El camino que deseas…

 

“A veces sucede en un instante. Damos un paso hacia adelante, nos convertimos en un líder, vemos un camino a seguir. Vemos un camino y lo tomamos, incluso cuando no tenemos idea de a dónde vamos…”  (Anatomía de Grey)

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2 años de Bachillerato en un instituto cualquiera poniendo empeño para sacar la mejor nota posible, selectividad, 6 años de carrera para convertirte en médico y 1 año de MIR para conseguir entrar en la especialidad… Cada paso y escalón es un momento decisivo en el que pararse y sopesar, decidir y escoger, sin escudarte en terceras personas, sino en ti y tu futuro. Avanzas y aunque pueda parecer lo contrario, aún tienes tiempo de decidir qué camino puede ser el más acertado, pero recuerda: escoger significa dejar de lado otras opciones. Sin embargo, si estás segur@ de tu elección, nada deberá asustarte ni dejarte con un sabor agridulce por no haber tomado otro camino. Nada es estático y lo que vivimos va dejando paso a nuevas experiencias, así que no dudes en adentrarte e implicarte hasta el cuello si así lo sientes, pues nunca nada de valor se hizo sin pisar fuerte, recuérdalo.

Las preocupaciones se mezclan con ilusiones sin fin llegados a este punto, así que haz inclinar la balanza hacia esto último, con un optimismo arrollador para asumir una bonita responsabilidad, la mejor hasta ahora.

Habrá quien aún te diga que es normal no tener clara una especialidad, aunque sí puedes más o menos perfilar qué tipo te gusta: ¿médica, quirúrgica, médico-quirúrgica, sin contacto con el paciente…? Sin embargo, también existimos esa rara especie que descubrimos una especialidad en la carrera y a base de implicarnos mucho, supimos cuál sería el camino a seguir. Siempre podemos equivocarnos, ya se sabe que esto es un viaje sin destino y si algo sale mal, se rompe y repetimos. Pero si lo ves claro, sigue adelante, no hay nada mejor que disfrutar y motivarte trabajando. Toma la iniciativa.

¿Y por qué una especialidad y no otra? ¿Cuándo saber si se está preparado para ello? ¿Cómo saber si esa es mi especilidad? Para mí hay 2 partes bien diferenciadas: la objetiva y la emocional. De la objetiva, como bien podrás imaginar, tienes que tener en cuenta si te gusta el campo de acción, las patologías, dinámica, procedimientos y  métodos que asume, rotaciones… Por otro lado, la parte emocional es el otro pilar fundamental del asunto. La empatía, la comprensión, ser capaz de tomar las riendas en situaciones límites y emocionarte con buenos momentos y satisfacciones varias que compensan todo. Si sientes que puede ser el lugar donde poder pasar 40 años de tu vida sin aburrirte, con motivación y versatilidad. Puede parecer demasiado abstracto o místico pero ciertamente hay un punto en el que ya no hay vuelta atrás, un click que activa todo un circuito en tu interior, te atrapa y entonces sabrás que ahí quieres estar el resto de tu vida sin importar las horas del reloj. Siento si no salen las palabras exactas para describirlo, pero no es fácil, no es una cuestión de mostrarlo, sino de SENTIR ese momento tan especial.

Después, hay cosas que están fuera de nuestro alcance, por supuesto. Pero cuida de esa parcela que depende de ti, recuerda aquello de que cada uno recibe lo que previamente ha dado. No es sencillo, pero seguro que merece la pena. Cuando pensamos que conocemos el futuro, incluso durante un segundo, cambia sin ni siquiera movernos. Asumiendo que lo peor puede pasar, podemos dar un paso adelante hacia lo desconocido… Y asumir que va a ser brillante.

Así que si lo sientes tan claro como yo, enhorabuena, te has apuntado una victoria que sin duda cambiará tu mundo; ¡suerte y a por ello, estamos a punto de despegar!

Dra. Progesterona

 

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Siempre que amanezca

La vida no consiste en tener buenas cartas, sino en jugar bien las que uno tiene. Josh Billing.

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Amanecer del 7 de agosto de 2015 en la costa norte de Egipto

Este post que escribo no tiene demasiado que ver con el MIR de forma directa, pero lo tiene todo que ver de forma indirecta, de la forma en que afrontamos la vida, los retos y nuestro presente.

