Debes ser real…

“A los cirujanos se les educa para ser invulnerables. Es muy difícil que nos expongamos, porque sabemos exactamente qué tan profundas pueden ser algunas lesiones. Pero la vulnerabilidad no es lo opuesto a la fortaleza. Es una parte necesaria. Tenemos que obligarnos a abrirnos, a exponernos, a ofrecer todo lo que tenemos y esperar que sea suficiente. Si no… Nunca tendremos éxito.” (Anatomía de Grey)

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Llegas a un nuevo lugar, con la maleta cargada de material, ganas, sueños, emoción e incertidumbre tal vez… Pero sin saber lo que la vida espera de ti ni pretende darte cuando tomes la primera curva, como si de una escalera de caracol se tratase. Dicen que las apariencias engañan, y sin embargo, también es la primera impresión la que cuenta, de ahí que ser natural sea el principio de todo.

Entonces te das cuenta de la fortuna que tienes: por un lado, aquéllos que se quedaron en el puerto de partida pero siguen contigo (jamás los dejarás ir) como esas manos que van separadas un palmo de tu espalda esperando a sostenerte si tienes un resbalón. Oír a los que tienes lejos acorta la distancia a la mitad y carga los ánimos al doble de capacidad: la distancia impide los abrazos pero impide olvidar la voz y el cariño.

Luego están aquéllos a los que encuentras en el puerto de llegada, a los que conoces de nuevas… Tan perdidos, tan pequeños como tú, donde todo comienza con un sencillo “¡Hola!”, lo demás, es cuestión de seguir hablando y mostrarte tal cual. Miras, ríes y sonríes, cuentas y te cuentan… Las acogidas tan cálidas hacen todo más fácil y entonces te das cuenta de que no te has equivocado. Las elecciones a ciegas tienen en ese puntito de locura y también un punto de valentía. Quien no se arriesga, no gana y todo lo que necesitas es empezar…

La transición es el movimiento de una parte de la vida a otra. Y aunque creas que estás en un túnel oscuro que te asusta, debes salir por el otro lado, porque lo que te espera puede ser maravilloso; adelante.

Dra. Progesterona

Los secretos del éxito

No te midas desde la cabeza hasta el suelo, sino desde la cabeza hasta el cielo. De la película “El gran pequeño”.

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Vivan las entradas personales, por qué no… Los lectores de este blog ya estáis acostumbrados a este tipo de sensiblerías (¡como para no estarlo con la Dra. Progesterona!). En este caso no voy a hablar de una experiencia personal como tal, sino de una visión, una perspectiva que mantengo desde hace unos años y que me ha traído hasta donde estoy hoy.

Decía Helen Keller, quien se quedó ciega, sorda y muda a muy temprana edad y que se graduó con honores por la Universidad de Harvard; que solo hay algo peor que no tener vista, y es no tener una visión. Y de ello trata el post de hoy.

Si hay algo que todas las personas exitosas en el mundo y todas las historias de superación tienen en común es que todos tenían un POR QUÉ. El por qué es esa razón que te mueve a seguir adelante incluso cuando estás llorando de rabia, frustración e impotencia, y tirar la toalla no es una opción. No importa cuál sea tu por qué, lo único importante es tener uno, porque la persona con el deseo más grande es al cabo la más poderosa.
Cuando hallas ese por qué solo caben dos posibilidades: o lo logro, o me muero en el intento.

Por otro lado tenemos el segundo secreto del éxito: CREE EN TI MISMO. Realmente es algo que a algunas personas les cuesta mucho desarrollar, esa convicción de que son capaces de lograr aquello que se propongan. Y tengo un secreto para ti, si aún no has logrado lo que te proponías es porque no lo has intentado lo suficiente, el genio ha fallado más veces de las que el novato las ha intentado, ten esto en mente, porque lograr algo es solo cuestión de tiempo.

Evidentemente aquí entran muchas otras variables en juego como la constancia, la tenacidad y la capacidad de superación; pero si algo he sacado en claro después de todo este tiempo es que si tienes claro tu por qué y tienes fe en ti mismo, la constancia y el esfuerzo diario serán algo que apliques de forma instantánea, inclusive sin ser consciente.

