Te lo cuento mientras despegamos…

“No sabrás todo lo que valgo hasta que no pueda ser junto a ti, todo lo que soy…” (Gregorio Marañón)

 

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Saliente de guardia, esos días que saben a una mezcla de vacaciones y domingo, donde todo se permite y la libertad sabe mejor… Ver a otros compañeros mientra entran y tú te quitas el sucio pijama que llevaste toda la noche sin dormir. Y entonces el cansancio pesa, sentarse en el banco del vestuario no es una buena opción: presientes que corres alto riesgo de caer en los brazos de Morfeo y no llegar a casa para meterte entre tus sábanas blancas. Y es en ese momento, cuando todo acaba y a la vez el día empieza (cargando a tu espalda los casos clínicos de las últimas 24 horas) el mejor momento para reflexionar… La vida en el hospital comienza, con un bullicio y trasiego de gente, puertas que se abren y se cierran acompañadas de una voz que dice “¡Carpetilla!”, con la que anunciar la llegada de un paciente, en mi caso de una paciente.

Caes en la cuenta de la cantidad de dificultades que te encuentras como R1, un pequeño ser en una puerta de urgencia y un paritorio que hace lo que puede con los conocimientos que posee, con su aún timidez para no pedir en exceso, no preguntar de más, ni de menos, haciendo caso a esa regla no escrita de la medicina: primum non nocere.

La cabeza va a mil a diario, intentando captar y aprender de cada gesto realizado así como del resto del equipo. Y a veces, te sientes desbordada, sobrecargada por la situación, la presión de intentar dar más, estudiar, practicar y no alcanzar, todo ello sumado a momentos donde tus superiores exigen un poco más, poniéndote a prueba, como si cada día fuera un reto a solventar en un campo de batalla. Entonces, cuando nadie te ve, lloras… De impotencia, de rabia, de autoexigencia. Caes en la cuenta de lo que significa ser R1, quizás el año más importante y a la vez más duro de la formación como especialista.

Sin embargo, y como si de una balanza se tratase, todo en la vida tiene su Yin y su Yang para mantener  el equilibrio y en mi caso, un balance muy positivo a pesar de algunos malos momentos. En solo un mes, además de todo el manejo en la rotación pertinente y el aprendizaje adquirido, sobre todo he aprendido lo que es el trato al paciente y que la calidez con la que tratas a las pacientes en un estado tan vulnerable como es un parto, tiene repercusiones muy positivas si te lo propones.

Cuida el lenguaje y el tono, mantente cercana y entiende sus miedos… Establecer esa conexión especial en una dilatación entre madre, pareja, matrona y ginecóloga es indescriptible, más aún si el factor temporal determina que el nacimiento ocurra durante la madrugada, cuando a todos (como personas que somos), nos pesa el sueño a ratos y tratamos de combatirlo bajo dosis de café recién hecho. Agarrar una mano, una caricia, una mirada sobre una mascarilla, una voz de ánimo, son gestos comunes en tu trabajo si eres capaz de entrar en ese aura que rodea la llegada de una nueva vida, sin dejar de lado tus conocimentos y las decisiones consensuadas con el resto del equipo cuando surge algún momento de tensión.

Y el momento más gratificante aparece con la llegada de una pequeña vida al mundo, cuando esa pareja asustadiza y deseosa de conocer a su hijo te agradece tu trabajo y cuidado (e incluso se ha dado el caso de dejar algún obsequio a posteriori en paritorio). O pacientes que piden por favor, que seas quien entres con ellas a quirófano y estés en esa cirugía, dándote la mano y con ello, su vida… En ese momento no cabes en ti por las puertas, paras en la vorágine en la que te sueles encontrar y sirve para hacer autocrítica y dejar de torturarte por lo que no sabes: a la vista está que hay cosas que sí haces bien y la gente lo ve, que también es importante.

El día a día es un reto por sobrevivir velando a la vez de los demás, con casos de lo más variopinto y de distinta gravedad. Es un contacto con personal de distintos caracteres, con distinta visión y a fin de cuentas, de los que aprender y en quien apoyarte. Hay momentos de horror y otros de ternura infinita… Pero como me gusta decir: “calma, una cosa vendrá detrás de la otra”, y así, pasito a pasito, ir haciendo marcha.

No pretendas vivir en una perfección absoluta, porque elijas la especialidad que elijas, habrá momentos de todo; lo importante es que en tu fuero interno seas capaz de establecer un equilibrio, como los aviones cuando despegan y toman la altura adecuada, sin perder presión. No te dejes acobardar por las turbulencias, son parte del vuelo hasta llegar al destino y donde las recordarás como anécdotas de uno de los viajes más importantes de tu vida. Sigue volando, el destino puede ser maravilloso. Disfruta del viaje y de los pasajeros, emite la luz que te caracteriza y deja una buena estela para que cuando miren al cielo sean capaces de ver tu perfecta trayectoria.

