Tiempo de reflexión

Cada elección tiene su anverso, es decir, una renuncia, por lo que no hay diferencia entre el acto de elegir y el acto de renunciar. Italo Calvino.

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Las elecciones son difíciles, tanto que a veces preferiríamos que algo o alguien decidiera por nosotros, pero llevamos demasiado tiempo siendo valientes, comportándonos como adultos como para ceder ahora…
Todos los que hemos hecho el MIR y los que lo harán, buscan precisamente eso, la oportunidad de elegir. Y suena maravilloso tenerla, hasta que por fin estás en esta tesitura… Y elegir cuesta y se hace cuesta.

Siempre que tomas un camino estás renunciando transitar otro, pero si decides recorrerlos todos acabas por no recorrer ninguno y así estamos, paralizados en el punto en que tantas opciones se abren, sin saber qué hacer o cómo hacerlo, porque todos teníamos claro lo que queríamos hasta que dejamos de estar tan claros.

Dentro de poco muchos de nosotros tendremos que tomar una decisión que marcará 4 o 5 años de nuestras vidas y la formación que recibamos, muchos de los amigos que nos llevaremos y, en cierto sentido, la persona en que nos vamos a transformar. Alcanzar el equilibrio entre desarrollo personal, hospital, ciudad, familia e ingresos es una tarea titánica, y en muchos de los caso no llegaremos jamás.
Una decisión es siempre un salto al vacío porque es verdad que no hay garantías de que salga bien, pero siempre será una oportunidad para aprender.

Elegir plaza y hospital, o un servicio en definitiva, puede ser difícil por dos razones: porque tengas un número tan ajustado que apenas puedas escoger, o bien porque tengas un número que te permita elegir casi cualquier cosa. En ambos casos el quebradero de cabeza está bien servido, y en algunos también el quebradero de corazón.
Nunca he sabido bien si es mejor elegir con el consciente o dejarse guiar por el inconsciente. Dicen que lo más sabio es escuchar lo que tu cuerpo te dice; pero qué haces cuando tu cuerpo habla un idioma que no comprendes…

En preguntar, saber, conocerte y organizarte están las claves de decidir de un modo más sabio. Por ello no te quedes con ninguna duda, pregunta, llama por teléfono, aporrea puertas, consulta en internet y haz lo que sea preciso para que, dado el momento, estés tan seguro de ti que pese a decidir un servicio, no te pese renunciar a todos los demás. Y cuando digo esto no pienses, querido lector, que soy un referente en ideas claras, probablemente esté tan confuso como tú en este momento.

Qué elegiremos, dónde nos iremos y con quién estaremos es algo que no podemos garantizar; pero sí podemos ocuparnos, al menos, de tener la sensación de estar tomando una buena decisión, una decisión formada e informada…
Porque al cabo poco importa donde acabes, serás y seremos felices donde escojamos, porque escoger es algo que solo hacen los valientes.

Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en el que el hombre sabe para siempre quién es. Jorge Luis Borges.

Dr. Neurona.

Después de todo

Mira como una sola vela puede desafiar, y a la vez definir, la oscuridad. Ana Frank.

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Ahora que todo ha pasado, ahora que hemos cruzado la línea de meta toca pararse a reflexionar.

Hace ya algo más de tres semanas que hemos hecho el MIR, durante este tiempo he tratado de evitar pensar sobre todo esto, de hecho hasta siento cierto rechazo a mirar la plantilla y el cuadernillo de examen. No es porque haya obtenido un mal resultado, de hecho soy de los pocos privilegiados a los que este examen les ha dado lo que realmente querían… Es más por la necesidad de desconectar de una situación bastante larga y bastante costosa a nivel emocional y personal.

Ahora que todo ha pasado pudiera parecer que la situación más difícil ya la hemos vivido; pero no es así. Lo más difícil es esperar a un resultado, lo más difícil es ver cómo el esfuerzo de muchos amigos no ha sido recompensado con un resultado justo, lo más difícil es a veces perdonar tus propios errores.