En uno de los fines de semana en los que estaba en Egipto haciendo prácticas, el grupo entero de estudiantes de medicina de toda Europa fuimos a la costa norte del país para pasar un fin de semana estupendo en las playas del delta del Nilo. Habíamos tenido una tarde maravillosa de juegos y nado en el agua más turquesa que jamás he visto. Llevábamos de fiesta toda la noche y decidimos casi por unanimidad quedarnos despiertos a ver el amanecer al otro lado del mediterráneo, desde África.

Fuimos caminando a la playa cargados de mantas, aún de noche, y nos sentamos pacientes charlando cada cual de sus locuras esperando a que el astro rey asomara por el horizonte. Recuerdo perfectamente que hablaba con mi buena amiga Madeline, cuando empezó a amanecer… Miramos con emoción uno de los acontecimientos más maravillosos que la naturaleza nos regala y que ocurre cada día de forma tan silente, que realmente sentimos como un evento especial simplemente al prestarle atención.
Un poco después aparece un chico, egipcio de unos 12 años que se acerca a Madeline y a mí disculpándose por su “mal inglés” que ni Madeline ni yo consideramos tal. Nos pide un par de minutos de nuestro valioso tiempo, y nos regala con una gracia y espontaneidad inauditas un maravilloso truco de cartas que sin duda hizo aquel momento todavía más mágico.

Estuve un tiempo reflexionando sobre este hecho que ni siquiera he contado a demasiadas personas, sobre el por qué de aquella sencilla coincidencia en aquel instante tan preciso en un lugar tan concreto de este planeta… Estamos tan acostumbrados a dar las cosas por sentadas que perdemos la capacidad de valorar algo tan natural como ver salir el sol, que alguien nos pida dos minutos de su vida cuando en realidad nos está regalando una experiencia mágica… Estamos tan habituados a levantarnos de la cama cada día y meternos de lleno en nuestras cosas que no somos ni capaces de imaginar lo que otros pueden apreciar abrir los ojos y ver por un solo momento, o cuánto desearía alguien poder plantar sus piernas en el suelo y caminar, o tener la oportunidad de ver amaneceres como estos sin tener una fecha límite en la que sabes que tu vida se acaba.

Damos por sentado que acabaremos la carrera, que vamos a hacer el MIR, que haremos nuestra residencia y formaremos una familia y bla bla bla… Pero qué pasa si nada de esto ocurre. Nos pasamos la vida pensando en qué haremos o dejaremos de hacer cuando las condiciones sean perfectas y tengamos la oportunidad, pero lo cierto es que no sabemos cuánto o hasta cuando estaremos aquí.

Tenemos que aprender a no dar por sentado que nuestros seres queridos estarán a nuestro lado, sino a cuidar nuestras relaciones con ellos para que deseen estarlo. A no suponer que vamos a tener a nuestro perro por mucho tiempo, que nuestra carrera terminará, seremos residentes y con ello más felices. Porque todo esto es mentira, la única forma de vivir feliz en el futuro es apreciar y agradecer la vida de la que gozas en el presente.

¿Qué pasaría si nos planteásemos la vida como ese amanecer en Egipto… Dejándonos sorprender por la salida del sol y un truco de cartas que recordarás, casi seguro, para siempre?

Dr. Neurona.

El secreto de salir adelante…

 

“Sólo imagina lo precioso que puede ser arriesgarse y que todo salga bien.” (M. Benedetti)

El MIR suele verse como un trámite necesario o más bien obligado para ejercer la medicina en el territorio español, sin embargo, y pese asumirse como un peldaño adicional tras los 6 años de carrera, en realidad nada tiene que ver con lo desarrollado hasta entonces. Atrás quedan las clases en aulas de madera que vieron pasar a múltiples promociones, las aulas de práctica y simulación, los cambios a toda prisa en el vestuario, el rotatorio y los exámenes de cada asignatura. Durante la primera vuelta en la academia tomas conciencia de la dureza que se avecina, pero no es hasta la llegada de segunda cuando aprecias tal efecto.

Entonces llega junio, el verano, el calor y toda una serie de cambios para unos asumibles con gusto, para otros con expectación y miedo. Y a partir de ahí, como si una rueda o espiral se tratase, todo empieza a girar en torno a esas 3 letras durante 7-8 meses más en los cuales tratar 20-22 asignaturas o ya especialidades, por qué no decirlo así. Al principio, quizás las ganas por llegar a ese punto y embarcarse en un nuevo destino puede motivarte e incluso es agradable porque te acerca al final deseado, pero tantos meses con un verano (más aún en el sur) y Navidad de por medio, pueden hacerte flaquear y desgastarte de forma excesiva. A todos nos ha pasado, todos hemos creído en algún momento estar al límite, pero debes saber gestionarlo para que no te pase factura. El secreto es mantenerte motivad@, he ahí la cuestión.