Y a estas alturas del partido, el secreto es hacer planes sin tener la certeza de que vayan a cumplirse, pero planteados con una esperanza con la que si quieres, puedes, y luchar con determinación por algo es lo que le da sentido a todo.

Hasta la próxima, nos vemos pronto…

Dra. Progesterona.

Lo que no ves…

“La mayoría de los días del año no tienen nada de especial, comienzan y acaban sin dejarnos recuerdos perdurables en la memoria; la mayoría de los días no tienen ningún impacto sobre el transcurso de una vida”.

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Un día, esa sucesión de 24 horas que avanzan imparables para enseñarte cosas desconocidas hasta entonces, esa infinidad de minutos en los que captar cada detalle y gesto a tu alrededor… Apenas hace una semana que comenzó la verdadera locura que elegí aquel 22 de abril de 2016, motivada por las ganas de encontrarme donde estoy. Una semana de resistencia, de adaptación, de subsistencia, de sentirte en terreno pantanoso con arenas movedizas en más de un momento y sobre todo, de conocer a mucha gente, cada quién con sus manías, penas y alegrías.

Una semana donde el ritmo frenético del aprendizaje, del querer abarcar y avanzar ha hecho a ratos aparcar mi esencia, pero no abandonarla: jamás. Ese sentimiento eléctrico de adrenalina ante momentos de tensión, de novedad, de aprender a hacer; ese sabor de las primeras guardias intentando no dormirte,  de retomar el estudio, pero esta vez aplicado a tus pacientes… También y por qué no decirlo, el miedo a no hacerlo bien, a no saber sobrellevar la situación, desesperación ante la burocracia hospitalaria para llevar el “primum non nocere” por bandera, pensando que al igual que las muñecas rusas, no tienes en juego a una persona, sino dos.

Nadie dijo que los comienzos serían fáciles y cada día me recuerdo que los grandes finales requieren grandes riesgos, pero a pesar de todo, ese sexto sentido ha estado presente bajo la nebulosa de inseguridad ante lo nuevo y desconocido. Porque es gratificante e increíblemente maravilloso que se te erice la piel a las 4 de la madrugada al traer una vida al mundo. En esos momentos en los que los párpados te pesan y las piernas más aún y a sabiendas de que te quedan horas para terminar el turno, es entonces cuando aparentemente sin apreciarlo, esa sensación vuelve mientras acompañas a una mujer en uno de los momentos más impactantes de su vida y donde conocer a una nueva personita.

Me encanta saber que cada día de trabajo, tengo la suerte de conocer a alguien nuevo, alguien que viene al mundo y estoy (con mis manos aún torpes) junto al resto de un equipo para recibirlo, velando de que todo vaya bien. Una técnica quirúrgica se aprende, la felicidad  y la plenitud en ese momento, deben venir de serie… Entonces te da igual que sean las 4 de la mañana, esbozas una sonrisa y dices “enhorabuena”, terminas tu trabajo y sales por el pasillo, donde a esas horas nadie te ve, donde a esas horas nadie puede apreciar tu sonrisa, pero sí tus ojeras visibles tras 20 horas sin dormir, a pesar de ser de las que piensa que también se puede sonreír con la mirada.

Y no todo son recibimientos al nuevo mundo, hay urgencias, hay anécdotas, hay malas y peores noticias… Pero todo forma parte del juego. Saber sortear, saber avanzar y aprender, depende de ti, de tus ganas día a día para aprender y también, de lo que tus mayores te enseñen. Nadie nace sabiendo, somos hojas en blanco que poco a poco se van escribiendo con lápiz para borrar los tachones, así que necesitamos aprender a base de intentarlo con buenos maestros que tengan comprensión en nuestros comienzos. Porque ahí, en todas esas piedras, se encuentra nuestra fortaleza…

Te dirán que es la motivación del R1, que pronto pasará… No dejes que se pase nunca y sé capaz de leer y ver más allá de lo plasmado en un papel. Computa cada guardia como 24 horas de aprendizaje donde al menos hayas tenido 4 carcajadas de las que te quitan el aire, 6 consejos recibidos para ser mejor persona, 8 escalofríos de emoción y perenne la energía positiva y la sonrisa, aunque a veces cueste.

Nos empeñamos en buscar la felicidad cada día. Y no nos damos cuenta que es ella quien tiene que encontrarnos. Y eso será donde menos te lo esperas… Lo que importa es que estás tocando con la yema de los dedos, eso que has estado soñando toda tu vida. Y ya sólo importa el hoy, el presente, y lo que queda por vivir, aunque no se puede borrar lo que ya esta escrito. Y porque la vida, es lo que te sucede, mientras tú tratas de hacer otra cosa…

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“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo.” 😉

Dra. Progesterona

 

Debes ser real…

“A los cirujanos se les educa para ser invulnerables. Es muy difícil que nos expongamos, porque sabemos exactamente qué tan profundas pueden ser algunas lesiones. Pero la vulnerabilidad no es lo opuesto a la fortaleza. Es una parte necesaria. Tenemos que obligarnos a abrirnos, a exponernos, a ofrecer todo lo que tenemos y esperar que sea suficiente. Si no… Nunca tendremos éxito.” (Anatomía de Grey)

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Llegas a un nuevo lugar, con la maleta cargada de material, ganas, sueños, emoción e incertidumbre tal vez… Pero sin saber lo que la vida espera de ti ni pretende darte cuando tomes la primera curva, como si de una escalera de caracol se tratase. Dicen que las apariencias engañan, y sin embargo, también es la primera impresión la que cuenta, de ahí que ser natural sea el principio de todo.