Haz lo que para ti tenga sentido, no tiene por qué coincidir con lo que otras personas desean o lo que se espera de ti, porque si sigues atendiendo a lo que otras personas esperan que hagas vas a fracasar en tu propósito. Empezarás a gastar energía con los planes de otros en lugar de centrarte en tu verdadero sueño. Hasta puede que lo que te propongas no tenga ningún resultado, pero no por ello has de dejar de intentarlo.

Así que sé fuerte, levántate, decide cada día hacia que cumbre quieres escalar y da un paso cada vez. La suma de los días te transportará más cerca de donde mereces estar.
Confía en ti, ten fe en el camino porque al final quienes se están esforzando obtendrán su recompensa, y no hay mayor felicidad ni mayor satisfacción que de la realizarse por sí mismo.

Feliz semana.

Dr. Neurona.

Lo difícil en la vida es la elección…

Perderse puede tener su encanto. No siempre podemos controlar lo que va a dejarnos a la deriva. Y mientras te quedas en el porche mirando la vida que estás a punto de dejar atrás, tienes que aceptar que se ha ido, se ha perdido igual que tú. Lo único que puedes hacer es quedarte quieto, respirar hondo y aceptar el rumbo hacia el que te llevará el viento… (Anatomía de Grey)

Niña en la playa- Sorolla

Y el día llegó, ese con el que habíamos soñado infinidad de veces, tanto que no fui consciente realmente de ello hasta pasar justo por delante del Ministerio de Sanidad el día antes de mi elección de plaza. Apenas faltaban 24 horas y fueron eternas; el tiempo parecía no correr y la emoción y ansiedad poco a poco se iban apoderando de mí. Controlaba el tiempo entre fotografías en la capital hasta que llegaba el momento del final de turno, donde actualizaba las plazas vacantes y mi eterna lista, que nunca pensé que me sería de tanta ayuda…

Mi llamamiento estaba estimado para ese viernes a las 15:00 en la calle lateral del Ministerio y de cuyos alrededores brotaba la gente como una marabunta, todos hacia el mismo sitio y con las mismas caras: unos reían de forma nerviosa, otros se movían de un lado a otro de la calle o saludaban a algún compañero que debía entrar en el mismo turno a escoger su plaza. Eran caras de nervios y expectación ante lo desconocido. La hora se acercaba y seguías a la multitud, porque tú podías equivocarte, pero seguro que 350 personas no, así que decidí seguirlos… Me despedí de mis familiares en la puerta entonando un “¡a por ella!”. De mi lista original aún me quedaban 3 plazas de mi primera opción, 1 plaza de mi 3ª opción, otra de mi 6ª opción y mi 7ª, 8ª y 9ª opción también estaban intactas… No tenía mal número y sinceramente, sin que suene altivo, habiendo visto cómo iban discurriendo las asignaciones de la especialidad deseada, entré convencida de que podría llevarme mi primera opción.

Tras encontrar a algunas personas conocidas, empezó a sonar la megafonía, donde nos explicaban cómo debíamos acceder a la sala. Tras 3 controles con su escaneo correspondiente de las pertenencias, accedí y me senté en el lugar asignado, con el tocho de hojas donde se reflejaban las plazas aún disponibles de las distintas especialidades. Para hacer tiempo y no ponerme más nerviosa de lo que estaba, me dispuse a marcar mis opciones, pasar papeles una y otra vez me relajaba. Ya no era como aquellos exámenes de facultad en los que repasabas tus puntos flacos justo al entrar al aula, ahora sólo me quedaba subir al estrado con la suerte de que los demás no quisieran mi especialidad y sitio, ahora no dependía de mí únicamente…

Tras la explicación de cómo debíamos proceder a la asignación, por fin la lista comenzó a correr. Era consciente de que hasta llegar a mi número debía ver pasar y oír los deseos de 109 personas antes que yo, y la verdad es que daba respeto. Intenté mantener la calma y cada vez que oía una plaza de lo mío, temblaba… Una no sabe si los planetas se alinean o son cosas del destino, pero la mala suerte estuvo jugando conmigo un buen rato a partir de entonces: me quitaron la plaza de mi 3ª opción en lista, después mi 6ª y dos plazas de mi 1ª opción.

