¿ESPECIALIDAD, HOSPITAL O LUGAR?

Pregunta eterna de todo futuro residente. ¿Me quedo en el hospital de donde he salido o me voy fuera? ¿Prima la especialidad o el lugar? ¿Hospital grande o pequeño?

Es un capítulo personal, hay quien prefiere darle prioridad a la especialidad y otros al sitio o a una vida más cómoda después de todo el esfuerzo que ha supuesto llegar hasta aquí. Como digo, al ser un trabajo tan propio, no pretendemos convencer a ningún “R0” de nada, sólo dar las directrices sobre cómo podemos abordarlo. Me debo incluir, pues estoy en esta misma situación, así que no somos tan diferentes, querido lector.

Esto es como casi todo en la vida, estás de un lado o de otro, bien pues aquí tenemos  dos opciones: ¿prefieres especialidad o prefieres lugar?

  1. LA ESPECIALIDAD POR BANDERA.

Si eres de los míos donde lo verdaderamente importante es la especialidad allá donde fuera, lo primero que tenemos que hacer es valorar el número que tenemos y el puesto estimado a estas alturas (ya que aún el Ministerio de Sanidad no ha sacado los listados provisionales), y tras ello, contrastar con dicho puesto, a qué sitios hubiéramos tenido acceso el año anterior, del cual se dispone el censo. Con eso podemos hacernos una idea (no hay nada cierto, pues no sabemos qué podrá pasar este año en Abril) y a partir de ahí, podemos buscar el correo electrónico del hospital y servicio en cuestión o el número de teléfono, y ya para los que lo tengan cerca, desplazarnos y vivir “in situ” el ambiente del mismo. Este será un capítulo que abordaremos en próximos post.

Debemos hacer una lista lo más larga posible, con todas las opciones recogidas y ordenadas, para evitar quebraderos de cabeza cuando llegue el día crítico a las puertas de la llamada donde tendrás la cabeza sobrecargada de impresiones, emociones, preocupación y ansiedad.

Recomendaría también llevar algún “as en la manga”, me explico: a pesar de amar una determinada especialidad hasta tal punto de querer que sea nuestro futuro en los próximos 40 AÑOS, nunca está de más tener otra especialidad que también nos guste y nos atraiga igualmente ordenada por preferencia, pues nunca se sabe qué pasará en tu día de elección, sobre todo si no obtuviste un número de orden brutal para poder elegir con soltura, como es el caso.

Habrá quien te diga que o eres de quirófano o eres de una especialidad médica pura. Yo no lo veo tan claro, se pueden tener varias preferencias y no parecerse en nada; por ello, pregunta sin miedo, llama, escribe y visita hospitales, aclara tus dudas, contrasta impresiones entre un residente mayor y uno más pequeño, vive incluso la experiencia de formar parte del equipo por unos días… Vas a salvar muchas vidas de aquí en adelante, pero primero tienes que definir y enfocar la tuya; tómate el tiempo que necesites, aún te quedan varios meses…

  1. QUIERO QUEDARME EN MI CIUDAD/ QUIERO IRME FUERA.

Sin embargo, hay quien tiene muy claro que desea establecerse en los próximos 4 años en una ciudad concreta sin que la especialidad suponga ningún problema. En este punto, deberemos tener un amplio abanico de posibilidades donde nos podamos ver ejerciendo. Empezaremos de la misma manera que en el ítem anterior: valorando el puesto estimado que tenemos hasta el momento. Luego valoraremos qué especialidades podemos coger con ese número y en un sitio concreto y nos haremos una lista según preferencia.

No dejes que nadie te presione por tomar una dirección u otra, por elegir una especialidad y no otra, que no te hablen de “prestigio”: la especialidad no debe ser prestigiosa, sino la persona que se sumerge en ella y disfruta desarrollando su día a día con mimo, cuidado y pasión por las personas, así se mide el prestigio para mí.