El MIR ha sido un periodo de prueba personal, y me gusta tomármelo como una puesta a punto en la que debes demostrar tu valía antes de agarrar ese trozo de futuro que te mereces. He aprendido mucho durante estos meses, de medicina, de cirugía, de estadística, de mis amigos, de las personas que tengo alrededor; pero sobre todo he aprendido más de mí mismo. Este tipo de reto te llevan a descubrir dónde no están tus límites, de lo que eres capaz.

Ahora que todo ha pasado me siento alegre, me siento orgulloso, pero también me siento triste. El MIR me ha enseñado que es posible ganar y perder al mismo tiempo; que es posible sentir felicidad y decepción en una mezcla difícilmente explicable. Este examen me ha hecho aprender que en muchas ocasiones poner voluntad y empeño no es suficiente, que el azar también es importante; pero que la fe en ti mismo es un elemento crucial para alcanzar el éxito; que cuando confías en ti y estás seguro de tener una posición ganadora la magia ocurre y alcanzas tu lugar… Este examen me ayuda y daña a partes iguales.

Ahora que todo ha pasado es momento de esperar, de aprender una nueva lección; la paciencia. Ahora es momento de aceptar lo que es y tener fe en lo que será. Ahora que todo ha pasado es hora de agradecernos a nosotros mismos nuestra actitud y fortaleza, de sentirnos orgullosos y darnos un merecido disfrute.

Qué maravilloso es que nadie necesite esperar ni un solo momento antes de empezar a mejorar el mundo. Ana Frank.

Dr. Neurona.

Lo que es tuyo

Algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora. Walt Whitman.

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Hay días en los que tengo sentimientos encontrados. En más ocasiones de las que me gustaría reconocer me he descubierto deseando que el tiempo pase rápido, que lleguen las “vacaciones” en la academia, que sea febrero y todo esto haya pasado… En cuanto soy consciente de este error tan humano, pero tan enorme tengo que parar y volver a conectar con mi presente.

No hay nada más valioso que el tiempo, al cabo es lo único que tenemos, lo único que es nuestro y nos pertenece. El tiempo es de lo que se compone nuestra vida, y lo cierto es que nunca sabemos de cuánto disponemos. Tenemos la infantil tendencia de suponer que vamos a vivir muchos años, pero lo cierto es que en cualquier momento todo puede acabar. Recuerdo que desde que era pequeño me daba bastante ansiedad pensar que perdía el tiempo, esperar colas tremendas, trámites… Siempre tuve esa necesidad de agarrar cada día y exprimirlo ya sea haciendo algo útil o algo placentero.

Ahora las cosas han cambiado, y si bien es cierto que cada día hacemos algo útil, pocos de esos días podemos dedicarlos al hedonismo. Esa es una de las causas de desee en ocasiones que todo pase, que pase rápido, para poder tener más tiempo para disfrutar.

Dándole vueltas a todo esto llegué al punto en el que confundí estudiar al MIR con no disfrutar. Aparentemente tenía toda la razón del mundo, quién calificaría de disfrutar a estar retándote constantemente y memorizando una amalgama incuantificable de datos… Pero sí que estaba equivocado.

Nuestro pasado solo es nuestro punto de partida y en nada condiciona lo que hacemos con nuestro presente si sabemos encajarlo de esta manera. Nuestro futuro es solo una posibilidad. Lo único que somos es nuestro presente. Nuestro aquí, nuestro ahora. Este momento.

Cuando empecé a ver que en cada momento en el que estaba presente hacía con pasión y con empeño lo que estaba haciendo apareció una sensación de satisfacción muy grande. Podría calificarla de disfrute. Me di cuenta de todo lo que soy capaz de hacer, y lo mejor, sin sentir malestar. Obviamente soy humano, y tengo momentos de desesperación, pero como decía, trato de reconectar con mi presente y tomar las riendas y la responsabilidad de mis decisiones. Soy yo quien me ha traído hasta aquí, yo decidí que quería ser médico, que quería hacer el MIR y que quiero estar sentado en este momento reflexionando en voz alta… En virtud de esta circunstancia, si se supone que yo quise esto, por qué no he de quererlo ahora.