Sentía mucho calor, temblaba y la tensión estaba segura que me había subido en cuestión de minutos. Me quedaban 12 puestos y una sola plaza de mi especialidad y en el sitio que quería… Entonces oí mi llamamiento, cerraba la tanda de 10 personas en el estrado con un número acabado en 60. Sólo pedía por favor que no me pisaran lo mío. Subí entonces, y a la cola de compañeros, preguté a las funcionarias del comienzo de la mesa la disponibilidad de plazas justo en el sitio de mi primera opción por asegurarme de que con los nervios, no se me hubiera pasado ninguna. Nunca se me olvidará la cara de horror de esa señora cuando me miró y me dijo: “Acaban de preguntarme por ella en esta tanda… Ten a mano tu 2ª opción. Suerte”. En efecto sólo quedaba una plaza en dicho lugar y sus palabas habían resonado en mi cabeza sin podérmelo creer… Le di las gracias pero mi cara seguro que no reflejaba la misma alegría con la que se lo había preguntado.

“¿Cómo podía ser? ¡¡No tengo 2ª opción, me acaban de pisar todo hasta mi 7ª!! ¿Le habrán preguntado por otra plaza en el mismo hospital y es una confusión?”-pensé, bastante ilusa por mi parte.

Entonces ocurrió, la mayor desgracia que puede tener un opositor MIR con un número de orden más que aceptable: que le quiten la especialidad y en el sitio deseado, justo la persona cuyo número terminaba en 55 (5 puestos antes del mío). Entonces mi mundo se derrumbó: disponía de apenas unos minutos (exactamente fueron 3 minutos) para decidir dónde quería ir. “¿¿Qué hago??, ¿dónde voy? y ahora ¿qué?”- fueron mis 3 primeros pensamientos. Ya no oía la megafonía, ni lo que cogían los compañeros delante, temblaba y me costaba mantenerme en pie… Debía ser el día más feliz de mi vida y lo estaba viviendo como mi mayor pesadilla después de un duro trabajo de 2 años de MIR. No me lo creía, me sentía desnuda delante de 140 personas que aún estaban sentadas en aquellos sillones azules…

Traté de hacerme el mapa mental que tantas veces había retocado, visualicé qué sitios me habían quitado y cuáles me quedaban, los hospitales a los que no quería ir, barajé las conexiones de las distintas ciudades y sobre todo, intenté verme viviendo en cada una de ellas. Es un camino para 4 años y casí tenía que tomarlo a la ligera, justo lo que quería evitar. Entonces caí en la cuenta de que con los nervios y las prisas al levantarme de mi asiento, llevaba en mi mano izquierda la definitiva lista hecha el día previo en una pequeña hoja de libreta. La abrí, visualicé que ahí seguía mi primera opción (el estómago se me revolvió, me la acababan de quitar y no había tenido tiempo de tacharla) y bajo ella, 5 sitios más tachados con bolígrafo rojo, que tampoco estaban a mi alcance en esos momentos. Bajé la vista y la siguiente línea con una plaza disponible rezaba así: “7. H. Universitario Dr. Peset (Valencia)”.