Para nada soy una experta en nada de esto, sólo voy a darte algunos consejos después de pasar dos veces por el camino en el que quizás ya te encuentres.

  1. ESTUDIO: establece un horario realista, personal y habilita un sitio allá donde estudies (casa o biblioteca) que sea cómodo y tranquilo, sobre todo tranquilo y sin ruidos. Enfrenta cada jornada queriendo aprender y empaparte de conocimientos, no como un suplicio y un escalón al que ascender de forma obligada y sin sentido, pues de hacerlo así, te costará el doble y sentirás que has perdido el tiempo. Y establece descansos porque estudiar seguido a alto nivel te pone la cabeza al revés.
  2. AMBIENTE: evita ruidos, distracciones y fija tu atención en lo que estudias. Mantén el móvil fuera del alcance y ponlo en silencio para no sentirlo. Si eres de los que aprecia los detalles, puedes decorar a tu gusto el sitio de trabajo de forma que te inspire: por ejemplo, coloca “la foto mental” frente a ti y enfócate para llegar donde quieres estar.
  3. RESISTENCIA: sé proactivo, asume errores y ten agallas para ir mejorando, ser cada vez más perfeccionista y nunca dejes de aprender de ello. Puedes, por ejemplo, copiar tus errores en los simulacros en un cuaderno dedicado para ello, de modo que al escribirlo o realizar un esquema, te ayude a fijar el concepto.
  4. DESCONECTA: cuando acabes con lo estipulado para ese día o llegue una cierta hora a partir de la cual ves que no estás rindiendo, cambia de actividad y airéate. Puedes ir a hacer deporte, ir al cine, hablar por teléfono con familiares o amigos, colorear mandalas o incluso ir a hacer la compra. Cualquier motivo puede ser bueno para levantarte de la silla.
  5. SÉ PACIENTE: asume que es una carrera de fondo y debes llegar al final sin desfondarte. Hay un tiempo para cada cosa y cada cosa a su tiempo…
  6. DESCANSA: procura dormir bien, relajarte antes de dormir y dejar un tiempo entre que termines de estudiar e irte a la cama, pues si no, te llevarás el último tema repasado contigo y conciliar el sueño será complicado. ¡Ah! Y no toques nada del MIR los domingos: son el día sagrado y ayudan a recargar pilas para una nueva semana, ya lo verás… Así que aprovéchalo al máximo como desees, pero sal de casa y diviértete.
  7. AUTOCONOCIMIENTO: durante todos estos meses es algo en lo que también vas a trabajar y mucho. Aprende a escuchar tu cuerpo, cuándo poder pedirle más o cuándo parar por agotamiento, y si es así, no lo dudes: frena, para, descansa y date un día para reponerte. ¿Qué pasa con el temario atrasado? Es preferible perder un día y que lo retomes de nuevo con frescura para dar todo de ti que ir renqueando sin enterarte de nada y agotándote progresivamente.
  8. PIENSA EN POSITIVO: seguro piensas que es más fácil decirlo que hacerlo, pero créeme que las personas que asumen el reto con optimismo y valentía salen de él más favorecidas, reforzadas y son más resilientes. Piensa que es un camino largo, que otros pasaron por él antes que tú y si ellos pudieron ¿por qué tú no?

No dejes que el desánimo te venza, cree que es posible y trabaja duro enfocándote en ello. Quizás mis palabras aún te suenen huecas pero cuando asome junio y la segunda vuelta por tu puerta, acuérdate de mí. Espero que sigas los consejos y que puedan ayudarte, pero voy a serte sincera, es un reto personal y ambicioso, así que lucha con todas tus fuertas si es lo que deseas. Nunca dejes de creer en ti, aprende y sé progresivamente más perfeccionista con los detalles. No desfallezcas aunque a días quieras tirar la toalla y piensa que “creer y crear están sólo a una letra de distancia”, como diría Albert Espinosa.