Vivimos en una sociedad que valora el disfrute por encima de la felicidad, el placer por encima de la satisfacción de estar operando conforme a nuestros valores, ambiciones, y sobre todo por encima del coraje y el esfuerzo de vivir nuestro sueño. Pero realmente nada que se consiga sin esfuerzo será alguna vez valioso, porque damos valor a aquello que no podemos comprar, damos valor a aquello por lo derramamos sudor, damos valor a aquello en lo que invertimos tiempo…

El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto. Charles Chaplin.

Y sí, esto, TU SUEÑO te esta costando muchas cosas, pero al cabo te esta costando lo único que posees que es tu tiempo, y si pese a ello te sigue mereciendo la pena invertir tanto cada día es porque no lo estás pasando tan mal como crees…

La Dra. Klüber-Ross, quien pasó la mayor parte de su vida junto a pacientes en estado terminal, comenta en uno de sus libros que al final de la vida sus pacientes de lo único que se arrepentían era de las cosas que no había hecho, de las decisiones que no habían tomado y de los “te quiero” que no había dicho. No de las cosas que sí habían hecho. Por ello, aunque cueste, aunque a veces duela, porque duele, aunque te sientas solo, incomprendido, derrotado… SIGUE, como un valiente, como lo que eres… Como una persona con la locura que exige meterse en esto y el coraje suficiente para sacarlo adelante. Porque al final, si llegas a arrepentirte de algo, será de no haber invertido tu tiempo en lo que para ti era importante.

Levemos anclas que el cielo nos espera.

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Dr. Neurona.

Ajustando las velas

La vida es maravillosa si no se le tiene miedo. Charles Chaplin.

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Llevo semanas tratando de evitar sentarme a escribir en este blog. Las razones son muchas, un poco de miedo escénico, porque mi vida se ha vuelto cada vez más monótona y rutinaria y ¿a quién pudiera interesarle lo que pasa por la cabeza de uno de tantos que nos enfrentamos al MIR? y por otra parte el ritmo frenético en el que se concatenan las asignaturas, clases y simulacros en la academia, que cuando te dejan algo de tiempo libre lo que te pide el cuerpo es más aire para coger impulso. Pero de hace unos días a esta parte se ha hecho innegociable el hecho de escribir, me explico.

He leído comentarios, textos y blogs en internet de personas como nosotros que están preparando el MIR y el dato común a todas es la definición de la preparación como un parón en su ritmo de vida. Es muy cierto que cuando decides que tu vida está al servicio de los demás en una profesión como esta tienes que bajarte de tu vida en varias ocasiones y tener la suficiente entereza como para saber posponer la recompensa a largo plazo. Esto me lleva al asunto de la recompensa… La única, genuina y verdadera motivación que todos los que estamos aquí tenemos es ayuda, y ya está. Sinceramente me niego a creer que haya muchas personas dispuestas a sacrificar tanto por un mero puesto de trabajo, hay muchas profesiones a las que dedicarse con mucho menos esfuerzo personal, emocional y económico. Pero si prestamos atención, nos conformamos con tan poco que nuestra mayor ilusión tras pasar más de 7 meses sentados de 8 a 10 horas al día estudiando es poder elegir una plaza de una especialidad que nos gusta para seguir estudiando… Sin duda debe haber mucha vocación, ilusión y ganas de ayudar para todo esto, más aún cuando hay personas que deciden repetir para elegir lo suyo.

En otro orden de cosas estaba pensando también en lo del parón, en el asunto de bajarte de tu vida, de dejar de vivir durante este tiempo, y creo que no me identifico en absoluto con esta definición. Yo no he dejado de vivir por estudiar para el MIR, simplemente he ajustado mi vida a otra actividad. Si vivimos el cambio de situación con resistencia posiblemente estemos siempre pensando en lo que nos estamos perdiendo por estar estudiando, pero raras veces nos paramos a pensar en lo que estamos ganando.