Entonces suspiré… Pensé que por algo habría hecho la lista así en su momento, que la gente me había hablado bien del hospital y que Valencia es una ciudad grande con facilidades a mi alcance y todo un señor hospital de referencia, La Fe, de forma que si faltaba algo en el mío siempre se puede echar mano “del grande”. Me gustó la idea, creí que era una de las mejores opciones de las que disponía, aunque no conocía personalmente el hospital y eso hacía aumentar mi temor a equivocarme, como todo lo que nos resulta desconocido…

Entonces me llegó el turno… Saludé a los dos señores de la mesa de forma entrecortada y temerosa y me preguntaron que cuál era la especialidad deseada. Tenía tan interiorizado lo que quería que de mi boca salió “Obstetricia y Ginecología” de una forma tan automática y con una voz tan contundente que yo misma me sorprendí porque pensé que me trabaría al decirlo. La siguiente pregunta, era ya de nota…”¿DÓNDE?”- preguntaron al unísono… Entonces volví a suspirar, por segunda vez en menos de 10 metros, y dije: “Hospital Doctor Peset de Valencia”… Comprobé mis datos, que todo estuviera correcto y oí mi asignación por megafonía, apreté el botón de enter en el ordenador y se oyó esa coletilla que impone el mayor respeto de tu vida y con la que te sientes realmente con la responsabilidad de un médico: “ASIGNADA”…

Subí las escaleras hacia la salida, flotando y con una doble sensación: satisfacción y orgullo por haber logrado mi especialidad soñada, por la que tanto había luchado; e incertidumbre, pues me embarcaba en un viaje a lo desconocido,un nuevo hospital que no conocía,  en una nueva ciudad y a más de 700 km de casa. Recogí mi papel de asignación y lo guardé para no perderlo. Lo que ocurrió a la salida, es común a todos: abrazos, besos, llantos, gritos, familiares, amigos… Fuera todo es la alegría que falta dentro.

Ha pasado casi una semana de aquel momento, más calmada y asimilando el cambio, pero con incertidumbre aún hasta que próximamente visite el que será mi sitio los próximos 4 años. Ganas no faltan, de aprender y estar metida hasta arriba en la especialidad, conocer nuevas personas, compañeros que casi llegarán a ser familia después de todo. Ganas de comenzar una nueva vida, por qué no, aunque las decisiones se tomen de forma apresurada no tienen por qué ser malas, sólo diferentes. Siempre decimos eso de “esto no entraba en mis planes”, pero soy de las que creo que una parte de tu vida NO es la que entra en ningún plan, sino más bien al contrario: es un nuevo plan el que acaba de entrar en tu vida. Los cambios dan respeto, asustan al principio y el destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos quienes las jugamos a fin de cuentas.

Después de mucho papeleo estos días y la cabeza como una olla a presión, puedo decir eso de “Soy Residente de Obstetricia y Ginecología.” Gracias a todos y cada uno de los que habéis estado a mi lado todo este tiempo…

Si algo he aprendido de mi experiencia de elección (siempre se saca algo de toda vivencia) es que un buen número nunca es suficiente. Así que a ti, lector que te encuentres iniciando el camino del MIR, animarte a que sigas, que se puede y se consigue (he aquí un ejemplo), pero nunca te relajes. Hay que poner todo de nuestra parte de modo que lo bueno sea mejor, y lo mejor, excelente…¡Ánimo!

Vale más tener cicatriz por valiente que piel intacta por cobarde…

Para ella

El mundo está en manos de aquellos que tienen el coraje de  soñar y correr el riesgo de vivir sus sueños. Paulo Coelho.

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Esta entrada es para ella. Es para ella por muchas razones, porque posiblemente nadie llegue a darle las gracias como de verdad se merece, porque pasará muchas horas de su vida cuidando la vida de muchos otros y realmente serán pocos los que lleguen a apreciar ese delicado trabajo y el tan grande esfuerzo que hay detrás. ¿Por qué lo sé? Porque lo he vivido a su lado…

Sí, hace más de tres años que nos conocimos y realmente conectamos a un nivel muy profundo desde el principio, son cosas que suelen ocurrir cuando te topas con alguien que ve la vida de un modo parecido y que la vive con la misma intensidad. Ella es luchadora, como muchas otras, pero mucho más que la gran mayoría.
Siempre tuvo un sueño muy claro y se dedicó a marcar cada segundo que vivía como un pequeño escalón que la llevaría más y más alto. Supo seguir cuando muchos tiraron la toalla, supo seguir cuando el camino se ponía muy muy difícil. Porque a veces es demasiado fácil caer en el desaliento cuando otros tienen más suerte o les ha ido mejor, pero ella no. Ella fue capaz de parar su vida y bajarse del mundo durante mucho mucho tiempo, ella renunció a tantas cosas que seguramente habrá algunas para las que no tendrá una segunda oportunidad. Ella lo hizo todo por sí misma, por la gente que quiere, pero sobre todo lo hizo por las vidas de las que cuidará en apenas un mes…