Entonces te das cuenta de la fortuna que tienes: por un lado, aquéllos que se quedaron en el puerto de partida pero siguen contigo (jamás los dejarás ir) como esas manos que van separadas un palmo de tu espalda esperando a sostenerte si tienes un resbalón. Oír a los que tienes lejos acorta la distancia a la mitad y carga los ánimos al doble de capacidad: la distancia impide los abrazos pero impide olvidar la voz y el cariño.

Luego están aquéllos a los que encuentras en el puerto de llegada, a los que conoces de nuevas… Tan perdidos, tan pequeños como tú, donde todo comienza con un sencillo “¡Hola!”, lo demás, es cuestión de seguir hablando y mostrarte tal cual. Miras, ríes y sonríes, cuentas y te cuentan… Las acogidas tan cálidas hacen todo más fácil y entonces te das cuenta de que no te has equivocado. Las elecciones a ciegas tienen en ese puntito de locura y también un punto de valentía. Quien no se arriesga, no gana y todo lo que necesitas es empezar…

La transición es el movimiento de una parte de la vida a otra. Y aunque creas que estás en un túnel oscuro que te asusta, debes salir por el otro lado, porque lo que te espera puede ser maravilloso; adelante.

Dra. Progesterona

Lo difícil en la vida es la elección…

Perderse puede tener su encanto. No siempre podemos controlar lo que va a dejarnos a la deriva. Y mientras te quedas en el porche mirando la vida que estás a punto de dejar atrás, tienes que aceptar que se ha ido, se ha perdido igual que tú. Lo único que puedes hacer es quedarte quieto, respirar hondo y aceptar el rumbo hacia el que te llevará el viento… (Anatomía de Grey)

Niña en la playa- Sorolla

Y el día llegó, ese con el que habíamos soñado infinidad de veces, tanto que no fui consciente realmente de ello hasta pasar justo por delante del Ministerio de Sanidad el día antes de mi elección de plaza. Apenas faltaban 24 horas y fueron eternas; el tiempo parecía no correr y la emoción y ansiedad poco a poco se iban apoderando de mí. Controlaba el tiempo entre fotografías en la capital hasta que llegaba el momento del final de turno, donde actualizaba las plazas vacantes y mi eterna lista, que nunca pensé que me sería de tanta ayuda…

Mi llamamiento estaba estimado para ese viernes a las 15:00 en la calle lateral del Ministerio y de cuyos alrededores brotaba la gente como una marabunta, todos hacia el mismo sitio y con las mismas caras: unos reían de forma nerviosa, otros se movían de un lado a otro de la calle o saludaban a algún compañero que debía entrar en el mismo turno a escoger su plaza. Eran caras de nervios y expectación ante lo desconocido. La hora se acercaba y seguías a la multitud, porque tú podías equivocarte, pero seguro que 350 personas no, así que decidí seguirlos… Me despedí de mis familiares en la puerta entonando un “¡a por ella!”. De mi lista original aún me quedaban 3 plazas de mi primera opción, 1 plaza de mi 3ª opción, otra de mi 6ª opción y mi 7ª, 8ª y 9ª opción también estaban intactas… No tenía mal número y sinceramente, sin que suene altivo, habiendo visto cómo iban discurriendo las asignaciones de la especialidad deseada, entré convencida de que podría llevarme mi primera opción.

Tras encontrar a algunas personas conocidas, empezó a sonar la megafonía, donde nos explicaban cómo debíamos acceder a la sala. Tras 3 controles con su escaneo correspondiente de las pertenencias, accedí y me senté en el lugar asignado, con el tocho de hojas donde se reflejaban las plazas aún disponibles de las distintas especialidades. Para hacer tiempo y no ponerme más nerviosa de lo que estaba, me dispuse a marcar mis opciones, pasar papeles una y otra vez me relajaba. Ya no era como aquellos exámenes de facultad en los que repasabas tus puntos flacos justo al entrar al aula, ahora sólo me quedaba subir al estrado con la suerte de que los demás no quisieran mi especialidad y sitio, ahora no dependía de mí únicamente…

Tras la explicación de cómo debíamos proceder a la asignación, por fin la lista comenzó a correr. Era consciente de que hasta llegar a mi número debía ver pasar y oír los deseos de 109 personas antes que yo, y la verdad es que daba respeto. Intenté mantener la calma y cada vez que oía una plaza de lo mío, temblaba… Una no sabe si los planetas se alinean o son cosas del destino, pero la mala suerte estuvo jugando conmigo un buen rato a partir de entonces: me quitaron la plaza de mi 3ª opción en lista, después mi 6ª y dos plazas de mi 1ª opción.