Para mí, empezar este viaje ha supuesto muchos cambios, pero creo que todos ellos han sido positivos. Cada mañana me pregunto a mí mismo si lo que voy a hacer hoy me acerca más a donde quiero estar, y sin duda la respuesta es siempre afirmativa, ergo ¿por qué no he de alegrarme? Me siento una persona tremendamente afortunada por la oportunidad que me da la vida de profundizar en el conocimiento del sufrimiento humano, de la fisiología y la patología del organismo y que, después de un tiempo, deberé y sabré aplicar para tratar a mis futuros pacientes, para ser resolutivo y AYUDAR, que es al cabo mi propósito.

Me siento afortunado porque el MIR no ha hecho que pare mi vida, solo me ha obligado a cambiar la dirección de las velas para dirigirme con el viento. No he dejado de salir, no he dejado de recompensarme por cada trabajo bien hecho, por cada tema terminado, cada respuesta acertada en un simulacro… No he dejado de disfrutar con mi familia y con mis amigos. Claro que ahora tengo menos tiempo para eso, pero ese tiempo es, si cabe, más delicioso.

Me he preguntado muchas veces qué es ser un buen médico en este tiempo, porque hay situaciones en las que, indiscutiblemente te sientes insuficiente. Hay personas que consideran que ser buen médico es tener muchos conocimientos y saber tratar la patología, otras que consideran que ser buen médico es saber acompañar y empalizar con el paciente… Y no cabe duda que todo ello es extremadamente importante, y son características inherentes a la profesión médica… Pero para mí, el buen médico es aquel que es útil, porque esto ya no tiene nada que ver con uno mismo y sus cualidades, esto tiene TODO que ver con esa persona que se sienta delante de ti pidiendo ayuda, y la única forma de dársela es aplicando lo que somos y lo que tenemos de la mejor forma que podemos y con la mejor de las intenciones. Y es eso… Precisamente eso lo que creo que tenemos, todos los que estamos así, en esta situación de parada paradógicamente tan dinámica que hace que la suma de los días en esta travesía, se convierta en nuestro próximo destino.

Excelente semana a todos.

Dr. Neurona.

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El principio de todo

“La mente lo es todo. En lo que piensas te conviertes.” Buddha.

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Ahora que ya todo ha terminado quizás te paras a reflexionar cómo es que ha pasado el tiempo de esta forma tan indecisa en la que, a veces, no eras capaz de ver el fin, y otras veces un acelerón súbito te transportaba hacia adelante.

Han pasado 6 años desde que pisase por primera vez el Hospital Universitario Virgen Macarena, un lugar demasiado ajeno en ese entonces y un ahora quizás demasiado familiar. Hace algo más de dos semanas que asistí a mi última práctica. Recuerdo salir del hospital ese último día con mi bata en la mano, mirar hacia arriba y sentir como un escalofrío recorría mi piel… En algún sentido he llegado a considerarlo mi casa. Al cabo tu casa no es un lugar, sino las personas que lo habitan, y por esta casa de 6 años han pasado personas admirables que han estudiado junto a mí esta maravillosa carrera, y otras tantas que, con su experiencia y conocimientos, nos han llevado de la mano para transformarnos de estudiantes a médicos.

Muchos de ellos ni siquiera sabían que pensaba en esto cuando los saludaba por última vez en un pasillo, de forma casual… cotidiana. No eres capaz de decirles que es muy probable que no volváis a coincidir, pero tal vez la mejor despedida sea aquella que no se hace.