Y ahora sí, sé VALIENTE tú que andas leyéndome, yo creo en ti…

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Dra. Progesterona

La especialidad en UK y EU

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Es posible que te hayas planteado la posibilidad de hacer la residencia en el extranjero, bien porque te guste otro país como futura opción laboral o bien porque no quieres pasar por el proceso del examen MIR.

Hace un tiempo estuve barajando también la posibilidad de hacer la residencia en diferentes sitios. Después de un profundo análisis de ventajas y desventajas sobre irse o quedarse llegué a la conclusión de que, en mi caso, era mejor pasar por el MIR. Si te interesa el tema te cuento mi andadura por el océano de internet en busca de información para especializarse en el extranjero.

LA RESIDENCIA EN EEUU

Los Estados Unidos fue uno de los primeros sitios que me planteé. Para hacer la residencia en América necesitas tener la USML (United States Medical License) para ello has de presentarte a 3 exámenes. El primero de ellos es el STEP 1 que básicamente es un examen de las materias preclínicas de medicina como anatomía, bioquímica, histología o fisiología. El segundo examen es el STEP 2, el equivalente al examen MIR, las materias que lo componen son clínicas como obstetricia, cirugía o patología de varios aparatos y sistemas.

Por último has de hacer el STEP 3 que se trata de un examen práctico en el que vas pasando por varias estaciones clínicas donde hay actores que representan una determinada patología y tú debes hacer la historia clínica, la exploración y orientación del diagnóstico y tratamiento.

Hasta aquí nada suena demasiado descabellado más allá de que todos los exámenes sean en inglés como es lógico. El 95% de los aspirantes suelen aprobar los tres pasos. La historia se complica cuando debes certificar tu nivel de inglés. Para ello no sirve con acreditar cualquier nivel conseguido tras un examen de Cambridge o del Trinity College of London, sino que exigen una determinada puntuación en el examen TOEFL en función del programa al que quieras acceder. De modo que si te planteas hacer alguna especialidad muy demandada como las cirugías ya puedes preparar bien el examen TOEFL porque suelen exigir una puntuación muy cercana a la máxima posible (en este caso 120 puntos).

En la mayoría de los casos, con suerte obtendrás una plaza para medicina familiar en algún punto alejado de la civilización, motivo por el que descarté rotundamente este sistema.

Por otra parte los residentes suelen trabajar entre 70 y 100 horas semanales y la residencia dura entre 5 y 7 años.

LA RESIDENCIA EN UK

El Reino Unido tiene un sistema de especialización médica muy diferente a casi cualquier otro. Está basado en múltiples pasos en los que si no apruebas el examen o pasas la entrevista, te quedas a medio camino sin terminar la especialidad, por lo que el proceso es extremadamente estresante.

La residencia se inicia con el Foundation Programme que es básicamente un periodo de 2 años en los que haces rotaciones por diferentes áreas de la medicina, como familiar o medicina interna. Para acceder a este programa tienes que registrar tu perfil en el BMC (British Medical Council) donde rellenas una solicitud con tu CV y algunos datos sobre tu experiencia laboral. En este caso hay igualdad de oportunidades para extranjeros y británicos. Debes acreditar también un nivel alto de inglés que no especifican, prefiriéndose el examen TOEFL nuevamente, aunque al parecer en UK son más flexibles pudiendo aceptar otras acreditaciones.

Tras los dos años debes hacer una solicitud electrónica a través del Medical Training Application Service que publica cada año las plazas disponibles de todas las especialidades. Tras analizar tu expediente y evaluaciones del periodo previo accedes si procede al Specialist Training que es la residencia en una especialidad concreta. Los residentes suelen trabajar de media unas 70 horas semanales, pero el sueldo es bueno.

Entre proceso puede durar entre 9 y 12 años. Durante el Specialist Training hay numerosos exámenes y entrevistas que deberás pasar para continuar con la especialización, el problema es que en cada paso el número de plazas se reduce y es posible que nunca llegues a terminar la especialidad por estar fuera del proceso. En UK no es necesario terminar la especialidad para encontrar trabajo como especialista, sino que en función de la parte del proceso en la que te hayas quedado tendrás limitadas las responsabilidades y actividad profesional.

Como ves, hacer la residencia en UK es bastante arriesgado en términos de que nunca sabes si podrás terminar la residencia y sin ella la especialidad no sería homologada en España, por lo que tendrías serios problemas para trabajar aquí de nuevo.