  1. QUIERO UN HOSPITAL CONCRETO CON UNA ESPECIALIDAD CONCRETA.

Esta es la opción más arriesgada y extrema, ya que es jugar a una sola carta y generalmente haber tenido un muy buen puesto para saber que puedes optar a ella, aunque todo depende de la especialidad deseada. Pocos son los casos que conozco en esta situación, pero si alguno se encuentra en esta tesitura y si acabas de hacer el MIR, te felicito porque si te lo planteas quiere decir que has triunfado. Si aún no has hecho y te lo propones así, debes saber que suele ser complejo, pero no imposible. Te animo a que trabajes (mucho) durante tu preparación, pero a la vez valores otras posibles opciones que también te ilusionen, pues si ya es complejo obtener número para una especialidad, sumarle el hospital en particular, es una hazaña épica… Si lo deseas, persíguelo, porque sólo empeñándose se consiguen saltar los muros.

Estés en cualquiera de las situaciones, escoge por ti, valora las opciones y medítalo todo muy bien. Sólo darte una última recomendación: después de haber llegado hasta aquí, allá donde vayas no te falles a ti mism@…

Dra. Progesterona

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“Cada mañana al despertar tu cuerpo de la cama, no olvides levantar también tu entusiasmo por la vida.”

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Prioridades

Mi vida no es teorías y fórmulas. Es instinto y sentido común. Audrey Hepburn.

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A veces resulta demasiado fácil perder el contacto con la realidad cuando estudias medicina o eres médico. Prácticamente el setenta por ciento de tu vida se desarrolla en el hospital, sus inmediaciones o en tu habitación o el lugar donde estudias. Es extremádamente fácil acostumbrarse a pasar las mañanas en el hospital, haciendo prácticas y ocupar tus tardes subrayando manuales, haciendo esquemas o corrigiendo simulacros.

Siento que para muchos de nosotros, quienes venimos de una secundaria trabajada, brillante a la que tuvimos que dedicar infinitas horas para obtener el resultado suficiente en la selectividad, que hemos sido siempre los mejores de nuestras clases y que hemos pospuesto o rechazado tantas cosas para estar donde estamos; hemos aprendido de forma inconsciente, muy sutil a apartar nuestra vida real. Hemos alejado a familia, amigos y pareja de tal modo que les hemos reducido sus oportunidades de compartir tiempo con nosotros a los fines de semana o tardes libres. No han podido contarnos algo que espontáneamente se les ha pasado por la cabeza por lo mucho que teníamos que estudiar, no han podido invitarnos a tomar un café una tarde cualquiera porque era más importante saber las inserciones de las cabezas del cuádriceps o el tratamiento de la EPOC.

Nosotros, que somos ejemplo de disciplina y autoexigencia hemos logrado muchas cosas, pero a costa de qué… Muchos llegarán a un punto en sus vidas en el que serán conscientes de que no saben pasar tiempo de calidad con los demás. Tratarán de rellenar los huecos vacíos comentando cosas insignificantes o recurriendo al tema comodín: la medicina, especialmente si se reune con compañeros de igual profesión. Otros notarán pronto que necesitan algo más que la valoración externa de un profesor un examen para ser felices, entonces se pondrán metas y retos personales que los ilusione tanto como su desempeño laboral, completarán su vida y la enriquecerán con otros asuntos. Pero habrá un grupo de nosotros que ni siquiera se dará cuenta de que la obsesiva costumbre de ocupar su tiempo con algo productivo ha mermado sus relaciones sociales y que cuando el cambio se imponga como un realidad aterradora, tendrán pocos apoyos con los que contar.

La medicina, nuestras pasiones, nuestro trabajo son importantes y una parte esencial de quienes somos, pero estamos rodeados de personas que nos quieren y que hacen un esfuerzo armándose de paciencia y comprensión para servirnos de apoyo, de plataforma que sustenta nuestras ambiciones. En el fondo son ellos quienes nos permiten ser lo que queremos ser… Nuestras madres y padres que preparan nuestros alimentos, nuestra ropa, se ocupan de la limpieza para que no tengamos más que estudiar, que trabajan para que nos podamos permitir una academia que nos ayude a preparar el examen MIR; nuestros hermanos que esperan impacientes un gesto tuyo de desesperación para sacarte de ese zulo al que llamas dormitorio, e invitarte a tomar el aire. Nuestras parejas que se conforman con cuatro besos o cuatro abrazos un par de veces por semana y con suerte una comida o salida al cine cuando nos “sobra” tiempo.