Sentía mucho calor, temblaba y la tensión estaba segura que me había subido en cuestión de minutos. Me quedaban 12 puestos y una sola plaza de mi especialidad y en el sitio que quería… Entonces oí mi llamamiento, cerraba la tanda de 10 personas en el estrado con un número acabado en 60. Sólo pedía por favor que no me pisaran lo mío. Subí entonces, y a la cola de compañeros, preguté a las funcionarias del comienzo de la mesa la disponibilidad de plazas justo en el sitio de mi primera opción por asegurarme de que con los nervios, no se me hubiera pasado ninguna. Nunca se me olvidará la cara de horror de esa señora cuando me miró y me dijo: “Acaban de preguntarme por ella en esta tanda… Ten a mano tu 2ª opción. Suerte”. En efecto sólo quedaba una plaza en dicho lugar y sus palabas habían resonado en mi cabeza sin podérmelo creer… Le di las gracias pero mi cara seguro que no reflejaba la misma alegría con la que se lo había preguntado.

“¿Cómo podía ser? ¡¡No tengo 2ª opción, me acaban de pisar todo hasta mi 7ª!! ¿Le habrán preguntado por otra plaza en el mismo hospital y es una confusión?”-pensé, bastante ilusa por mi parte.

Entonces ocurrió, la mayor desgracia que puede tener un opositor MIR con un número de orden más que aceptable: que le quiten la especialidad y en el sitio deseado, justo la persona cuyo número terminaba en 55 (5 puestos antes del mío). Entonces mi mundo se derrumbó: disponía de apenas unos minutos (exactamente fueron 3 minutos) para decidir dónde quería ir. “¿¿Qué hago??, ¿dónde voy? y ahora ¿qué?”- fueron mis 3 primeros pensamientos. Ya no oía la megafonía, ni lo que cogían los compañeros delante, temblaba y me costaba mantenerme en pie… Debía ser el día más feliz de mi vida y lo estaba viviendo como mi mayor pesadilla después de un duro trabajo de 2 años de MIR. No me lo creía, me sentía desnuda delante de 140 personas que aún estaban sentadas en aquellos sillones azules…

Traté de hacerme el mapa mental que tantas veces había retocado, visualicé qué sitios me habían quitado y cuáles me quedaban, los hospitales a los que no quería ir, barajé las conexiones de las distintas ciudades y sobre todo, intenté verme viviendo en cada una de ellas. Es un camino para 4 años y casí tenía que tomarlo a la ligera, justo lo que quería evitar. Entonces caí en la cuenta de que con los nervios y las prisas al levantarme de mi asiento, llevaba en mi mano izquierda la definitiva lista hecha el día previo en una pequeña hoja de libreta. La abrí, visualicé que ahí seguía mi primera opción (el estómago se me revolvió, me la acababan de quitar y no había tenido tiempo de tacharla) y bajo ella, 5 sitios más tachados con bolígrafo rojo, que tampoco estaban a mi alcance en esos momentos. Bajé la vista y la siguiente línea con una plaza disponible rezaba así: “7. H. Universitario Dr. Peset (Valencia)”.

Entonces suspiré… Pensé que por algo habría hecho la lista así en su momento, que la gente me había hablado bien del hospital y que Valencia es una ciudad grande con facilidades a mi alcance y todo un señor hospital de referencia, La Fe, de forma que si faltaba algo en el mío siempre se puede echar mano “del grande”. Me gustó la idea, creí que era una de las mejores opciones de las que disponía, aunque no conocía personalmente el hospital y eso hacía aumentar mi temor a equivocarme, como todo lo que nos resulta desconocido…

Entonces me llegó el turno… Saludé a los dos señores de la mesa de forma entrecortada y temerosa y me preguntaron que cuál era la especialidad deseada. Tenía tan interiorizado lo que quería que de mi boca salió “Obstetricia y Ginecología” de una forma tan automática y con una voz tan contundente que yo misma me sorprendí porque pensé que me trabaría al decirlo. La siguiente pregunta, era ya de nota…”¿DÓNDE?”- preguntaron al unísono… Entonces volví a suspirar, por segunda vez en menos de 10 metros, y dije: “Hospital Doctor Peset de Valencia”… Comprobé mis datos, que todo estuviera correcto y oí mi asignación por megafonía, apreté el botón de enter en el ordenador y se oyó esa coletilla que impone el mayor respeto de tu vida y con la que te sientes realmente con la responsabilidad de un médico: “ASIGNADA”…

Subí las escaleras hacia la salida, flotando y con una doble sensación: satisfacción y orgullo por haber logrado mi especialidad soñada, por la que tanto había luchado; e incertidumbre, pues me embarcaba en un viaje a lo desconocido,un nuevo hospital que no conocía,  en una nueva ciudad y a más de 700 km de casa. Recogí mi papel de asignación y lo guardé para no perderlo. Lo que ocurrió a la salida, es común a todos: abrazos, besos, llantos, gritos, familiares, amigos… Fuera todo es la alegría que falta dentro.

