Lo que no ves…

“La mayoría de los días del año no tienen nada de especial, comienzan y acaban sin dejarnos recuerdos perdurables en la memoria; la mayoría de los días no tienen ningún impacto sobre el transcurso de una vida”.

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Un día, esa sucesión de 24 horas que avanzan imparables para enseñarte cosas desconocidas hasta entonces, esa infinidad de minutos en los que captar cada detalle y gesto a tu alrededor… Apenas hace una semana que comenzó la verdadera locura que elegí aquel 22 de abril de 2016, motivada por las ganas de encontrarme donde estoy. Una semana de resistencia, de adaptación, de subsistencia, de sentirte en terreno pantanoso con arenas movedizas en más de un momento y sobre todo, de conocer a mucha gente, cada quién con sus manías, penas y alegrías.

Una semana donde el ritmo frenético del aprendizaje, del querer abarcar y avanzar ha hecho a ratos aparcar mi esencia, pero no abandonarla: jamás. Ese sentimiento eléctrico de adrenalina ante momentos de tensión, de novedad, de aprender a hacer; ese sabor de las primeras guardias intentando no dormirte,  de retomar el estudio, pero esta vez aplicado a tus pacientes… También y por qué no decirlo, el miedo a no hacerlo bien, a no saber sobrellevar la situación, desesperación ante la burocracia hospitalaria para llevar el “primum non nocere” por bandera, pensando que al igual que las muñecas rusas, no tienes en juego a una persona, sino dos.

Nadie dijo que los comienzos serían fáciles y cada día me recuerdo que los grandes finales requieren grandes riesgos, pero a pesar de todo, ese sexto sentido ha estado presente bajo la nebulosa de inseguridad ante lo nuevo y desconocido. Porque es gratificante e increíblemente maravilloso que se te erice la piel a las 4 de la madrugada al traer una vida al mundo. En esos momentos en los que los párpados te pesan y las piernas más aún y a sabiendas de que te quedan horas para terminar el turno, es entonces cuando aparentemente sin apreciarlo, esa sensación vuelve mientras acompañas a una mujer en uno de los momentos más impactantes de su vida y donde conocer a una nueva personita.

Me encanta saber que cada día de trabajo, tengo la suerte de conocer a alguien nuevo, alguien que viene al mundo y estoy (con mis manos aún torpes) junto al resto de un equipo para recibirlo, velando de que todo vaya bien. Una técnica quirúrgica se aprende, la felicidad  y la plenitud en ese momento, deben venir de serie… Entonces te da igual que sean las 4 de la mañana, esbozas una sonrisa y dices “enhorabuena”, terminas tu trabajo y sales por el pasillo, donde a esas horas nadie te ve, donde a esas horas nadie puede apreciar tu sonrisa, pero sí tus ojeras visibles tras 20 horas sin dormir, a pesar de ser de las que piensa que también se puede sonreír con la mirada.

Y no todo son recibimientos al nuevo mundo, hay urgencias, hay anécdotas, hay malas y peores noticias… Pero todo forma parte del juego. Saber sortear, saber avanzar y aprender, depende de ti, de tus ganas día a día para aprender y también, de lo que tus mayores te enseñen. Nadie nace sabiendo, somos hojas en blanco que poco a poco se van escribiendo con lápiz para borrar los tachones, así que necesitamos aprender a base de intentarlo con buenos maestros que tengan comprensión en nuestros comienzos. Porque ahí, en todas esas piedras, se encuentra nuestra fortaleza…

Te dirán que es la motivación del R1, que pronto pasará… No dejes que se pase nunca y sé capaz de leer y ver más allá de lo plasmado en un papel. Computa cada guardia como 24 horas de aprendizaje donde al menos hayas tenido 4 carcajadas de las que te quitan el aire, 6 consejos recibidos para ser mejor persona, 8 escalofríos de emoción y perenne la energía positiva y la sonrisa, aunque a veces cueste.

