay anécdotas, hay malas y peores noticias… Pero todo forma parte del juego. Saber sortear, saber avanzar y aprender, depende de ti, de tus ganas día a día para aprender y también, de lo que tus mayores te enseñen. Nadie nace sabiendo, somos hojas en blanco que poco a poco se van escribiendo con lápiz para borrar los tachones, así que necesitamos aprender a base de intentarlo con buenos maestros que tengan comprensión en nuestros comienzos. Porque ahí, en todas esas piedras, se encuentra nuestra fortaleza…

Te dirán que es la motivación del R1, que pronto pasará… No dejes que se pase nunca y sé capaz de leer y ver más allá de lo plasmado en un papel. Computa cada guardia como 24 horas de aprendizaje donde al menos hayas tenido 4 carcajadas de las que te quitan el aire, 6 consejos recibidos para ser mejor persona, 8 escalofríos de emoción y perenne la energía positiva y la sonrisa, aunque a veces cueste.

Nos empeñamos en buscar la felicidad cada día. Y no nos damos cuenta que es ella quien tiene que encontrarnos. Y eso será donde menos te lo esperas… Lo que importa es que estás tocando con la yema de los dedos, eso que has estado soñando toda tu vida. Y ya sólo importa el hoy, el presente, y lo que queda por vivir, aunque no se puede borrar lo que ya esta escrito. Y porque la vida, es lo que te sucede, mientras tú tratas de hacer otra cosa…

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“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo.” 😉

Dra. Progesterona

 

El principio de todo

“La mente lo es todo. En lo que piensas te conviertes.” Buddha.

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Ahora que ya todo ha terminado quizás te paras a reflexionar cómo es que ha pasado el tiempo de esta forma tan indecisa en la que, a veces, no eras capaz de ver el fin, y otras veces un acelerón súbito te transportaba hacia adelante.

Han pasado 6 años desde que pisase por primera vez el Hospital Universitario Virgen Macarena, un lugar demasiado ajeno en ese entonces y un ahora quizás demasiado familiar. Hace algo más de dos semanas que asistí a mi última práctica. Recuerdo salir del hospital ese último día con mi bata en la mano, mirar hacia arriba y sentir como un escalofrío recorría mi piel… En algún sentido he llegado a considerarlo mi casa. Al cabo tu casa no es un lugar, sino las personas que lo habitan, y por esta casa de 6 años han pasado personas admirables que han estudiado junto a mí esta maravillosa carrera, y otras tantas que, con su experiencia y conocimientos, nos han llevado de la mano para transformarnos de estudiantes a médicos.

Muchos de ellos ni siquiera sabían que pensaba en esto cuando los saludaba por última vez en un pasillo, de forma casual… cotidiana. No eres capaz de decirles que es muy probable que no volváis a coincidir, pero tal vez la mejor despedida sea aquella que no se hace.

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Nos graduamos, ¡y de qué forma! Al margen de la belleza de la ceremonia en sí, compartir el momento en que se hace oficial tu sueño con tu familia, tu amigos, tus maestros es algo realmente mágico. Todos ellos conocen por donde has pasado y lo que supone para ti. En mi caso, recibí la beca amarilla que me titulaba como Graduado en Medicina y Cirugía de las manos de la Dr. Progesterona. Todavía se me eriza la piel cuando recuerdo el momento en que me nombraron, subí a la plataforma del Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla y vi a Paula con mi beca. Realmente muchos recuerdos y sentimientos colapsaron. Mi amiga, mi maestra en incontables ocasiones, una Dra admirable tanto personal como profesionalmente, me pasaba aquel 28 de mayo el testigo. Una médico honrando a otro en una sucesión demasiado ceremonial, pero aún más íntima para nosotros. Finalmente, y con más de 2.000 personas observando, nos abrazamos y ambos rompimos a llorar.