Ha pasado casi una semana de aquel momento, más calmada y asimilando el cambio, pero con incertidumbre aún hasta que próximamente visite el que será mi sitio los próximos 4 años. Ganas no faltan, de aprender y estar metida hasta arriba en la especialidad, conocer nuevas personas, compañeros que casi llegarán a ser familia después de todo. Ganas de comenzar una nueva vida, por qué no, aunque las decisiones se tomen de forma apresurada no tienen por qué ser malas, sólo diferentes. Siempre decimos eso de “esto no entraba en mis planes”, pero soy de las que creo que una parte de tu vida NO es la que entra en ningún plan, sino más bien al contrario: es un nuevo plan el que acaba de entrar en tu vida. Los cambios dan respeto, asustan al principio y el destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos quienes las jugamos a fin de cuentas.

Después de mucho papeleo estos días y la cabeza como una olla a presión, puedo decir eso de “Soy Residente de Obstetricia y Ginecología.” Gracias a todos y cada uno de los que habéis estado a mi lado todo este tiempo…

Si algo he aprendido de mi experiencia de elección (siempre se saca algo de toda vivencia) es que un buen número nunca es suficiente. Así que a ti, lector que te encuentres iniciando el camino del MIR, animarte a que sigas, que se puede y se consigue (he aquí un ejemplo), pero nunca te relajes. Hay que poner todo de nuestra parte de modo que lo bueno sea mejor, y lo mejor, excelente…¡Ánimo!

Vale más tener cicatriz por valiente que piel intacta por cobarde…

El camino que deseas…

 

“A veces sucede en un instante. Damos un paso hacia adelante, nos convertimos en un líder, vemos un camino a seguir. Vemos un camino y lo tomamos, incluso cuando no tenemos idea de a dónde vamos…”  (Anatomía de Grey)

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2 años de Bachillerato en un instituto cualquiera poniendo empeño para sacar la mejor nota posible, selectividad, 6 años de carrera para convertirte en médico y 1 año de MIR para conseguir entrar en la especialidad… Cada paso y escalón es un momento decisivo en el que pararse y sopesar, decidir y escoger, sin escudarte en terceras personas, sino en ti y tu futuro. Avanzas y aunque pueda parecer lo contrario, aún tienes tiempo de decidir qué camino puede ser el más acertado, pero recuerda: escoger significa dejar de lado otras opciones. Sin embargo, si estás segur@ de tu elección, nada deberá asustarte ni dejarte con un sabor agridulce por no haber tomado otro camino. Nada es estático y lo que vivimos va dejando paso a nuevas experiencias, así que no dudes en adentrarte e implicarte hasta el cuello si así lo sientes, pues nunca nada de valor se hizo sin pisar fuerte, recuérdalo.

Las preocupaciones se mezclan con ilusiones sin fin llegados a este punto, así que haz inclinar la balanza hacia esto último, con un optimismo arrollador para asumir una bonita responsabilidad, la mejor hasta ahora.

Habrá quien aún te diga que es normal no tener clara una especialidad, aunque sí puedes más o menos perfilar qué tipo te gusta: ¿médica, quirúrgica, médico-quirúrgica, sin contacto con el paciente…? Sin embargo, también existimos esa rara especie que descubrimos una especialidad en la carrera y a base de implicarnos mucho, supimos cuál sería el camino a seguir. Siempre podemos equivocarnos, ya se sabe que esto es un viaje sin destino y si algo sale mal, se rompe y repetimos. Pero si lo ves claro, sigue adelante, no hay nada mejor que disfrutar y motivarte trabajando. Toma la iniciativa.

¿Y por qué una especialidad y no otra? ¿Cuándo saber si se está preparado para ello? ¿Cómo saber si esa es mi especilidad? Para mí hay 2 partes bien diferenciadas: la objetiva y la emocional. De la objetiva, como bien podrás imaginar, tienes que tener en cuenta si te gusta el campo de acción, las patologías, dinámica, procedimientos y  métodos que asume, rotaciones… Por otro lado, la parte emocional es el otro pilar fundamental del asunto. La empatía, la comprensión, ser capaz de tomar las riendas en situaciones límites y emocionarte con buenos momentos y satisfacciones varias que compensan todo. Si sientes que puede ser el lugar donde poder pasar 40 años de tu vida sin aburrirte, con motivación y versatilidad. Puede parecer demasiado abstracto o místico pero ciertamente hay un punto en el que ya no hay vuelta atrás, un click que activa todo un circuito en tu interior, te atrapa y entonces sabrás que ahí quieres estar el resto de tu vida sin importar las horas del reloj. Siento si no salen las palabras exactas para describirlo, pero no es fácil, no es una cuestión de mostrarlo, sino de SENTIR ese momento tan especial.