Nos empeñamos en buscar la felicidad cada día. Y no nos damos cuenta que es ella quien tiene que encontrarnos. Y eso será donde menos te lo esperas… Lo que importa es que estás tocando con la yema de los dedos, eso que has estado soñando toda tu vida. Y ya sólo importa el hoy, el presente, y lo que queda por vivir, aunque no se puede borrar lo que ya esta escrito. Y porque la vida, es lo que te sucede, mientras tú tratas de hacer otra cosa…

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“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo.” 😉

Dra. Progesterona

 

El principio de todo

“La mente lo es todo. En lo que piensas te conviertes.” Buddha.

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Ahora que ya todo ha terminado quizás te paras a reflexionar cómo es que ha pasado el tiempo de esta forma tan indecisa en la que, a veces, no eras capaz de ver el fin, y otras veces un acelerón súbito te transportaba hacia adelante.

Han pasado 6 años desde que pisase por primera vez el Hospital Universitario Virgen Macarena, un lugar demasiado ajeno en ese entonces y un ahora quizás demasiado familiar. Hace algo más de dos semanas que asistí a mi última práctica. Recuerdo salir del hospital ese último día con mi bata en la mano, mirar hacia arriba y sentir como un escalofrío recorría mi piel… En algún sentido he llegado a considerarlo mi casa. Al cabo tu casa no es un lugar, sino las personas que lo habitan, y por esta casa de 6 años han pasado personas admirables que han estudiado junto a mí esta maravillosa carrera, y otras tantas que, con su experiencia y conocimientos, nos han llevado de la mano para transformarnos de estudiantes a médicos.

Muchos de ellos ni siquiera sabían que pensaba en esto cuando los saludaba por última vez en un pasillo, de forma casual… cotidiana. No eres capaz de decirles que es muy probable que no volváis a coincidir, pero tal vez la mejor despedida sea aquella que no se hace.

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Nos graduamos, ¡y de qué forma! Al margen de la belleza de la ceremonia en sí, compartir el momento en que se hace oficial tu sueño con tu familia, tu amigos, tus maestros es algo realmente mágico. Todos ellos conocen por donde has pasado y lo que supone para ti. En mi caso, recibí la beca amarilla que me titulaba como Graduado en Medicina y Cirugía de las manos de la Dr. Progesterona. Todavía se me eriza la piel cuando recuerdo el momento en que me nombraron, subí a la plataforma del Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla y vi a Paula con mi beca. Realmente muchos recuerdos y sentimientos colapsaron. Mi amiga, mi maestra en incontables ocasiones, una Dra admirable tanto personal como profesionalmente, me pasaba aquel 28 de mayo el testigo. Una médico honrando a otro en una sucesión demasiado ceremonial, pero aún más íntima para nosotros. Finalmente, y con más de 2.000 personas observando, nos abrazamos y ambos rompimos a llorar.

De allí salí siendo oficialmente médico, pero no me sentí más médico que unas horas antes o que, incluso, 6 años antes. Realmente no sé cuándo empecé a serlo o si dejaré de serlo alguna vez. Lo que sí sé es con quienes cuento, quienes son mi verdadera familia tanto de sangre como por elección. Sé quienes me han ayudado a despertarme, a levantarme o a traerme de vuelta con los pies al suelo. Aquellas personas con las que eres capaz de soñar en voz alta y que te inspiran a convertirte en lo que realmente eres.

Pues sí… Graduado, al fin. Y médico orgulloso. En el fondo siempre supe que lo conseguiría, porque la fe y la convicción son algo muy parecido que nacen de lugares parecidos. Lei por algún sitio que ganar solo está al alcance de aquellos que están dispuestos a ponerse de rodillas, y yo me he arrodillado muchas veces por esta gran pasión, y seguiré haciéndolo cuanto sea necesario.

Ahora que todo a terminado vuelves a empezar, con ganas, con ilusión, con pasión… Y siempre acompañado de todos aquellos que supieron estar a tu lado, creyeron en ti y lucharon por tu sueño. Ahora que conquistaste la cima y disfrutas de las vitas lo haces el tiempo justo para fijar tu objetivo en otra cumbre. Ahora que todo termina…

naranjo12

EMPEZAMOS.

Dr. Neurona.