De allí salí siendo oficialmente médico, pero no me sentí más médico que unas horas antes o que, incluso, 6 años antes. Realmente no sé cuándo empecé a serlo o si dejaré de serlo alguna vez. Lo que sí sé es con quienes cuento, quienes son mi verdadera familia tanto de sangre como por elección. Sé quienes me han ayudado a despertarme, a levantarme o a traerme de vuelta con los pies al suelo. Aquellas personas con las que eres capaz de soñar en voz alta y que te inspiran a convertirte en lo que realmente eres.

Pues sí… Graduado, al fin. Y médico orgulloso. En el fondo siempre supe que lo conseguiría, porque la fe y la convicción son algo muy parecido que nacen de lugares parecidos. Lei por algún sitio que ganar solo está al alcance de aquellos que están dispuestos a ponerse de rodillas, y yo me he arrodillado muchas veces por esta gran pasión, y seguiré haciéndolo cuanto sea necesario.

Ahora que todo a terminado vuelves a empezar, con ganas, con ilusión, con pasión… Y siempre acompañado de todos aquellos que supieron estar a tu lado, creyeron en ti y lucharon por tu sueño. Ahora que conquistaste la cima y disfrutas de las vitas lo haces el tiempo justo para fijar tu objetivo en otra cumbre. Ahora que todo termina…

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EMPEZAMOS.

Dr. Neurona.

Debes ser real…

“A los cirujanos se les educa para ser invulnerables. Es muy difícil que nos expongamos, porque sabemos exactamente qué tan profundas pueden ser algunas lesiones. Pero la vulnerabilidad no es lo opuesto a la fortaleza. Es una parte necesaria. Tenemos que obligarnos a abrirnos, a exponernos, a ofrecer todo lo que tenemos y esperar que sea suficiente. Si no… Nunca tendremos éxito.” (Anatomía de Grey)

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Llegas a un nuevo lugar, con la maleta cargada de material, ganas, sueños, emoción e incertidumbre tal vez… Pero sin saber lo que la vida espera de ti ni pretende darte cuando tomes la primera curva, como si de una escalera de caracol se tratase. Dicen que las apariencias engañan, y sin embargo, también es la primera impresión la que cuenta, de ahí que ser natural sea el principio de todo.

Entonces te das cuenta de la fortuna que tienes: por un lado, aquéllos que se quedaron en el puerto de partida pero siguen contigo (jamás los dejarás ir) como esas manos que van separadas un palmo de tu espalda esperando a sostenerte si tienes un resbalón. Oír a los que tienes lejos acorta la distancia a la mitad y carga los ánimos al doble de capacidad: la distancia impide los abrazos pero impide olvidar la voz y el cariño.

Luego están aquéllos a los que encuentras en el puerto de llegada, a los que conoces de nuevas… Tan perdidos, tan pequeños como tú, donde todo comienza con un sencillo “¡Hola!”, lo demás, es cuestión de seguir hablando y mostrarte tal cual. Miras, ríes y sonríes, cuentas y te cuentan… Las acogidas tan cálidas hacen todo más fácil y entonces te das cuenta de que no te has equivocado. Las elecciones a ciegas tienen en ese puntito de locura y también un punto de valentía. Quien no se arriesga, no gana y todo lo que necesitas es empezar…

La transición es el movimiento de una parte de la vida a otra. Y aunque creas que estás en un túnel oscuro que te asusta, debes salir por el otro lado, porque lo que te espera puede ser maravilloso; adelante.

Dra. Progesterona

Los secretos del éxito

No te midas desde la cabeza hasta el suelo, sino desde la cabeza hasta el cielo. De la película “El gran pequeño”.

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Vivan las entradas personales, por qué no… Los lectores de este blog ya estáis acostumbrados a este tipo de sensiblerías (¡como para no estarlo con la Dra. Progesterona!). En este caso no voy a hablar de una experiencia personal como tal, sino de una visión, una perspectiva que mantengo desde hace unos años y que me ha traído hasta donde estoy hoy.

Decía Helen Keller, quien se quedó ciega, sorda y muda a muy temprana edad y que se graduó con honores por la Universidad de Harvard; que solo hay algo peor que no tener vista, y es no tener una visión. Y de ello trata el post de hoy.