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Nos graduamos, ¡y de qué forma! Al margen de la belleza de la ceremonia en sí, compartir el momento en que se hace oficial tu sueño con tu familia, tu amigos, tus maestros es algo realmente mágico. Todos ellos conocen por donde has pasado y lo que supone para ti. En mi caso, recibí la beca amarilla que me titulaba como Graduado en Medicina y Cirugía de las manos de la Dr. Progesterona. Todavía se me eriza la piel cuando recuerdo el momento en que me nombraron, subí a la plataforma del Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla y vi a Paula con mi beca. Realmente muchos recuerdos y sentimientos colapsaron. Mi amiga, mi maestra en incontables ocasiones, una Dra admirable tanto personal como profesionalmente, me pasaba aquel 28 de mayo el testigo. Una médico honrando a otro en una sucesión demasiado ceremonial, pero aún más íntima para nosotros. Finalmente, y con más de 2.000 personas observando, nos abrazamos y ambos rompimos a llorar.

De allí salí siendo oficialmente médico, pero no me sentí más médico que unas horas antes o que, incluso, 6 años antes. Realmente no sé cuándo empecé a serlo o si dejaré de serlo alguna vez. Lo que sí sé es con quienes cuento, quienes son mi verdadera familia tanto de sangre como por elección. Sé quienes me han ayudado a despertarme, a levantarme o a traerme de vuelta con los pies al suelo. Aquellas personas con las que eres capaz de soñar en voz alta y que te inspiran a convertirte en lo que realmente eres.

Pues sí… Graduado, al fin. Y médico orgulloso. En el fondo siempre supe que lo conseguiría, porque la fe y la convicción son algo muy parecido que nacen de lugares parecidos. Lei por algún sitio que ganar solo está al alcance de aquellos que están dispuestos a ponerse de rodillas, y yo me he arrodillado muchas veces por esta gran pasión, y seguiré haciéndolo cuanto sea necesario.

Ahora que todo a terminado vuelves a empezar, con ganas, con ilusión, con pasión… Y siempre acompañado de todos aquellos que supieron estar a tu lado, creyeron en ti y lucharon por tu sueño. Ahora que conquistaste la cima y disfrutas de las vitas lo haces el tiempo justo para fijar tu objetivo en otra cumbre. Ahora que todo termina…

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EMPEZAMOS.

Dr. Neurona.

Los secretos del éxito

No te midas desde la cabeza hasta el suelo, sino desde la cabeza hasta el cielo. De la película “El gran pequeño”.

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Vivan las entradas personales, por qué no… Los lectores de este blog ya estáis acostumbrados a este tipo de sensiblerías (¡como para no estarlo con la Dra. Progesterona!). En este caso no voy a hablar de una experiencia personal como tal, sino de una visión, una perspectiva que mantengo desde hace unos años y que me ha traído hasta donde estoy hoy.

Decía Helen Keller, quien se quedó ciega, sorda y muda a muy temprana edad y que se graduó con honores por la Universidad de Harvard; que solo hay algo peor que no tener vista, y es no tener una visión. Y de ello trata el post de hoy.

Si hay algo que todas las personas exitosas en el mundo y todas las historias de superación tienen en común es que todos tenían un POR QUÉ. El por qué es esa razón que te mueve a seguir adelante incluso cuando estás llorando de rabia, frustración e impotencia, y tirar la toalla no es una opción. No importa cuál sea tu por qué, lo único importante es tener uno, porque la persona con el deseo más grande es al cabo la más poderosa.
Cuando hallas ese por qué solo caben dos posibilidades: o lo logro, o me muero en el intento.

Por otro lado tenemos el segundo secreto del éxito: CREE EN TI MISMO. Realmente es algo que a algunas personas les cuesta mucho desarrollar, esa convicción de que son capaces de lograr aquello que se propongan. Y tengo un secreto para ti, si aún no has logrado lo que te proponías es porque no lo has intentado lo suficiente, el genio ha fallado más veces de las que el novato las ha intentado, ten esto en mente, porque lograr algo es solo cuestión de tiempo.

Evidentemente aquí entran muchas otras variables en juego como la constancia, la tenacidad y la capacidad de superación; pero si algo he sacado en claro después de todo este tiempo es que si tienes claro tu por qué y tienes fe en ti mismo, la constancia y el esfuerzo diario serán algo que apliques de forma instantánea, inclusive sin ser consciente.