Creo que hoy día es un ejercicio revolucionario dedicar tiempo a los que nos rodean, aunque sea el poco con el que cuentas, pero que sea un tiempo de calidad en el que las conversaciones no versen sobre el clima, ni sobre quién ganó no-se-qué partido de fútbol, sino conversaciones reales sobre qué nos preocupa, como fue su infancia, cuales son vuestros mejores recuerdos… Debemos aprender a valorar a los que nos apoyan, aprender a decirles cuánto agradecemos todo el esfuerzo y trabajo que dedican para nuestro bienestar, halagar a nuestra familia y nuestros amigos, hacerles regalos o tener detalles con ellos sin que haya un motivo especial, sino por estar ahí siempre, y tan callando (como diría Jorge Manrique).

Al final del todo es posible que nos recuerden por lo buenos médicos que fuimos, pero por lo que seguro nos van a recordar es por cómo fuimos como hijos, como hermanos, como pareja o como padres… El desarrollo profesional es importante, pero nadie es completamente feliz teniendo éxito si no tiene con quien compartirlo.

Dr. Neurona.

MIRando con los ojos de un NO MIR…

Como hablábamos en el post anterior, hoy trataremos de explicar qué es el MIR para personas fuera de este mundillo.

Veamos, en España la carrera de Medicina dura 6 años, actualmente 5 de ellos son de teoría y 1 de rotatorio práctico en casi todas (si no todas) las facultades. Tras todos estos años, es el momento de preparar el examen MIR, la oposición del médico para poder acceder a la especialización, pues sin él pocas son las salidas laborales que tenemos.

La preparación de dicho examen suele ser guiada en la mayoría de ocasiones por una academia en concreto, como si de un curso particular se tratase. Ellas facilitan manuales, clases, simulacros y demás material online para que te prepares, ahora sólo queda tu esfuerzo personal. Las más sonadas en España son: CTO, AMIR y Mir Asturias, que cuentan con diversas sedes en todo el país. La mayoría de opositores opta por el curso de 17 meses, el cual abarca los 9 meses del curso de 6º de carrera junto con los 8 meses restantes hasta la fecha de examen. El calendario se divide en una semana de estudio por asignatura promedio en la primera vuelta, para terminar en cuarta vuelta repasando varias asignaturas a la semana, cuando estamos a un mes de la cita. Los sábados se resumen en academia, bien con clase o conjuntamente clase y sumulacro. Los domingos son el día “sagrado” para el descanso por excelencia.

Los simulacros son exámenes de 235 preguntas, iguales al MIR, que tratan de trabajar conceptos y poner a prueba los conocimientos del opositor sobre un determinado tema. Deben saber también que pese a tener toda una montaña de manuales, papeles y demás material, esta oposición no tiene un temario fijo ni cerrado, por lo que puede aparecer cualquier cosa acerca de la medicina, por lo que no vale aprenderlo cual “papagayo” y luego cantarlo; vamos a ciegas.

Sepan también que el realizar el examen MIR no garantiza una plaza al médico y mucho menos de por vida: el cargo vitalicio médico dejó de existir hace mucho tiempo. Bien, y llegados aquí, vamos a tratar el tema del número de orden, puesto y plaza de especialidad.

El objetivo del examen es establecer un orden en función de la puntuación obtenida junto con el expediente obtenido durante la carrera, que a decir verdad, apenas cuenta unas décimas. Una vez obtenido ese número de puesto (es bastante más complejo de lo aquí contado) indicado por el Ministerio de Sanidad, se te asigna un día y turno de elección (mañana o tarde). La elección de plazas suele acontecer a mediados de Abril y por cada día, son 700 opositores los que eligen: 350 en turno de mañana y otros tantos, en el de tarde.

La elección de plaza es una cuestión del mejor postor: los que mejor puesto tienen, van adueñándose de las especialidades “más preciadas, más cotizadas o de mayor prestigio”, según el criterio de cada uno. Bien saben que para mí, todas las especialidades son iguales, todo depende del agrado y afinidad de la persona. Los números de finalización de cada especialidad suelen variar cada año, bien por la cantidad de plazas ofertadas o por el auge que tenga en esa convocatoria. Por ello el opositor debe barajar múltiples opciones y todas las posibilidades, pues puede llevarse una sorpresa para bien (en el caso de quedar aún libres ciertas plazas de la especialidad deseada) o para mal (porque ese año se haya terminado antes) el día de la elección.