Si hay algo que todas las personas exitosas en el mundo y todas las historias de superación tienen en común es que todos tenían un POR QUÉ. El por qué es esa razón que te mueve a seguir adelante incluso cuando estás llorando de rabia, frustración e impotencia, y tirar la toalla no es una opción. No importa cuál sea tu por qué, lo único importante es tener uno, porque la persona con el deseo más grande es al cabo la más poderosa.
Cuando hallas ese por qué solo caben dos posibilidades: o lo logro, o me muero en el intento.

Por otro lado tenemos el segundo secreto del éxito: CREE EN TI MISMO. Realmente es algo que a algunas personas les cuesta mucho desarrollar, esa convicción de que son capaces de lograr aquello que se propongan. Y tengo un secreto para ti, si aún no has logrado lo que te proponías es porque no lo has intentado lo suficiente, el genio ha fallado más veces de las que el novato las ha intentado, ten esto en mente, porque lograr algo es solo cuestión de tiempo.

Evidentemente aquí entran muchas otras variables en juego como la constancia, la tenacidad y la capacidad de superación; pero si algo he sacado en claro después de todo este tiempo es que si tienes claro tu por qué y tienes fe en ti mismo, la constancia y el esfuerzo diario serán algo que apliques de forma instantánea, inclusive sin ser consciente.

Haz lo que para ti tenga sentido, no tiene por qué coincidir con lo que otras personas desean o lo que se espera de ti, porque si sigues atendiendo a lo que otras personas esperan que hagas vas a fracasar en tu propósito. Empezarás a gastar energía con los planes de otros en lugar de centrarte en tu verdadero sueño. Hasta puede que lo que te propongas no tenga ningún resultado, pero no por ello has de dejar de intentarlo.

Así que sé fuerte, levántate, decide cada día hacia que cumbre quieres escalar y da un paso cada vez. La suma de los días te transportará más cerca de donde mereces estar.
Confía en ti, ten fe en el camino porque al final quienes se están esforzando obtendrán su recompensa, y no hay mayor felicidad ni mayor satisfacción que de la realizarse por sí mismo.

Feliz semana.

Dr. Neurona.

Lo difícil en la vida es la elección…

Perderse puede tener su encanto. No siempre podemos controlar lo que va a dejarnos a la deriva. Y mientras te quedas en el porche mirando la vida que estás a punto de dejar atrás, tienes que aceptar que se ha ido, se ha perdido igual que tú. Lo único que puedes hacer es quedarte quieto, respirar hondo y aceptar el rumbo hacia el que te llevará el viento… (Anatomía de Grey)

Niña en la playa- Sorolla

Y el día llegó, ese con el que habíamos soñado infinidad de veces, tanto que no fui consciente realmente de ello hasta pasar justo por delante del Ministerio de Sanidad el día antes de mi elección de plaza. Apenas faltaban 24 horas y fueron eternas; el tiempo parecía no correr y la emoción y ansiedad poco a poco se iban apoderando de mí. Controlaba el tiempo entre fotografías en la capital hasta que llegaba el momento del final de turno, donde actualizaba las plazas vacantes y mi eterna lista, que nunca pensé que me sería de tanta ayuda…

Mi llamamiento estaba estimado para ese viernes a las 15:00 en la calle lateral del Ministerio y de cuyos alrededores brotaba la gente como una marabunta, todos hacia el mismo sitio y con las mismas caras: unos reían de forma nerviosa, otros se movían de un lado a otro de la calle o saludaban a algún compañero que debía entrar en el mismo turno a escoger su plaza. Eran caras de nervios y expectación ante lo desconocido. La hora se acercaba y seguías a la multitud, porque tú podías equivocarte, pero seguro que 350 personas no, así que decidí seguirlos… Me despedí de mis familiares en la puerta entonando un “¡a por ella!”. De mi lista original aún me quedaban 3 plazas de mi primera opción, 1 plaza de mi 3ª opción, otra de mi 6ª opción y mi 7ª, 8ª y 9ª opción también estaban intactas… No tenía mal número y sinceramente, sin que suene altivo, habiendo visto cómo iban discurriendo las asignaciones de la especialidad deseada, entré convencida de que podría llevarme mi primera opción.

