Te lo cuento mientras despegamos…

“No sabrás todo lo que valgo hasta que no pueda ser junto a ti, todo lo que soy…” (Gregorio Marañón)

 

0240f09e3b0293cb626a80a77060e0b3

 

Saliente de guardia, esos días que saben a una mezcla de vacaciones y domingo, donde todo se permite y la libertad sabe mejor… Ver a otros compañeros mientra entran y tú te quitas el sucio pijama que llevaste toda la noche sin dormir. Y entonces el cansancio pesa, sentarse en el banco del vestuario no es una buena opción: presientes que corres alto riesgo de caer en los brazos de Morfeo y no llegar a casa para meterte entre tus sábanas blancas. Y es en ese momento, cuando todo acaba y a la vez el día empieza (cargando a tu espalda los casos clínicos de las últimas 24 horas) el mejor momento para reflexionar… La vida en el hospital comienza, con un bullicio y trasiego de gente, puertas que se abren y se cierran acompañadas de una voz que dice “¡Carpetilla!”, con la que anunciar la llegada de un paciente, en mi caso de una paciente.

Caes en la cuenta de la cantidad de dificultades que te encuentras como R1, un pequeño ser en una puerta de urgencia y un paritorio que hace lo que puede con los conocimientos que posee, con su aún timidez para no pedir en exceso, no preguntar de más, ni de menos, haciendo caso a esa regla no escrita de la medicina: primum non nocere.

La cabeza va a mil a diario, intentando captar y aprender de cada gesto realizado así como del resto del equipo. Y a veces, te sientes desbordada, sobrecargada por la situación, la presión de intentar dar más, estudiar, practicar y no alcanzar, todo ello sumado a momentos donde tus superiores exigen un poco más, poniéndote a prueba, como si cada día fuera un reto a solventar en un campo de batalla. Entonces, cuando nadie te ve, lloras… De impotencia, de rabia, de autoexigencia. Caes en la cuenta de lo que significa ser R1, quizás el año más importante y a la vez más duro de la formación como especialista.

Sin embargo, y como si de una balanza se tratase, todo en la vida tiene su Yin y su Yang para mantener  el equilibrio y en mi caso, un balance muy positivo a pesar de algunos malos momentos. En solo un mes, además de todo el manejo en la rotación pertinente y el aprendizaje adquirido, sobre todo he aprendido lo que es el trato al paciente y que la calidez con la que tratas a las pacientes en un estado tan vulnerable como es un parto, tiene repercusiones muy positivas si te lo propones.

Cuida el lenguaje y el tono, mantente cercana y entiende sus miedos… Establecer esa conexión especial en una dilatación entre madre, pareja, matrona y ginecóloga es indescriptible, más aún si el factor temporal determina que el nacimiento ocurra durante la madrugada, cuando a todos (como personas que somos), nos pesa el sueño a ratos y tratamos de combatirlo bajo dosis de café recién hecho. Agarrar una mano, una caricia, una mirada sobre una mascarilla, una voz de ánimo, son gestos comunes en tu trabajo si eres capaz de entrar en ese aura que rodea la llegada de una nueva vida, sin dejar de lado tus conocimentos y las decisiones consensuadas con el resto del equipo cuando surge algún momento de tensión.

Y el momento más gratificante aparece con la llegada de una pequeña vida al mundo, cuando esa pareja asustadiza y deseosa de conocer a su hijo te agradece tu trabajo y cuidado (e incluso se ha dado el caso de dejar algún obsequio a posteriori en paritorio). O pacientes que piden por favor, que seas quien entres con ellas a quirófano y estés en esa cirugía, dándote la mano y con ello, su vida… En ese momento no cabes en ti por las puertas, paras en la vorágine en la que te sueles encontrar y sirve para hacer autocrítica y dejar de torturarte por lo que no sabes: a la vista está que hay cosas que sí haces bien y la gente lo ve, que también es importante.

El día a día es un reto por sobrevivir velando a la vez de los demás, con casos de lo más variopinto y de distinta gravedad. Es un contacto con personal de distintos caracteres, con distinta visión y a fin de cuentas, de los que aprender y en quien apoyarte. Hay momentos de horror y otros de ternura infinita… Pero como me gusta decir: “calma, una cosa vendrá detrás de la otra”, y así, pasito a pasito, ir haciendo marcha.

No pretendas vivir en una perfección absoluta, porque elijas la especialidad que elijas, habrá momentos de todo; lo importante es que en tu fuero interno seas capaz de establecer un equilibrio, como los aviones cuando despegan y toman la altura adecuada, sin perder presión. No te dejes acobardar por las turbulencias, son parte del vuelo hasta llegar al destino y donde las recordarás como anécdotas de uno de los viajes más importantes de tu vida. Sigue volando, el destino puede ser maravilloso. Disfruta del viaje y de los pasajeros, emite la luz que te caracteriza y deja una buena estela para que cuando miren al cielo sean capaces de ver tu perfecta trayectoria.

Y a estas alturas del partido, el secreto es hacer planes sin tener la certeza de que vayan a cumplirse, pero planteados con una esperanza con la que si quieres, puedes, y luchar con determinación por algo es lo que le da sentido a todo.

Hasta la próxima, nos vemos pronto…

Dra. Progesterona.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s