El MIR es una carrera de fondo, de resistencia y no de velocidad donde entran en juego 12.000 aspirantes al año por 6000 plazas aproximadamente. Una oposición que hace que te enfrentes no a ti mismo, sino a muchas personas muy buenas, muy preparadas y donde el mínimo error se paga con varios puestos de diferencia. Ya no valen esos ánimos de “¡venga, que tú puedes, si SIEMPRE consigues todo lo que te propones!”, eso quedó de puertas para dentro, cuando te disponías a aprobar la materia que tocase durante un curso de facultad. Ahora las cosas han cambiado y te toca nadar en un océano lleno de tiburones. Y no siempre los propósitos se alcanzan a la primera.

Si eres de los que ha conseguido tocar la orilla opuesta con vida a pesar de las heridas, ENHORABUENA, has pasado lo peor; te lo cuenta alguien a quien le costó una vida y todo un cuerpo lleno de cicatrices, pero que también llegó a la orilla en una segunda travesía…

Dra. Progesterona

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La mochila que llevas

Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas. José Ortega y Gasset

Mountain ridge
Mountain viewed from Skyline Drive, Shenandoah National Park

Me gusta a veces leer biografías de personas cuya vida considero admirable por motivos científicos o humanitarios. En esta ocasión leía sobre Harvey Cushing, un tipo expléndido sin duda que me ha hecho reflexionar sobre el valor clínico que hoy tiene la medicina.

En general, para hacer un diagnóstico nos apoyamos demasiado en pruebas complementarias y un poco meno en la intución clínica. Pocos son los médicos que hoy día se dedican a hacer una exploración completa, como cabría desear, y que considero dan una información exquisita sobre el estado de nuestro paciente. Me resulta en este sentido decepcionante que la mayoría de nosotros salimos de la carrera sin competencias prácticas ni semiológicas (por más horas de prácticas que tengas asignada en el calendario académico). Por ello gran parte de nuestro desarrollo profesional va a ser condicionado estrictamente por petitorios de pruebas complementarias para suplir este déficit clínco que te deja en el cuerpo una inseguridad que a ningún médico le gusta soportar (ni reconocer).

Sé que las exploraciones clínicas, en líneas generales, son más difíciles de llevar a cabo y de comprender, en gran medida porque se necesitan unos buenos conocimientos de base fisiopatológica, pero a mi entender forma parte del romanticismo de esta profesión.

Cuando llegamos como nuevos residentes a nuestro hospital, todo el mundo espera que hagamos tareas útiles para nuestro servicio, pero lo cierto es que cuando éramos estudiantes nadie se preocupó de que aprendiéramos esos mínimos que en pocos meses se nos exigen. Nadie se preocupó de enseñarnos a explorar correctamente, de ayudarnos a pensar con criterio y utilizar nuestro bagaje de conocimientos pasivos y transformarlo en pragmatismo activo. Casi nadie nos concede recursos útiles porque ello requiere tiempo y dedicación, y lo primero escasea bastante, pero lo segundo es una auténtica rareza.

Muchas veces en este tiempo he escuchado decir que los nuevos estudiantes/ residentes  somos más inmaduros emocionalmente que las generaciones previas. En ciertos puntos puedo coincidir, pero para mí el gran problema no es la inmadurez, sino el bloqueo. Cuando terminas esta carrera inmensa en la que, en muchas ocasiones, de una patología hemos recibido una única clase interminable, poco clara y nada demostrativa de la enfermedad que trata, es muy difícil tener conceptos básicos o incluso hacerse una imagen mental del cuadro. Esto por no mencionar que la medicina, actualmente ha crecido y se ha desarrollado de forma feroz, y todos esos conocimientos que nuestros adjuntos o tutores han ido adquiriendo durante años de experiencia se nos exigen a nosotros como parte integrante de todo lo demás. Así que a mi juicio lo que ellos llaman inmadurez emocional es en realidad una suma de falta de formación práctica, déficit de formación teórica de calidad y parálisis por análisis.

Siento a día de hoy que demasiadas cosas tienen que cambiar para que un estudiante de medicina salga medianamente bien formado y con una buena base práctica de la facultad. Algo que todavía, por desgracia, creo que no está a nuestro alcance.

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Dr. Neurona.

PRIMER DOMINGO POSTMIR: ¿relax?

Amaneces tras la tormenta del día anterior; probablemente hayas despertado con una doble sensación de resaca, la del MIR y la de la fiesta de anoche. Porque a pesar de todo, la salida del examen se convierte en un momento de alegría, meta y felicidad para quienes te quieren, que te esperan entre júbilo y fiesta como si de la salida de la cárcel se tratase.