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Ella es Paula. La podemos llamar Dr. Progesterona o muchas otras cosas, pero en esencia ella es Paula, una mujer luchadora, uno de esos caso que inspiran a no rendirte, a no renunciar jamás, a perseguir tu sueño pese a que duela, pese a que duela mucho.

Ahora Paula lo ha conseguido, se ha superado. En una semana va a conseguir aquello por lo que lleva luchado desde que es pequeña. Va a llegar a la cima de una gran montaña, una durísima, tal vez de las más duras que vaya a escalar. Pero en el momento que salga por las puertas del Ministerio de Sanidad estará justo debajo, debajo de otra enorme montaña a la que mirará con desafío y le dirá para sus adentros “no vas a poder conmigo, voy a conquistarte”… Y lo hará, ella siempre lo hace.

Todo esto estaba pensando el martes pasado, cuando en una de tantas guardias de ginecología y obstetricia que hemos hecho juntos, la veía practicar su primera cesárea. Ainara está ahora en este mundo en parte gracias a ella.
A ella la conocí como casi una niña, y he tenido el privilegio de verla crecer. ¿Por qué escribo esto? Sé que esto no es nada, ni siquiera es un atisbo de lo que se merece, pero yo quiero darle las gracias por seguir, por ser un ejemplo, por no rendirse y por ser la mejor médico que voy a conocer, porque si tuviera que poner mi vida en sus manos, simplemente lo haría…

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Dr. Neurona.

7 semanas

El secreto de mi felicidad está en no esforzarse por el placer, sino en encontrar placer en el esfuerzo. Andrè Gide.

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No es momento de decidir nada y a la vez es tiempo de definirlo todo. Estamos en una etapa de nuestras vidas en el que nos encanta nuestro presente y a la vez tenemos unas tremendas ganas de futuro. Si me preguntasen qué año de carrera ha sido el más significativo diría que este último, y si la pregunta fuese sobre qué año es el más duro la respuesta sería la misma.

Sexto de carrera es un año de contrastes, de inseguridad y miedo, pero también de coraje e independencia, es el año en el que eres consciente de todo lo que no sabes, pero también el año en el que más aprendes. Este es el año en el que quieres que todo pase tan rápido que cuando abras los ojos te veas en la puerta del Ministerio con tu flamante número dispuesto a elegir plaza, pero a la vez deseas que todo pase lento para que puedas ver con claridad a qué quieres dedicar el resto de los días de tu vida.

Últimamente todos estamos viendo cómo nuestros compañeros mayores, aquellos que ya se han enfrentado a la Bestia (MIR) están haciendo turismo de hospitales, preguntando por especialidades y servicios, haciendo una inmensa lista de pros y contras, tratando de aclarar sus ideas en el poco tiempo que les queda; y es inevitable ponerse nervioso al pensar en pocos meses esa será nuestra situación, que las semanas están contadas hasta que te pongan esa banda amarilla sobre los hombros y por fin esa realidad que soñabas hace 6 años tome forma en el presente y puedas pronunciar las palabras “soy médico”… Qué poco nos queda.

Nos queda tan poco, y nos queda tanto a la vez que es muy difícil comprendernos a nosotros mismos. Sexto es un año de contrastes, de confusión, en el que todo lo que creías sobre medicina e incluso lo que creías saber de ti se tambalea… Ya no tienes tan clara tu especialidad, ya no tienes tan claro tu hospital, ya no sabes si tienes prisa o vas demasiado lento; pero déjame que te diga que eso es porque estás enamorado de esto, de la medicina y es normal que todas esas dudas aparezcan conforme nos acercamos a los momentos más decisivos de nuestras vidas…
Disfrútalo compañero, este año duro y bello a partes iguales es irrepetible. Tendrás la oportunidad de vivir muchas especialidades desde dentro, desde su día a día y eso jamás va a volver a ocurrir. Aprende, porque estás en el momento perfecto, es tiempo de unir los puntos… Pero sobre todo reflexiona y escucha a tu cuerpo, de forma casi instintiva él sabe lo que realmente deseas.