Haz lo que para ti tenga sentido, no tiene por qué coincidir con lo que otras personas desean o lo que se espera de ti, porque si sigues atendiendo a lo que otras personas esperan que hagas vas a fracasar en tu propósito. Empezarás a gastar energía con los planes de otros en lugar de centrarte en tu verdadero sueño. Hasta puede que lo que te propongas no tenga ningún resultado, pero no por ello has de dejar de intentarlo.

Así que sé fuerte, levántate, decide cada día hacia que cumbre quieres escalar y da un paso cada vez. La suma de los días te transportará más cerca de donde mereces estar.
Confía en ti, ten fe en el camino porque al final quienes se están esforzando obtendrán su recompensa, y no hay mayor felicidad ni mayor satisfacción que de la realizarse por sí mismo.

Feliz semana.

Dr. Neurona.

Para ella

El mundo está en manos de aquellos que tienen el coraje de  soñar y correr el riesgo de vivir sus sueños. Paulo Coelho.

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Esta entrada es para ella. Es para ella por muchas razones, porque posiblemente nadie llegue a darle las gracias como de verdad se merece, porque pasará muchas horas de su vida cuidando la vida de muchos otros y realmente serán pocos los que lleguen a apreciar ese delicado trabajo y el tan grande esfuerzo que hay detrás. ¿Por qué lo sé? Porque lo he vivido a su lado…

Sí, hace más de tres años que nos conocimos y realmente conectamos a un nivel muy profundo desde el principio, son cosas que suelen ocurrir cuando te topas con alguien que ve la vida de un modo parecido y que la vive con la misma intensidad. Ella es luchadora, como muchas otras, pero mucho más que la gran mayoría.
Siempre tuvo un sueño muy claro y se dedicó a marcar cada segundo que vivía como un pequeño escalón que la llevaría más y más alto. Supo seguir cuando muchos tiraron la toalla, supo seguir cuando el camino se ponía muy muy difícil. Porque a veces es demasiado fácil caer en el desaliento cuando otros tienen más suerte o les ha ido mejor, pero ella no. Ella fue capaz de parar su vida y bajarse del mundo durante mucho mucho tiempo, ella renunció a tantas cosas que seguramente habrá algunas para las que no tendrá una segunda oportunidad. Ella lo hizo todo por sí misma, por la gente que quiere, pero sobre todo lo hizo por las vidas de las que cuidará en apenas un mes…

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Ella es Paula. La podemos llamar Dr. Progesterona o muchas otras cosas, pero en esencia ella es Paula, una mujer luchadora, uno de esos caso que inspiran a no rendirte, a no renunciar jamás, a perseguir tu sueño pese a que duela, pese a que duela mucho.

Ahora Paula lo ha conseguido, se ha superado. En una semana va a conseguir aquello por lo que lleva luchado desde que es pequeña. Va a llegar a la cima de una gran montaña, una durísima, tal vez de las más duras que vaya a escalar. Pero en el momento que salga por las puertas del Ministerio de Sanidad estará justo debajo, debajo de otra enorme montaña a la que mirará con desafío y le dirá para sus adentros “no vas a poder conmigo, voy a conquistarte”… Y lo hará, ella siempre lo hace.

Todo esto estaba pensando el martes pasado, cuando en una de tantas guardias de ginecología y obstetricia que hemos hecho juntos, la veía practicar su primera cesárea. Ainara está ahora en este mundo en parte gracias a ella.
A ella la conocí como casi una niña, y he tenido el privilegio de verla crecer. ¿Por qué escribo esto? Sé que esto no es nada, ni siquiera es un atisbo de lo que se merece, pero yo quiero darle las gracias por seguir, por ser un ejemplo, por no rendirse y por ser la mejor médico que voy a conocer, porque si tuviera que poner mi vida en sus manos, simplemente lo haría…

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Dr. Neurona.