Caes en la cuenta entonces de que llegaste al final, no habrá más días de estudio, pero sí de incertidumbre, amig@… Un escalofrío te sacude la pereza de estar en la cama y te hace un nudo en el estómago: hay que meter la plantilla de examen. Y tengo miedo, sudo, me he mareado en un momento. Por la cabeza pasan todos los meses de estudio a modo de fotogramas, los resultados de los simulacros, el miedo a no estar a la altura, a no haberlo hecho bien. En el mejor de los casos, las preguntas dudadas y contestadas pueden haber sido acertadas; a lo peor, haberlas fallado y por cada 3 mal, te resten 1 de las que tienes bien. Llegados a este punto, querido lector, vamos a hacer un inciso porque a mí se me sumaban “los fantasmas” del año anterior (pues soy “repeMIR”) y el miedo de no lograrlo una segunda vez de forma consecutiva, me invadía.

Al final reúnes valor (o como en mi caso amigos para que lo hagan por ti) y metes la plantilla previo registro en alguna de las academias que existen en España. Y vacilas, clicas los números en el teclado con miedo, como si las teclas tuvieran pirañas a punto de comerte la yema de tus dedos. Transcurre lento, llegas a la pregunta 235 y tras ello, a la pestaña <<ENVIAR>>. Es el momento más aterrador…

Pasan segundos que parecen años, los ojos están como platos y entonces aquí tenemos 3 finales alternativos:

  1. DRAMA.

Éste me lo conozco, pues me tocó vivirlo el año pasado. Es ese momento en el que la pantalla muestra una tabla que recoge tus resultados y bajo ella, el puesto estimado y el rango en el que existe la posibilidad de estar según la academia en cuestión. Y ves un número que sobrepasa tus expectativas y necesidades (según los últimos números con los que se pilló la especialidad deseada en años anteriores). Todo se te ha vuelto negro de repente, has caído en un hoyo y sabes que con ello poco puedes hacer. Lloras, sientes una mezcla de decepción, frustración y vergüenza, por qué no decirlo. Pero intentas aferrarte a las anulaciones, impugnaciones y demás, que trataremos en otro post.

2. INCERTIDUMBRE.

En este caso, tu puesto está en “el limbo”, es decir a medio camino entre poder coger la especialidad o no según el año. Es por ello que cuando tus familiares y amigos preguntan sobre el resultado del examen, no sabes qué decirles: “pues no sé si me dará para la especialidad que quiero, tengo que esperar”. Y ellos, no te preocupes, que no van a entender la respuesta porque insisten en preguntarte si “has aprobado o no”… Tú di que sí, porque es verdad que has pasado el corte, ellos se quedan tranquilos y tú no te irritas. También trataremos en otro post cómo hacer entender el resultado para personas ajenas al mundo MIRero, paciencia.

  1. ALEGRÍA.

Es la situación menos frecuente pero más gratificante, todo sea dicho. En la pantalla refleja un buen puesto y número estimado, con el que sabes a ciencia cierta que te dará para la especialidad que quieres y si me apuras, hasta en el sitio que deseas. Estás radiante de felicidad, orgullo y satisfacción y no puedes dejar de compartirlo con los que te rodean, que del mismo modo, lo celebran. Lloráis, os abrazáis de felicidad y entre risas nerviosas se escapa eso de “ha merecido la pena”.

Estés en cualquiera de las 3 situaciones, querido amigo, como personita que se ha presentado 2 veces a esta oposición, sólo puedo decirte ENHORABUENA, eres un RESISTENTE de la tempestad, eres más fuerte de lo que jamás hayas imaginado y mereces todo mi respeto. No te dejes llevar por el vértigo del primer resultado en pantalla y vamos a analizar poco a poco la situación. ¿Me acompañas?

“No fuiste valiente por todo aquello que dejaste atrás, sino porque diste el paso sabiendo que podías equivocarte.”

Dra. Progesterona

Declaración de intenciones

Muy buenas,

Mi nombre es Jorge. Actualmente estudio sexto de carrera y preparo el MIR en primera vuelta. Esta es mi primera entrada al blog y la verdad es que podría haber elegido algo más romántico sobre lo que escribir, pero como se dice no hay una segunda oportunidad para una primera impresión y las buenas primeras impresiones se crean en la presentación.