En la web del CEEM encontrarás un PDF donde se explica como acceder exactamente a cada uno de los procesos que acabo de explicar. En una entrada próxima hablaré sobre el proceso de especialización en otros países de la Unión Europea.

Hasta entonces.

Dr. Neurona.

REPETIR EL MIR: ¿osadía o realidad?

Quizás sea una de las entradas más difíciles de mostrar, o más emotiva dentro de este blog… Como ya he contado en algún que otro post, soy repeMIR; el mes pasado me tocó presentarme de nuevo al examen porque al año pasado no anduve del todo acertada y mi número no llegó para coger una plaza de mi primera opción ni ninguna de las tres siguientes. ¿Qué sentí? ¿Qué pasaba por mi cabeza? ¿Cómo lo afronté?

No costó meter la plantilla, de hecho fue lo primero que hice nada más levantarme. Sabía que mi preparación no había sido la óptima, me costaba llegar a un nivel aceptable y me enrabietaba cada domingo al meter la plantilla del simulacro del día anterior. No era fácil, estaba mal el resto del día y lloraba de impotencia. Por más que hacía, no lograba obtener unas netas aceptables, tanto que pasar de las 100 me costó llegar al mes de enero de 2015, a menos de 30 días del examen. Se me juntaban los nervios de un examen de esas dimensiones, el miedo y la inseguridad, mi vida entera, mi pasión, por lo que he luchado desde los 18 años… Y sucedió: metí la plantilla y vi reflejadas apenas 106 netas, y enseguida supe que eso era insuficiente. Una cifra con sentimientos encontrados: había sido mi mejor examen, pero escaso al fin y al cabo para acceder a puestos con soltura. Ahora sólo tocaba esperar, no controlaba aún el tema de puestos, estimaciones y demás, todo era nuevo y desconocido. En los día sucesivos impugné, apenas me favoreció en 2 netas, se equivocaron en la lectura de respuestas desde el ministerio y hubo que reclamar también. Era como estar en medio de una pesadilla de la que deseas despertar.Todos preguntaban y mi única palabra para todo era “ESPERAR”… Me apenaba, me dolía, me sentía mal conmigo misma, fracasada y avergonzada en parte por no haber sido capaz de alcanzar esa meta. Saltaba a la mínima de cambio, estaba a la defensiva, dormía mal y no quería oír nada que tuviera que ver con el MIR. Pero era inevitable…

Entonces llegó, llegó el día en que salieron los puestos provisionales y luego, los definitivos: 5193… El número impar que más ha dolido en la vida. Y ahora con esto, ¿qué, dónde y para qué? Entonces comprendí que las opciones eran reducidas, una obra épica, pero seguía aferrándome a un clavo ardiendo, pese a lo realista que soy… Llegó el día del comienzo de elección y ahí me tenías, delante de la pantallla del ordenador a las 9 de la mañana, recargando la página, viendo como los compañeros eran asignados a sus plazas mientras yo tachaba puestos, lugares, ilusiones… Hasta que se agotaron, se acabaron todas las médico-quirúrgicas y entre ellas, mi primera y segunda opción, también mi tercera y cuarta. Y entonces ya no pulsé más “Intro”, entonces ya todo había terminado y me quedé en shock: 5 minutos sentada frente al ordenador, llorando día y medio antes de mi llamamiento, ¿por qué? Me sentía como en una escalera a la que le faltaban los 4 últimos peldaños para llegar al siguiente piso y yo había pisado en falso y había caído al vacío.

La verdad duele hasta el punto de asumir el tropiezo y plantearse coger una especialidad con la que no contaba y no me llenaba en exceso o repetir la preparación un año más. No quería pasar por lo mismo, me aterraba la idea, lo había pasado muy mal en cada uno de los 29 simulacros… A mi mente volvían sin querer esas imágenes tan bonitas de las prácticas en la especialidad que deseaba, donde me habían dejado hacer tanto, donde me habían enseñado, donde me habían hecho sentir una más, útil y donde quería estar por encima de todas las cosas. Entonces comprendí que ahí quería estar el resto de mi vida, no quería ser otra cosa, no podía engañarme, no podía moralmente aferrarme a la primera plaza que se cruzara por mi camino si no iba a ser plenamente feliz y completa. Por mí y por los que habían confiado en mí, no podía soportar esa cara de pena con la que algunos miraban… Lo tenía claro: repetiría un año más, tenía la base, tendría paciencia y sobre lo sabido, perfeccionaría y puliría errores. Mi problema había sido de actitud y no de aptitud. Haría más de lo que hice hasta ahora y le dedicaría todo lo necesario sabiendo que iba a “apagar” mi vida por segunda vez consecutiva, y esta vez, quería que fuese la definitiva. A veces hay que dar un voto de confianza a las 2ª oportunidades…