Tras encontrar a algunas personas conocidas, empezó a sonar la megafonía, donde nos explicaban cómo debíamos acceder a la sala. Tras 3 controles con su escaneo correspondiente de las pertenencias, accedí y me senté en el lugar asignado, con el tocho de hojas donde se reflejaban las plazas aún disponibles de las distintas especialidades. Para hacer tiempo y no ponerme más nerviosa de lo que estaba, me dispuse a marcar mis opciones, pasar papeles una y otra vez me relajaba. Ya no era como aquellos exámenes de facultad en los que repasabas tus puntos flacos justo al entrar al aula, ahora sólo me quedaba subir al estrado con la suerte de que los demás no quisieran mi especialidad y sitio, ahora no dependía de mí únicamente…

Tras la explicación de cómo debíamos proceder a la asignación, por fin la lista comenzó a correr. Era consciente de que hasta llegar a mi número debía ver pasar y oír los deseos de 109 personas antes que yo, y la verdad es que daba respeto. Intenté mantener la calma y cada vez que oía una plaza de lo mío, temblaba… Una no sabe si los planetas se alinean o son cosas del destino, pero la mala suerte estuvo jugando conmigo un buen rato a partir de entonces: me quitaron la plaza de mi 3ª opción en lista, después mi 6ª y dos plazas de mi 1ª opción.

Sentía mucho calor, temblaba y la tensión estaba segura que me había subido en cuestión de minutos. Me quedaban 12 puestos y una sola plaza de mi especialidad y en el sitio que quería… Entonces oí mi llamamiento, cerraba la tanda de 10 personas en el estrado con un número acabado en 60. Sólo pedía por favor que no me pisaran lo mío. Subí entonces, y a la cola de compañeros, preguté a las funcionarias del comienzo de la mesa la disponibilidad de plazas justo en el sitio de mi primera opción por asegurarme de que con los nervios, no se me hubiera pasado ninguna. Nunca se me olvidará la cara de horror de esa señora cuando me miró y me dijo: “Acaban de preguntarme por ella en esta tanda… Ten a mano tu 2ª opción. Suerte”. En efecto sólo quedaba una plaza en dicho lugar y sus palabas habían resonado en mi cabeza sin podérmelo creer… Le di las gracias pero mi cara seguro que no reflejaba la misma alegría con la que se lo había preguntado.

“¿Cómo podía ser? ¡¡No tengo 2ª opción, me acaban de pisar todo hasta mi 7ª!! ¿Le habrán preguntado por otra plaza en el mismo hospital y es una confusión?”-pensé, bastante ilusa por mi parte.

Entonces ocurrió, la mayor desgracia que puede tener un opositor MIR con un número de orden más que aceptable: que le quiten la especialidad y en el sitio deseado, justo la persona cuyo número terminaba en 55 (5 puestos antes del mío). Entonces mi mundo se derrumbó: disponía de apenas unos minutos (exactamente fueron 3 minutos) para decidir dónde quería ir. “¿¿Qué hago??, ¿dónde voy? y ahora ¿qué?”- fueron mis 3 primeros pensamientos. Ya no oía la megafonía, ni lo que cogían los compañeros delante, temblaba y me costaba mantenerme en pie… Debía ser el día más feliz de mi vida y lo estaba viviendo como mi mayor pesadilla después de un duro trabajo de 2 años de MIR. No me lo creía, me sentía desnuda delante de 140 personas que aún estaban sentadas en aquellos sillones azules…

Traté de hacerme el mapa mental que tantas veces había retocado, visualicé qué sitios me habían quitado y cuáles me quedaban, los hospitales a los que no quería ir, barajé las conexiones de las distintas ciudades y sobre todo, intenté verme viviendo en cada una de ellas. Es un camino para 4 años y casí tenía que tomarlo a la ligera, justo lo que quería evitar. Entonces caí en la cuenta de que con los nervios y las prisas al levantarme de mi asiento, llevaba en mi mano izquierda la definitiva lista hecha el día previo en una pequeña hoja de libreta. La abrí, visualicé que ahí seguía mi primera opción (el estómago se me revolvió, me la acababan de quitar y no había tenido tiempo de tacharla) y bajo ella, 5 sitios más tachados con bolígrafo rojo, que tampoco estaban a mi alcance en esos momentos. Bajé la vista y la siguiente línea con una plaza disponible rezaba así: “7. H. Universitario Dr. Peset (Valencia)”.