La verdad es que no sé muy bien que esperar de este proyecto. Llevo tiempo escribiendo un diario que más que eso podría titularse “cuaderno de reflexiones” porque es ahí, poniendo mis pensamientos por escrito, donde puedo analizarme, detectar en qué puntos tengo que cambiar de actitud, y donde también puedo ser creativo. Por ello, mientras leía algunas páginas de mi diario pensé que podría escribir igual, pero compartirlo en público, contigo. No sé dónde nos llevará esta tarea de expresar qué siento, pienso o experimento sobre mi vida, sobre la medicina, sobre lo que espero sea mi futuro… Pero ¿por qué no intentarlo y ya vamos viendo?

Esto es un experimento en toda regla, espero leerme en un futuro y recordar este presente que uno vive casi de forma inconsciente y acelerada, pero que en algún punto de nuestra vida tendrá sentido como cada simple eslabón  de una cadena.

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Este soy yo, casi médico, viajero y un viviente apasionado que abraza cada regalo de la vida y cada día como una nueva oportunidad para crecer y ser un poquito mejor. Soy buen cocinero, buen amante (creo) y presumo buena persona. Me fascina leer, aunque soy un poco selectivo, pero con igual placer disfruto de la música, de la compañía de mi familia y amigos y, por supuesto, del amor de los animales. Allí donde haya aventura me encontrarás. Soy todo eso y muchas otras cosas, al igual que tú.

Nos vemos en el camino.

Dr. Neurona.

FEBRERO + MIR: día D y hora H.

Llega Febrero, el frío y el MIR. La última vuelta se ha convertido en un reto y una carrera contrarreloj por priorizar de forma extrema temas que casi seguro sabes que caerán en alguna de esas 235 preguntas del examen… Los días suelen pasar bastante rápidos y no hay excesivo tiempo para detenerse en parsimonias, porque ya se sabe, tiempo perdido son netas perdidas. Tus semanas se resumen en repasar varias asignaturas, desgloses y corrección de simulacro, y para los más afortunados, sacar aún algo de tiempo al día para despejarse al final de toda la batalla, cuando sientes que la cabeza está a punto de estallar. En resumen: repasar, comer y dormir. Lo del dormir ya va costando cada vez más trabajo, controlar las pulsaciones es otro reto añadido e intentar no perder los nervios, ya es el toque maestro.

Y entre este ir y venir, nos plantamos en el sábado anterior al MIR, es decir, el ÚLTIMO SIMULACRO. Esto resuena en  tu cabeza como si de una cueva se tratara, intenta minarte e intimidarte por el hecho de ser en la sede oficial y el simulacro más parecido al día D y la hora H. Te colocas en la puerta del aula que se te ha asignado, sacas el DNI y esperas atento a oír tu nombre. Entras en la sala y la persona pertinente te asigna un sitio donde debes colocarte. Irremediablemente, pese a intentar estar lo más tranquilo posible, las piernas te tiemblan, miras a tus compañeros y la mente trata de escaparse a esa última asignatura que repasaste ayer tarde o esta mañana. Sacas el reloj, la botella de agua, los bolígrafos y algún que otro amuleto, porque a estas alturas, toda ayuda nos va bien. El tema amuletos es de lo más diverso: fotos, estampitas, pulseras, bolígrafos con mensaje o de algún color en especial… Todo por crearnos una seguridad, no racional, pero tranquilizadora para cada opositor.

El aula se ha llenado, las puertas se cierran y comienzan a repartir el examen. No debe abrirse hasta que todos los compañeros tengan el suyo, así que esperas impacientemente (todo sea dicho) hasta que oyes eso de: “comienza el examen; disponen de 5 horas para su finalización. No pueden salir del aula ni en la primera hora ni la última media hora.”

Entonces abres el simulacro, te cercioras de que dispones de todas las páginas e imágenes, y una vez hecho esto, yo personalmente tenía una pequeña manía, señalaba mis bloques para establecer pequeñas paradas para descansar, beber agua, salir al baño y pasar la plantilla: pregunta 35 hasta 90, de la 91 a la 140, de la 141 a la 190, de la 190 a la 235 + imágenes). Esto me ayudaba a controlar mi tiempo.