Después, hay cosas que están fuera de nuestro alcance, por supuesto. Pero cuida de esa parcela que depende de ti, recuerda aquello de que cada uno recibe lo que previamente ha dado. No es sencillo, pero seguro que merece la pena. Cuando pensamos que conocemos el futuro, incluso durante un segundo, cambia sin ni siquiera movernos. Asumiendo que lo peor puede pasar, podemos dar un paso adelante hacia lo desconocido… Y asumir que va a ser brillante.

Así que si lo sientes tan claro como yo, enhorabuena, te has apuntado una victoria que sin duda cambiará tu mundo; ¡suerte y a por ello, estamos a punto de despegar!

Dra. Progesterona

 

El secreto de salir adelante…

 

“Sólo imagina lo precioso que puede ser arriesgarse y que todo salga bien.” (M. Benedetti)

El MIR suele verse como un trámite necesario o más bien obligado para ejercer la medicina en el territorio español, sin embargo, y pese asumirse como un peldaño adicional tras los 6 años de carrera, en realidad nada tiene que ver con lo desarrollado hasta entonces. Atrás quedan las clases en aulas de madera que vieron pasar a múltiples promociones, las aulas de práctica y simulación, los cambios a toda prisa en el vestuario, el rotatorio y los exámenes de cada asignatura. Durante la primera vuelta en la academia tomas conciencia de la dureza que se avecina, pero no es hasta la llegada de segunda cuando aprecias tal efecto.

Entonces llega junio, el verano, el calor y toda una serie de cambios para unos asumibles con gusto, para otros con expectación y miedo. Y a partir de ahí, como si una rueda o espiral se tratase, todo empieza a girar en torno a esas 3 letras durante 7-8 meses más en los cuales tratar 20-22 asignaturas o ya especialidades, por qué no decirlo así. Al principio, quizás las ganas por llegar a ese punto y embarcarse en un nuevo destino puede motivarte e incluso es agradable porque te acerca al final deseado, pero tantos meses con un verano (más aún en el sur) y Navidad de por medio, pueden hacerte flaquear y desgastarte de forma excesiva. A todos nos ha pasado, todos hemos creído en algún momento estar al límite, pero debes saber gestionarlo para que no te pase factura. El secreto es mantenerte motivad@, he ahí la cuestión.

Para nada soy una experta en nada de esto, sólo voy a darte algunos consejos después de pasar dos veces por el camino en el que quizás ya te encuentres.

  1. ESTUDIO: establece un horario realista, personal y habilita un sitio allá donde estudies (casa o biblioteca) que sea cómodo y tranquilo, sobre todo tranquilo y sin ruidos. Enfrenta cada jornada queriendo aprender y empaparte de conocimientos, no como un suplicio y un escalón al que ascender de forma obligada y sin sentido, pues de hacerlo así, te costará el doble y sentirás que has perdido el tiempo. Y establece descansos porque estudiar seguido a alto nivel te pone la cabeza al revés.
  2. AMBIENTE: evita ruidos, distracciones y fija tu atención en lo que estudias. Mantén el móvil fuera del alcance y ponlo en silencio para no sentirlo. Si eres de los que aprecia los detalles, puedes decorar a tu gusto el sitio de trabajo de forma que te inspire: por ejemplo, coloca “la foto mental” frente a ti y enfócate para llegar donde quieres estar.
  3. RESISTENCIA: sé proactivo, asume errores y ten agallas para ir mejorando, ser cada vez más perfeccionista y nunca dejes de aprender de ello. Puedes, por ejemplo, copiar tus errores en los simulacros en un cuaderno dedicado para ello, de modo que al escribirlo o realizar un esquema, te ayude a fijar el concepto.
  4. DESCONECTA: cuando acabes con lo estipulado para ese día o llegue una cierta hora a partir de la cual ves que no estás rindiendo, cambia de actividad y airéate. Puedes ir a hacer deporte, ir al cine, hablar por teléfono con familiares o amigos, colorear mandalas o incluso ir a hacer la compra. Cualquier motivo puede ser bueno para levantarte de la silla.
  5. SÉ PACIENTE: asume que es una carrera de fondo y debes llegar al final sin desfondarte. Hay un tiempo para cada cosa y cada cosa a su tiempo…
  6. DESCANSA: procura dormir bien, relajarte antes de dormir y dejar un tiempo entre que termines de estudiar e irte a la cama, pues si no, te llevarás el último tema repasado contigo y conciliar el sueño será complicado. ¡Ah! Y no toques nada del MIR los domingos: son el día sagrado y ayudan a recargar pilas para una nueva semana, ya lo verás… Así que aprovéchalo al máximo como desees, pero sal de casa y diviértete.
  7. AUTOCONOCIMIENTO: durante todos estos meses es algo en lo que también vas a trabajar y mucho. Aprende a escuchar tu cuerpo, cuándo poder pedirle más o cuándo parar por agotamiento, y si es así, no lo dudes: frena, para, descansa y date un día para reponerte. ¿Qué pasa con el temario atrasado? Es preferible perder un día y que lo retomes de nuevo con frescura para dar todo de ti que ir renqueando sin enterarte de nada y agotándote progresivamente.
  8. PIENSA EN POSITIVO: seguro piensas que es más fácil decirlo que hacerlo, pero créeme que las personas que asumen el reto con optimismo y valentía salen de él más favorecidas, reforzadas y son más resilientes. Piensa que es un camino largo, que otros pasaron por él antes que tú y si ellos pudieron ¿por qué tú no?