En apenas 3 semanas pasé por las 5 fases del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Me tragué las lágrimas, preparé de nuevo los materiales y remoloneando aún saliendo del pozo en el que estaba, me reenganché en mayo al final de la 1ª vuelta de los compañeros del curso siguiente, el que sería mi curso después.

Me dije que debía cambiar, debía afrontarlo de otra manera y sobre todo, creyendo en mí. Para eso coloqué una imagen en la pared, una foto que me recordara lo feliz que fui y dónde quería estar, cuál quería que fuera mi meta en definitiva. Esa sería mi foto mental, la que vería cada mañana al levantar para darme ánimo y cada noche al acostarme para sentirme satisfecha por lo que había trabajado en ese día. Ya no me valían los reproches, ni perder el tiempo porque estaba cansada. Me propuse un planing a cumplir con tiempo de estudio suficiente donde trabajar todo lo que correspondía, los desgloses, simulacros, generador de exámenes, etc. y donde perderle el miedo a enfrentar las preguntas test, evitar el bloqueo de mi mente y aprender a encarar la incertidumbre al contestar. Y mantenerme positiva ayudándome de un tiempo de desconexión para mí basado en el deporte. Y así transcurrieron 8 meses, muy aislada, haciendo muchas preguntas, priorizando y concentrada en mi meta e intantando no caer de la cuerda sobre la que caminaba, mirando al frente y nunca a los pies para poder ver todo el horizonte. Ya no escuchaba a los que me rodeaban, seguía sólo mi voz y poco me importaban ya comentarios de cualquier tipo, mi mente estaba en Febrero de 2016 y ese sería el momento para todo lo demás. Entendí así que cuando trabajas duro y en silencio, el éxito aparece, como las hormigas.

Ha pasado un año, y no diré que fue fácil tomar la decisión ni embarcarse a la deriva de nuevo otros 8 meses, tampoco que  no he tenido miedo, porque sí lo he experimentado, sobre todo la semana previa del examen donde la emoción, la ilusión, las ganas se mezclaban con el miedo a que volvieran a repetirse los hechos. Los viejos fantasmas ahí estaban… Lo que sí puedo decir a boca llena es que no me arrepiento de la opción que tomé, fue lo mejor que pude hacer y la que más me ha ayudado como persona a crecer, a asumir, a reconocer y soportar, en definitiva, a trabajar la resiliencia y la humildad más si cabe.

Los estudiantes de medicina hemos llegado a ello tras ser niños de buenas notas en el colegio, adolescentes empollones en la secundaria y el bachillerato y donde pareciera que no está permitido tropezar, mucho menos caer, sino que caminamos erguidos en cualquier situación impolutos e impasibles ante lo que pueda pasar. Y no es así. Siempre se nos ha visto y hemos demostrado ser capaces de afrontar retos cada vez mayores, de superarnos a nosotros mismos y de ser “los mejores”, avanzando como si debiera estar estipulado de antemano. Pero hay subidas, bajadas, parones, tropiezos, caídas y heridas. Somos personas antes que médicos, sentimos, sufrimos y no hay un camino que deba ser seguido de antemano: atajando o rodeando también podemos llegar al destino. No desistas y rodea lo que sea necesario, no temas, que para eso están los cambios de sentido…

Así que si me estás leyendo y te encuentras en la situación por la que yo pasé, espero que esto te haya ayudado, quizás te has sentido identificad@. Sólo decirte que no estás sol@ y no no eres el únic@, cada año pasa a multitud de opositores. Pide ayuda en la medida que lo necesites, sé sincer@ contigo y no temas el hecho de pasar de nuevo por el mismo camino, te hará más fuerte y saldrás reforzado. Si yo pude, TÚ también.

Faltan sólo 2 días para conocer cuáles serán los puestos en este 2016, y estoy nerviosa, ansiosa por conocerlos. Pero pase lo que pase, sólo puedo decir una cosa: yo también fui RESISTENTE, yo también fui repeMIR…

“Si para perseguir un sueño se necesitan agallas, requerirás el triple de coraje y una sobredosis de constancia para mantenerlo vivo.”