Entonces suspiré… Pensé que por algo habría hecho la lista así en su momento, que la gente me había hablado bien del hospital y que Valencia es una ciudad grande con facilidades a mi alcance y todo un señor hospital de referencia, La Fe, de forma que si faltaba algo en el mío siempre se puede echar mano “del grande”. Me gustó la idea, creí que era una de las mejores opciones de las que disponía, aunque no conocía personalmente el hospital y eso hacía aumentar mi temor a equivocarme, como todo lo que nos resulta desconocido…

Entonces me llegó el turno… Saludé a los dos señores de la mesa de forma entrecortada y temerosa y me preguntaron que cuál era la especialidad deseada. Tenía tan interiorizado lo que quería que de mi boca salió “Obstetricia y Ginecología” de una forma tan automática y con una voz tan contundente que yo misma me sorprendí porque pensé que me trabaría al decirlo. La siguiente pregunta, era ya de nota…”¿DÓNDE?”- preguntaron al unísono… Entonces volví a suspirar, por segunda vez en menos de 10 metros, y dije: “Hospital Doctor Peset de Valencia”… Comprobé mis datos, que todo estuviera correcto y oí mi asignación por megafonía, apreté el botón de enter en el ordenador y se oyó esa coletilla que impone el mayor respeto de tu vida y con la que te sientes realmente con la responsabilidad de un médico: “ASIGNADA”…

Subí las escaleras hacia la salida, flotando y con una doble sensación: satisfacción y orgullo por haber logrado mi especialidad soñada, por la que tanto había luchado; e incertidumbre, pues me embarcaba en un viaje a lo desconocido,un nuevo hospital que no conocía,  en una nueva ciudad y a más de 700 km de casa. Recogí mi papel de asignación y lo guardé para no perderlo. Lo que ocurrió a la salida, es común a todos: abrazos, besos, llantos, gritos, familiares, amigos… Fuera todo es la alegría que falta dentro.

Ha pasado casi una semana de aquel momento, más calmada y asimilando el cambio, pero con incertidumbre aún hasta que próximamente visite el que será mi sitio los próximos 4 años. Ganas no faltan, de aprender y estar metida hasta arriba en la especialidad, conocer nuevas personas, compañeros que casi llegarán a ser familia después de todo. Ganas de comenzar una nueva vida, por qué no, aunque las decisiones se tomen de forma apresurada no tienen por qué ser malas, sólo diferentes. Siempre decimos eso de “esto no entraba en mis planes”, pero soy de las que creo que una parte de tu vida NO es la que entra en ningún plan, sino más bien al contrario: es un nuevo plan el que acaba de entrar en tu vida. Los cambios dan respeto, asustan al principio y el destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos quienes las jugamos a fin de cuentas.

Después de mucho papeleo estos días y la cabeza como una olla a presión, puedo decir eso de “Soy Residente de Obstetricia y Ginecología.” Gracias a todos y cada uno de los que habéis estado a mi lado todo este tiempo…

Si algo he aprendido de mi experiencia de elección (siempre se saca algo de toda vivencia) es que un buen número nunca es suficiente. Así que a ti, lector que te encuentres iniciando el camino del MIR, animarte a que sigas, que se puede y se consigue (he aquí un ejemplo), pero nunca te relajes. Hay que poner todo de nuestra parte de modo que lo bueno sea mejor, y lo mejor, excelente…¡Ánimo!

Vale más tener cicatriz por valiente que piel intacta por cobarde…