Dr. Neurona.

El camino que deseas…

 

“A veces sucede en un instante. Damos un paso hacia adelante, nos convertimos en un líder, vemos un camino a seguir. Vemos un camino y lo tomamos, incluso cuando no tenemos idea de a dónde vamos…”  (Anatomía de Grey)

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2 años de Bachillerato en un instituto cualquiera poniendo empeño para sacar la mejor nota posible, selectividad, 6 años de carrera para convertirte en médico y 1 año de MIR para conseguir entrar en la especialidad… Cada paso y escalón es un momento decisivo en el que pararse y sopesar, decidir y escoger, sin escudarte en terceras personas, sino en ti y tu futuro. Avanzas y aunque pueda parecer lo contrario, aún tienes tiempo de decidir qué camino puede ser el más acertado, pero recuerda: escoger significa dejar de lado otras opciones. Sin embargo, si estás segur@ de tu elección, nada deberá asustarte ni dejarte con un sabor agridulce por no haber tomado otro camino. Nada es estático y lo que vivimos va dejando paso a nuevas experiencias, así que no dudes en adentrarte e implicarte hasta el cuello si así lo sientes, pues nunca nada de valor se hizo sin pisar fuerte, recuérdalo.

Las preocupaciones se mezclan con ilusiones sin fin llegados a este punto, así que haz inclinar la balanza hacia esto último, con un optimismo arrollador para asumir una bonita responsabilidad, la mejor hasta ahora.

Habrá quien aún te diga que es normal no tener clara una especialidad, aunque sí puedes más o menos perfilar qué tipo te gusta: ¿médica, quirúrgica, médico-quirúrgica, sin contacto con el paciente…? Sin embargo, también existimos esa rara especie que descubrimos una especialidad en la carrera y a base de implicarnos mucho, supimos cuál sería el camino a seguir. Siempre podemos equivocarnos, ya se sabe que esto es un viaje sin destino y si algo sale mal, se rompe y repetimos. Pero si lo ves claro, sigue adelante, no hay nada mejor que disfrutar y motivarte trabajando. Toma la iniciativa.

¿Y por qué una especialidad y no otra? ¿Cuándo saber si se está preparado para ello? ¿Cómo saber si esa es mi especilidad? Para mí hay 2 partes bien diferenciadas: la objetiva y la emocional. De la objetiva, como bien podrás imaginar, tienes que tener en cuenta si te gusta el campo de acción, las patologías, dinámica, procedimientos y  métodos que asume, rotaciones… Por otro lado, la parte emocional es el otro pilar fundamental del asunto. La empatía, la comprensión, ser capaz de tomar las riendas en situaciones límites y emocionarte con buenos momentos y satisfacciones varias que compensan todo. Si sientes que puede ser el lugar donde poder pasar 40 años de tu vida sin aburrirte, con motivación y versatilidad. Puede parecer demasiado abstracto o místico pero ciertamente hay un punto en el que ya no hay vuelta atrás, un click que activa todo un circuito en tu interior, te atrapa y entonces sabrás que ahí quieres estar el resto de tu vida sin importar las horas del reloj. Siento si no salen las palabras exactas para describirlo, pero no es fácil, no es una cuestión de mostrarlo, sino de SENTIR ese momento tan especial.

Después, hay cosas que están fuera de nuestro alcance, por supuesto. Pero cuida de esa parcela que depende de ti, recuerda aquello de que cada uno recibe lo que previamente ha dado. No es sencillo, pero seguro que merece la pena. Cuando pensamos que conocemos el futuro, incluso durante un segundo, cambia sin ni siquiera movernos. Asumiendo que lo peor puede pasar, podemos dar un paso adelante hacia lo desconocido… Y asumir que va a ser brillante.