Dra. Progesterona

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Manual de instrucciones

Las mentes creativas son conocidas por ser capaces de sobrevivir a cualquier clase de mal entrenamiento. Anna freud.

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Tienes razón cuando sientes que estás perdido. En esto de la medicina hay muy pocas normas y demasiadas excepciones, lo mismo ocurre con la habilidad de estudiar. Cada persona lo hace de una forma determinada, y podría decirse que si has llegado a terminar esta dura carrera es porque tu método de estudio es bueno, pero como decía Freud lo bueno es enemigo de lo mejor.

Si estás contento con tus resultados durante la carrera y llevas bien el estudio y resultado de simulacros en la preparación al MIR me alegro mucho por ti, pero este post no va a ayudarte mucho, puesto que has dado con la mejor forma para ti de añadir e integrar conocimientos. Si por el contrario no terminas de saber por qué las cosas no van como deberían pese a todo tu esfuerzo, y tiempo de dedicación tal vez pueda darte algún consejo.

-En primer lugar has de ser sincero contigo mismo, es decir, debes detectar si el problema es de técnica de estudio o de disciplina. Si sabes que no rindes lo suficiente porque no le dedicas el tiempo necesario o no estás bien concentrado, no deberás achacar el problema a la técnica de estudio, sino más bien al hábito de estudio. Por otra parte, si pese a poner todo de ti no consigues subir en los simulacros es probable que tengas un problema de técnica de estudio.

-Debes revaluar tu técnica de estudios. Puede que estés cometiendo errores que no eres capaz de percibir porque para ti es habitual hacer todo de esa manera. Lo interesante en este caso es consultar con otro compañero que esté en tu misma situación o con tu tutor de academia. Es posible que no estés corrigiendo bien los simulacros, no estés dedicando el tiempo suficiente al desglose (en caso de ser de CTO) o no te estas enfrentando a las preguntas con la actitud correcta.

Algo que ocurre frecuentemente es que el problema con el que nos encontremos a la hora de estudiar sea de adaptación, es decir, conocemos bien cuál es la técnica que funciona para nosotros, pero estamos tratando de adaptarnos a los manuales de la academia.
Puede que seas una persona que retiene más conocimientos cuando ve textos largos escritos y bien explicados, entonces deberías evitar los esquemas que tan útiles son para algunos pero en tu caso pueden estarte impidiendo memorizar bien los conceptos. Por otra parte podría ser que tu manera de memorizar fuese mediante textos cortos y esquemáticos, en tu caso deberás sintetizar los manuales y las figuras. Es un trabajo que agradecerás más tarde.
Si por el contrario tienes memoria visual y fotográfica, y tu manera de aprender es mediante figuras, fotos, dibujos etc; ya puedes ponerte a resumir cada tema en una imagen que te de tu foto mental del asunto.

-Atrévete a probar algo nuevo. Ya sabes que tu técnica no esta funcionando lo bien que debiera, por tanto poco pierdes por intentar hacer las cosas de otra forma, tienes mucho que ganar. Para esto debes conocerte bien a ti mismo y apoyarte en compañeros en cuyo método confíes ya que podrías sacar algo útil que te serviría adaptándolo a tu manera.

-Confía en el método de tu academia de preparación MIR. Ellos tienen mucha más experiencia que tú o tus amigos, preparan a miles de alumnos cada año para el MIR y por tanto saben de lo que hablan. Claro que puedes hacer las cosas como quieras, pero seguramente avanzarás mejor y mas rápido siguiendo sus recomendaciones.

Aún estamos muy a tiempo de sacar un excelente resultado en el 2MIR17, no debes preocuparte o angustiarte en exceso por un mal resultado en los simulacros o un percentil bajo. Recuerda que estás estudiando sexto de medicina, un año ideal para aprender a aplicar conocimientos con su correlación clínica y por tanto debes centrarte en aprender y aprovechar lo que las prácticas te brindan, ya tendrás tiempo más tarde de estudiar en serio para el MIR.

Espero que este texto te haya sido de utilidad, nos vemos en el siguiente.

Dr. Neurona.

DECISIONES Y ENTEREZA

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Justo un mes después del examen MIR salen los puestos provisionales y a partir de entonces, puedes hacerte idea de en qué número nos movemos y para dónde ir. Sin embargo, ¿y durante ese mes? ¿Qué pasa por la cabeza? ¿Qué hacer? ¿Qué se siente y te atormenta?