No dejes que el desánimo te venza, cree que es posible y trabaja duro enfocándote en ello. Quizás mis palabras aún te suenen huecas pero cuando asome junio y la segunda vuelta por tu puerta, acuérdate de mí. Espero que sigas los consejos y que puedan ayudarte, pero voy a serte sincera, es un reto personal y ambicioso, así que lucha con todas tus fuertas si es lo que deseas. Nunca dejes de creer en ti, aprende y sé progresivamente más perfeccionista con los detalles. No desfallezcas aunque a días quieras tirar la toalla y piensa que “creer y crear están sólo a una letra de distancia”, como diría Albert Espinosa.

Y ahora sí, sé VALIENTE tú que andas leyéndome, yo creo en ti…

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Dra. Progesterona

REPETIR EL MIR: ¿osadía o realidad?

Quizás sea una de las entradas más difíciles de mostrar, o más emotiva dentro de este blog… Como ya he contado en algún que otro post, soy repeMIR; el mes pasado me tocó presentarme de nuevo al examen porque al año pasado no anduve del todo acertada y mi número no llegó para coger una plaza de mi primera opción ni ninguna de las tres siguientes. ¿Qué sentí? ¿Qué pasaba por mi cabeza? ¿Cómo lo afronté?

No costó meter la plantilla, de hecho fue lo primero que hice nada más levantarme. Sabía que mi preparación no había sido la óptima, me costaba llegar a un nivel aceptable y me enrabietaba cada domingo al meter la plantilla del simulacro del día anterior. No era fácil, estaba mal el resto del día y lloraba de impotencia. Por más que hacía, no lograba obtener unas netas aceptables, tanto que pasar de las 100 me costó llegar al mes de enero de 2015, a menos de 30 días del examen. Se me juntaban los nervios de un examen de esas dimensiones, el miedo y la inseguridad, mi vida entera, mi pasión, por lo que he luchado desde los 18 años… Y sucedió: metí la plantilla y vi reflejadas apenas 106 netas, y enseguida supe que eso era insuficiente. Una cifra con sentimientos encontrados: había sido mi mejor examen, pero escaso al fin y al cabo para acceder a puestos con soltura. Ahora sólo tocaba esperar, no controlaba aún el tema de puestos, estimaciones y demás, todo era nuevo y desconocido. En los día sucesivos impugné, apenas me favoreció en 2 netas, se equivocaron en la lectura de respuestas desde el ministerio y hubo que reclamar también. Era como estar en medio de una pesadilla de la que deseas despertar.Todos preguntaban y mi única palabra para todo era “ESPERAR”… Me apenaba, me dolía, me sentía mal conmigo misma, fracasada y avergonzada en parte por no haber sido capaz de alcanzar esa meta. Saltaba a la mínima de cambio, estaba a la defensiva, dormía mal y no quería oír nada que tuviera que ver con el MIR. Pero era inevitable…

Entonces llegó, llegó el día en que salieron los puestos provisionales y luego, los definitivos: 5193… El número impar que más ha dolido en la vida. Y ahora con esto, ¿qué, dónde y para qué? Entonces comprendí que las opciones eran reducidas, una obra épica, pero seguía aferrándome a un clavo ardiendo, pese a lo realista que soy… Llegó el día del comienzo de elección y ahí me tenías, delante de la pantallla del ordenador a las 9 de la mañana, recargando la página, viendo como los compañeros eran asignados a sus plazas mientras yo tachaba puestos, lugares, ilusiones… Hasta que se agotaron, se acabaron todas las médico-quirúrgicas y entre ellas, mi primera y segunda opción, también mi tercera y cuarta. Y entonces ya no pulsé más “Intro”, entonces ya todo había terminado y me quedé en shock: 5 minutos sentada frente al ordenador, llorando día y medio antes de mi llamamiento, ¿por qué? Me sentía como en una escalera a la que le faltaban los 4 últimos peldaños para llegar al siguiente piso y yo había pisado en falso y había caído al vacío.