Así que si lo sientes tan claro como yo, enhorabuena, te has apuntado una victoria que sin duda cambiará tu mundo; ¡suerte y a por ello, estamos a punto de despegar!

Dra. Progesterona

 

Siempre que amanezca

La vida no consiste en tener buenas cartas, sino en jugar bien las que uno tiene. Josh Billing.

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Amanecer del 7 de agosto de 2015 en la costa norte de Egipto

Este post que escribo no tiene demasiado que ver con el MIR de forma directa, pero lo tiene todo que ver de forma indirecta, de la forma en que afrontamos la vida, los retos y nuestro presente.

En uno de los fines de semana en los que estaba en Egipto haciendo prácticas, el grupo entero de estudiantes de medicina de toda Europa fuimos a la costa norte del país para pasar un fin de semana estupendo en las playas del delta del Nilo. Habíamos tenido una tarde maravillosa de juegos y nado en el agua más turquesa que jamás he visto. Llevábamos de fiesta toda la noche y decidimos casi por unanimidad quedarnos despiertos a ver el amanecer al otro lado del mediterráneo, desde África.

Fuimos caminando a la playa cargados de mantas, aún de noche, y nos sentamos pacientes charlando cada cual de sus locuras esperando a que el astro rey asomara por el horizonte. Recuerdo perfectamente que hablaba con mi buena amiga Madeline, cuando empezó a amanecer… Miramos con emoción uno de los acontecimientos más maravillosos que la naturaleza nos regala y que ocurre cada día de forma tan silente, que realmente sentimos como un evento especial simplemente al prestarle atención.
Un poco después aparece un chico, egipcio de unos 12 años que se acerca a Madeline y a mí disculpándose por su “mal inglés” que ni Madeline ni yo consideramos tal. Nos pide un par de minutos de nuestro valioso tiempo, y nos regala con una gracia y espontaneidad inauditas un maravilloso truco de cartas que sin duda hizo aquel momento todavía más mágico.

Estuve un tiempo reflexionando sobre este hecho que ni siquiera he contado a demasiadas personas, sobre el por qué de aquella sencilla coincidencia en aquel instante tan preciso en un lugar tan concreto de este planeta… Estamos tan acostumbrados a dar las cosas por sentadas que perdemos la capacidad de valorar algo tan natural como ver salir el sol, que alguien nos pida dos minutos de su vida cuando en realidad nos está regalando una experiencia mágica… Estamos tan habituados a levantarnos de la cama cada día y meternos de lleno en nuestras cosas que no somos ni capaces de imaginar lo que otros pueden apreciar abrir los ojos y ver por un solo momento, o cuánto desearía alguien poder plantar sus piernas en el suelo y caminar, o tener la oportunidad de ver amaneceres como estos sin tener una fecha límite en la que sabes que tu vida se acaba.

Damos por sentado que acabaremos la carrera, que vamos a hacer el MIR, que haremos nuestra residencia y formaremos una familia y bla bla bla… Pero qué pasa si nada de esto ocurre. Nos pasamos la vida pensando en qué haremos o dejaremos de hacer cuando las condiciones sean perfectas y tengamos la oportunidad, pero lo cierto es que no sabemos cuánto o hasta cuando estaremos aquí.

Tenemos que aprender a no dar por sentado que nuestros seres queridos estarán a nuestro lado, sino a cuidar nuestras relaciones con ellos para que deseen estarlo. A no suponer que vamos a tener a nuestro perro por mucho tiempo, que nuestra carrera terminará, seremos residentes y con ello más felices. Porque todo esto es mentira, la única forma de vivir feliz en el futuro es apreciar y agradecer la vida de la que gozas en el presente.

¿Qué pasaría si nos planteásemos la vida como ese amanecer en Egipto… Dejándonos sorprender por la salida del sol y un truco de cartas que recordarás, casi seguro, para siempre?

Dr. Neurona.