Por supuesto esto es testimonio personal, cada quien podrá vivirlo de distinta manera, claro está.

El hecho es que, como decía antes, tras el MIR parece que todo lo más duro acabó, cerraste una puerta y ya alcanzaste la libertad. Pero no… Nadie te garantiza tu plaza, ni una plaza de la especialidad que deseas, las netas y los puestos pasan a ser un caballo de batalla y la estimación termina por traerte de cabeza. Hay quien opta por viajar, pero salta la primera alarma a los 8 días del examen: salida de las respuestas provisionales. En los 3 días siguientes entran en juego las impugnaciones y los quebraderos de cabeza entre tu versión y la versión 0 aportando bibliografía que justifique un error por parte del ministerio en la pregunta.

Unas 3 semanas tras el examen, se reúnen las comisiones calificadoras del ministerio, de la cual se extraen las respuestas correctas definitivas, incluyendo anuladas durante el proceso de impugnación, para llegar un mes después a la primera estimación de puestos provisionales cada vez más cerca de la realidad.

Bien, hagamos cuentas entonces: 30 días (este año fue bisiesto, un día más de sufrimiento) donde todo sigue girando en torno a esas 3 letras: “M.I.R”. No te alejes del cuadernillo de examen, ni de la hoja de respuestas porque tendrás que verificar las respuestas correctas e incorrectas, tener en cuenta las de reserva y a la vez, mirar de reojo esas páginas de las distintas academias donde consultar con qué número se cogieron el año pasado las distintas plazas de la especialidad en cuestión. Disfrutas porque el examen pasó, pero no te despegas fácilmente de él. Y cada día miras tu puesto estimado, y fluctúa y a veces te asaltan las dudas: ¿y si no me da para la especialidad? ¿y si no me da para ese sitio? El pegar ojo sigue siendo un reto, estás intranquila, es mucho tiempo y te pones en todas las situaciones: en la mejor de las opciones, colocas aquéllas que deseas tanto sin que te tiemble la mano y vas relegando a un segundo lugar aquéllas menos apetecibles sin ser rechazadas. Y la lista aumenta en opciones y posibilidades, miras y remiras programas formativos, foros de compañeros que pasaron antes por lo mismo e incluso preguntas a los residentes que conociste mientras estabas en la carrera…

Por ahora tengo un mapa de España delante con todas las plazas de la especialidad que quiero y sus nombres en verde (el color de la esperanza dicen) que resuenan en la cabeza una y otra vez, y una lista de hospitales con sus características que esperan al día 8 de Marzo para que salgan los puestos provisionales y así acotar la búsqueda.

Es a la vez un mar de dudas y un sentimiento de fortuna por poder optar a una plaza de la especialidad que me ha costado 2 años conseguir, donde te asalta la sensación de estar perdida, florece también la de agradecimiento y calma que ayuda a contrarrestar la tensión de estos 30 días donde más allá de un trabajo de búsqueda, se ha convertido en un crecimiento personal basado en tomar decisiones, en elegir bajo criterio, en ponerte en distintas situaciones y priorizar dejándote llevar por ti. Porque llegados a este punto, la maleta está abierta esperando un destino por 4 años que verá la luz a partir de Abril ya que nada es estático, todo lo que vivimos va dejando paso a nuevas circunstancias, nuevas experiencias que nos harán disfrutar y también -por qué no decirlo- pasarlo peor, pero de todo aprendemos… Como el Dr. Neurona me recordó el otro día, a veces no conseguir lo que queremos puede ser un golpe de suerte, y de eso él y yo sabemos un rato.

Son 30 días para desarrollar paciencia, entereza y ahora más que nunca, experimentar una emoción inmensa por estar en unos pocos meses en ese hospital y servicio que tanto deseas. Es un viaje a la deriva donde andas deseosa de llegar a puerto; en definitiva, te preparas para sacar un billete sin destino, sabiendo que si algo sale mal, se rompe y repetimos…

“Cuando te encuentres entre dos opciones y tengas que elegir, simplemente lanza una moneda al aire. Es un truco que siempre funciona, no sólo porque te saca de dudas, sino porque en ese breve momento en que la moneda está en el aire, de repente sabes qué cara deseas que salga…”

Dra. Progesterona