El simulacro acaba, son las 21:00h de un sábado, del sábado antes de la gran cita. La sensación de es estar metido en una espiral, a punto de salir, pero no sabes por dónde. Y estás cansado, también, muy cansado. Y caes en la cuenta de que son 7 días los que quedan de los últimos de 7 meses desde el inicio de la 2º vuelta, la vital e importante, la más larga y con el verano de por medio que quedó atrás mientras todo esto parecía lejos. Y ya estás, has llegado, pero te quedan las últimas asignaturas por repasar e intentar “meter a presión”, los últimos desgloses y corregir el último simulacro, que dicen ser el más similar.

Llegas al inicio de la semana en cuestión y claro, sentimientos y sensaciones hay tantas como opositores se presentan a la prueba: está el que dice “comerse el mir” (el sobrao de turno), el que llora ante lo mínimo (el agobiao), el paranoico (pues yo creo que van a poner esto porque lo han preguntado en 3 de los 4 últimos simulacros), el que es fiel a su amiga ISI (¿y si ponen esto?, ¿y si ponen esto otro?), el distante (se quita todas las redes sociales, apaga el móvil y se encierra entre 4 paredes las 24 horas)… Somos una especie aparte, hay que reconocerlo. Y entre el dilema existencial que vives día a día, llega el sábado, sí EL SÁBADO, porque no es uno cualquiera, sino tu DÍA MIR. La academia te habrá dicho que no estudies la tarde de antes ni la mañana del examen, para evitar crearte un estado de mayor ansiedad del que llevarás. Algunos lo cumplirán, otros no. Sea como fuere, preparas reloj, agua, 1 ibuprofeno o paracetamol, pañuelos de papel, el DNI (esta habrá sido probablemente la semana de la “psicosis del DNI”: habrás mirado si lo tienes en la cartera cada media hora, porque sabes que es la vía de entrada para poder presentarte), bolígrafos (seamos razonables, por favor, no nos colemos con 24 bics multicolor) y los amuletos.

Entonces llegas al sitio correspondiente, con más miedo que vergüenza, el tiempo pasa y la hora se acerca… Se respira tensión, ganas, ánimo y emoción. Se mezclan ojos brillantes y últimos abrazos y besos de ánimo ante la gran batalla; te tiemblan las piernas y te meas, sí, así que es mejor pasar por el aseo antes de empezar, es un consejo práctico. Encuentras caras conocidas que saludas, llegas a la puerta del aula y comienza el mismo ritual que en el último simulacro. La diferencia estriba en que una vez dentro del aula, debes pasar por el vocal de la mesa, comprueba tu DNI, te asigna en el listado la señal de presentado y te ubica. El aula se llena, se leen las órdenes, algunos preguntan diversas cosas. Se abren las cajas de examen y empiezan a ser repartidos junto con la plantilla de respuestas y el cuadernillo de imágenes: todo viene nominado con tu nombre, apellidos, DNI, número de expediente, número de mesa y versión del examen.

Vuelves a oír eso de “comienza el examen, disponen de 5 horas para su finalización. No pueden salir del aula ni en la primera hora ni la última media hora.” Entonces abres el examen, compruebas que vienen todas tus preguntas, miras el cuadernillo de imágenes, compruebas la versión y firmas la plantilla (mejor hacerlo al principio porque si no, se olvida y sin firma no es válido).

Entonces comienza la batalla, y luchas, luchas cada una de las 235 preguntas con sudor y a veces lágrimas también. “El MIR es un examen que se hace con incertidumbre” te habrán contando alguna vez, pero no eres consciente de cuanto hasta que tu plaza y puesto está en juego. Y llega un momento que no vale retraerse, en este examen no habrá posibilidad de volver atrás, lo que se marca, se queda y hay que seguir la intuición. Tu cabeza es una olla a presión: cada enunciado un mundo, cada pregunta contestada con incertidumbre va seguida de un escalofrío y una voz que dice ¡VAMOS, SIGUE!

El examen termina, se oye bullicio fuera, tienes una sensación rara y no estás seguro de lo que has marcado, pero has hecho todo lo posible. Entregas tu plantilla y te devuelven la copia, la guardas junto con el cuadernillo de examen e imágenes. Sales, respiras, te abrazan y abrazas…

Mañana será otro día, por hoy descansa porque te lo has ganado.

Dra. Progesterona