La verdad duele hasta el punto de asumir el tropiezo y plantearse coger una especialidad con la que no contaba y no me llenaba en exceso o repetir la preparación un año más. No quería pasar por lo mismo, me aterraba la idea, lo había pasado muy mal en cada uno de los 29 simulacros… A mi mente volvían sin querer esas imágenes tan bonitas de las prácticas en la especialidad que deseaba, donde me habían dejado hacer tanto, donde me habían enseñado, donde me habían hecho sentir una más, útil y donde quería estar por encima de todas las cosas. Entonces comprendí que ahí quería estar el resto de mi vida, no quería ser otra cosa, no podía engañarme, no podía moralmente aferrarme a la primera plaza que se cruzara por mi camino si no iba a ser plenamente feliz y completa. Por mí y por los que habían confiado en mí, no podía soportar esa cara de pena con la que algunos miraban… Lo tenía claro: repetiría un año más, tenía la base, tendría paciencia y sobre lo sabido, perfeccionaría y puliría errores. Mi problema había sido de actitud y no de aptitud. Haría más de lo que hice hasta ahora y le dedicaría todo lo necesario sabiendo que iba a “apagar” mi vida por segunda vez consecutiva, y esta vez, quería que fuese la definitiva. A veces hay que dar un voto de confianza a las 2ª oportunidades…

En apenas 3 semanas pasé por las 5 fases del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Me tragué las lágrimas, preparé de nuevo los materiales y remoloneando aún saliendo del pozo en el que estaba, me reenganché en mayo al final de la 1ª vuelta de los compañeros del curso siguiente, el que sería mi curso después.

Me dije que debía cambiar, debía afrontarlo de otra manera y sobre todo, creyendo en mí. Para eso coloqué una imagen en la pared, una foto que me recordara lo feliz que fui y dónde quería estar, cuál quería que fuera mi meta en definitiva. Esa sería mi foto mental, la que vería cada mañana al levantar para darme ánimo y cada noche al acostarme para sentirme satisfecha por lo que había trabajado en ese día. Ya no me valían los reproches, ni perder el tiempo porque estaba cansada. Me propuse un planing a cumplir con tiempo de estudio suficiente donde trabajar todo lo que correspondía, los desgloses, simulacros, generador de exámenes, etc. y donde perderle el miedo a enfrentar las preguntas test, evitar el bloqueo de mi mente y aprender a encarar la incertidumbre al contestar. Y mantenerme positiva ayudándome de un tiempo de desconexión para mí basado en el deporte. Y así transcurrieron 8 meses, muy aislada, haciendo muchas preguntas, priorizando y concentrada en mi meta e intantando no caer de la cuerda sobre la que caminaba, mirando al frente y nunca a los pies para poder ver todo el horizonte. Ya no escuchaba a los que me rodeaban, seguía sólo mi voz y poco me importaban ya comentarios de cualquier tipo, mi mente estaba en Febrero de 2016 y ese sería el momento para todo lo demás. Entendí así que cuando trabajas duro y en silencio, el éxito aparece, como las hormigas.

Ha pasado un año, y no diré que fue fácil tomar la decisión ni embarcarse a la deriva de nuevo otros 8 meses, tampoco que  no he tenido miedo, porque sí lo he experimentado, sobre todo la semana previa del examen donde la emoción, la ilusión, las ganas se mezclaban con el miedo a que volvieran a repetirse los hechos. Los viejos fantasmas ahí estaban… Lo que sí puedo decir a boca llena es que no me arrepiento de la opción que tomé, fue lo mejor que pude hacer y la que más me ha ayudado como persona a crecer, a asumir, a reconocer y soportar, en definitiva, a trabajar la resiliencia y la humildad más si cabe.

Los estudiantes de medicina hemos llegado a ello tras ser niños de buenas notas en el colegio, adolescentes empollones en la secundaria y el bachillerato y donde pareciera que no está permitido tropezar, mucho menos caer, sino que caminamos erguidos en cualquier situación impolutos e impasibles ante lo que pueda pasar. Y no es así. Siempre se nos ha visto y hemos demostrado ser capaces de afrontar retos cada vez mayores, de superarnos a nosotros mismos y de ser “los mejores”, avanzando como si debiera estar estipulado de antemano. Pero hay subidas, bajadas, parones, tropiezos, caídas y heridas. Somos personas antes que médicos, sentimos, sufrimos y no hay un camino que deba ser seguido de antemano: atajando o rodeando también podemos llegar al destino. No desistas y rodea lo que sea necesario, no temas, que para eso están los cambios de sentido…

Así que si me estás leyendo y te encuentras en la situación por la que yo pasé, espero que esto te haya ayudado, quizás te has sentido identificad@. Sólo decirte que no estás sol@ y no no eres el únic@, cada año pasa a multitud de opositores. Pide ayuda en la medida que lo necesites, sé sincer@ contigo y no temas el hecho de pasar de nuevo por el mismo camino, te hará más fuerte y saldrás reforzado. Si yo pude, TÚ también.

Faltan sólo 2 días para conocer cuáles serán los puestos en este 2016, y estoy nerviosa, ansiosa por conocerlos. Pero pase lo que pase, sólo puedo decir una cosa: yo también fui RESISTENTE, yo también fui repeMIR…

“Si para perseguir un sueño se necesitan agallas, requerirás el triple de coraje y una sobredosis de constancia para mantenerlo vivo.”

Dra. Progesterona

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Foto mental